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La deslealtad institucional que erosiona la confianza

A lo largo de los años que he tenido el honor de servir a mi municipio, y desde la responsabilidad pública que sigo desempeñando, he adquirido una convicción cada vez más firme: la libertad de expresar con honestidad aquello que considero justo y necesario decir en este momento. Y desde esa libertad, debo manifestar mi profunda preocupación por la deriva que están tomando algunos comportamientos y discursos que nada aportan al interés general y que, por el contrario, lo ponen en riesgo. En los últimos días hemos asistido a la difusión de declaraciones y relatos que incorporan elementos falsos o manipulados, con el objetivo evidente de generar daño político y personal. Construir un relato falso, aunque sea solo en parte, es un acto de mezquindad que erosiona la confianza pública, y la ciudadanía lo percibe con claridad. La escalada política basada en dañar la imagen de otros nunca ha sido, ni será, compatible con una gestión pública responsable. Resulta especialmente preocupante que estas prácticas estén impactando directamente en las relaciones institucionales entre administraciones locales e insulares, pilares fundamentales para el desarrollo equilibrado de nuestra Comarca. La cooperación, la coordinación y la lealtad institucional no son opcionales; son la base que permite avanzar en proyectos compartidos y responder eficazmente a las necesidades de nuestros vecinos y vecinas. Y lo es aún más cuando hablamos de municipios que no solo comparten territorio, historia y objetivos comunes, sino que han dado un paso más al reconocerse formalmente como municipios hermanos, fruto de un hermanamiento que simboliza la unidad, el respeto mutuo y la vocación de crecimiento conjunto. Romper esos vínculos, construidos durante años y basados en acuerdos sólidos, sería un retroceso que nuestra ciudadanía no merece. Cuando la ambición personal o el cálculo político se imponen por encima de estos valores, se generan tensiones que rompen puentes y fronteras administrativas que, durante años, se han trabajado con esfuerzo para superar. No podemos permitir que decisiones individuales, motivadas exclusivamente por intereses particulares, se conviertan en un foco de confrontación entre pueblos que siempre han cooperado unidos y mirando hacia un mismo horizonte. Deseo de forma sincera que estos comportamientos puedan corregirse y reconducirse cuanto antes. Lo digo no solo como responsable público en activo, sino también como ciudadano comprometido con el bienestar de su tierra. Porque es importante recordar que los comportamientos de una sola persona no pueden ni deben condicionar la convivencia, el respeto mutuo ni la cooperación institucional. Tras años de trabajo en clave de Comarca, nadie debería caer en la tentación de regresar a una visión localista, cerrada y egoísta, donde cada cual mira únicamente su propio interés, ignorando el de los demás. La sociedad es plenamente consciente de estos comportamientos y, en su mayoría, los rechaza. La ciudadanía exige seriedad, rigor, diálogo y altura de miras. Y es precisamente la ciudadanía quien termina pagando las consecuencias cuando se dañan las relaciones institucionales. Del mismo modo que ocurre cuando se deterioran las relaciones entre pueblos hermanos, el perjuicio recae siempre sobre quienes no tienen culpa alguna. Por ello, el respeto, la cooperación y la responsabilidad deben seguir siendo los pilares sobre los que se construye el futuro de nuestra Comarca. Si se rompen esos principios, no se rompe un acuerdo político: se rompe la confianza de un territorio que ha demostrado estar por encima de los intereses personales y que aspira a seguir avanzando unido, como lo que somos: municipios hermanos con un compromiso común hacia su gente. Juan Jiménez Suárez Concejal de Vías, Obras e Infraestructuras Ayuntamiento de Santa María de Guía