CUATRO DÉCADAS DEL CAMINITO DEL ROCÍO EN TEROR

“Si Teror es, como ha señalado su cronista oficial, José Luis Yánez, «…mixtura de realidad, fe, folclore y tradición…», un verdadero corazón palpitante del ser y sentir insular, donde Gran Canaria encuentra mucho de su rostro más propio, también por todo ello, por ser alma de una isla que mira más allá de sus costas desde su privilegiado enclave tricontinental, se ha instituido como orbe de universalidad, como lugar de encuentro e irradiación de sentimientos y devociones que traspasan fronteras geográficas y fronteras culturales….en este sentido se enmarca y justifica que Teror se convierta en una gran fiesta de la universalidad que reviste el fervor a la Patrona de Gran Canaria, con la romería-ofrenda de que realiza la Real Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Las Palmas de Gran Canaria…”
Así me citaba al amigo cronista Laforet en uno de sus escritos porque lo que mañana se celebra en Teror no es más que compartir -entre fe, fiesta y amistad- algo ya compartido desde hace siglos: la devoción a la Virgen del Pino y el comprender a Teror como espacio de encuentro para todos los que buscan un lugar donde el sentimiento se palpa en el aire, se respira en cada una de sus esquinas.
Y ello ocurre en Teror como en ninguna otra parte y por eso el Rocío en Canarias, el Rocío en Gran Canaria no podía tener otra senda que la de la Villa Mariana…
Y así es desde 1979 en que la Hermandad creada en la capital de la isla dos años antes completara su fervor, su presencia social con una peregrinación al lugar más santo de toda la isla; confluencia y final de todos los caminos de su espiritualidad.
El 21 de octubre de 1979 se celebró por primera vez el Rocío terorense con romería, Misa Rociera y baile por sevillanas en la Basílica del Pino.
Dicen las crónicas de la Hermandad que los primeros hermanos y fundadores José Carlos Sánchez Sánchez (Isla Cristina) y José Manuel López Pérez (Huelva) como todos los grandes constructores de quimeras y utopías compartían desde 1976 idéntico anhelo: un Rocío en Gran Canaria, pero, a la par que los anhelos llegaban idénticos contratiempos ¿una hermandad?… ¿aquí?,… ¿y el camino?…
El Pino todo lo solucionó, porque ya estaba en esta tierra con todo lo que sus caminos podían ofrecer.
La Hermandad tuvo su propio “caminito” inicial desde 1976 antes de llegar a la terorense vereda. Con las Reglas de las Hermandades de Ginés y Triana elaboraron las propias que sometieron en 1977 a la aprobación del Obispo de Canarias, José Antonio Infantes Florido, que a su vez otorgó su visto bueno el 29 abril de 1977 estableciéndose asimismo su sede en la Iglesia del Santísimo Cristo de Guanarteme.
Y era inevitable. Pese a hacer desde un primer momento el “Rocío” por caminos onubenses; la Real Hermandad tenía por obligación y devoción que hacer el “Pino” por sendas grancanarias. Y tal como dije antes, el domingo 21 de octubre de 1979 el caminito de Teror llevó los andares, las canciones, la pasión y la devoción a una simbiosis de Pino rociero que caló tan hondo desde un primer momento que pronto cumple las cuatro décadas plenamente aceptado, respetado e integrado en la sociedad, en la fiesta y en el patrimonio inmaterial de nuestra isla y de nuestro municipio. Como el gofio o los turrones de almendra, el Rocío es Teror y Teror es el Rocío ya para siempre.
Y aquel domingo de fines de octubre de 1979 todo se organizó tal como evento de tamaña importancia meritaba. Carlos Sánchez Gañán, presidente de la Hermandad; Arcadio García, encargado de las relaciones públicas, y todos los hermanos de la misma (unos 150 por entonces) se pusieron manos a la obra desde semanas antes. Y el Rocío terorense salió como tenía que salir. Un acto extraordinario que congregó a miles de personas, sobrepasando todas las expectativas.
A las ocho de la mañana partieron las guaguas desde la sede de la calle Leopardi hasta las afueras de Teror donde se formó la comitiva que inició el andar lento, brillante, pausado y elegante hacia la Basílica. Los cantos, la viveza de colorido, los atavíos, los caballos, toda aquella casi exótica muestra cultural y pasional generaron un interés tan fuerte que la Misa Rociera ante la Imagen del Pino se celebró con la iglesia completamente abarrotada por lo que fue necesario instalar altavoces en los alrededores de la misma.
Una bandeja de plata entregada por la Hermandad al término de la celebración religiosa dejó el recuerdo de todo ello en el Camarín del Pino.
Al final en la trasera de la misma con autoridades civiles, políticas, eclesiásticas, culturales (estaba Néstor Álamo y Agustín Manrique de Lara, Patrono de la Virgen) la fiesta, la bulla y la parranda (eso sí, con sones completamente diferentes en la forma pero idénticos en el fondo a los de la Víspera del Pino) llenaron el resto del día, con el “Simpecado”, el hermoso estandarte, expuesto también como santo y seña de presencia y fe. El Colegio Monseñor acogió el brindis final ofrecido por la municipalidad de Teror presidida desde unos meses antes por Salvador Cárdenes; y la Brigada de la Cruz Roja con dos ambulancias aportó el punto de seguridad al acto de tan masiva afluencia.
A las cinco de aquella tarde dominical acabó todo y volvieron los concurrentes a sus lugares de origen con la certeza de haber iniciado con tanta ilusión algo muy grande.
El Simpecado –lo recuerdo perfectamente- fue objeto de curiosidad y admiración. Fabricado en el sevillano Taller de Guillermo Carrasquilla, fue el resultado del encargo del Hermano Mayor Honorario Francisco Sánchez Rodríguez y su mujer Rosario Gonzalo…. “en terciopelo de Lion de color azul cielo, bordado en oro y en la parte inferior lleva dos escudos y dos palmeras bordadas en plata; en el centro la Virgen del Rocío con su Niño, que son de plata repujada con las manos y caras de marfil. La parte posterior de seda de color amarillo con el escudo mariano bordado en azul y la leyenda: “Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío Las Palmas G. Canarias”, tal como destacaron las crónicas, fue mirado y admirado. No menos que su carreta, que será tema para otro articulito.
Quede constancia aquí que lo sucedido en 1979 por primera vez y mañana repetido con igual o mayor entusiasmo ha sido un elemento festivo y religioso, aglutinador de culturas y de una cohesión simpar entre dos comunidades humanas, la andaluza y la canaria; unidas asimismo histórica y socialmente por muchísimos factores entre los que destacan de una manera relevante, destacada y significativa la Romería del Rocío a Nuestra Señora del Pino en la Villa de Teror.
José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror.