Extraordinaria la actuación del senador Sergio Ramos Acosta en tema migratorio luchando por todos lo canarios

Ayer tuvo lugar en Madrid la sesión de control del senado y uno de los temas a tratar era la Inmigración en Canarias.

Entre otros temas Ramos informo de los 33 fallecidos en la ruta canaria, del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) (radar para detectar embarcaciones), que se encuentra cogiendo polvo en Lanzarote y que todavía no se ha puesto en marcha.
Ramos pidió al ministro Escrivá una explicación y que por supuesto no se riese de los canarios.

«OJIPLÁTICOs», como definía el senador a la respuesta del ministro Escriva, nos quedamos todo los que lo escuchamos.

Escrivá: «La Valoración es claramente positiva de la política migratoria del gobierno, y me consta que esto es reconocido de una manera generalizada».
Ramos: ¿Más de 4.000 muertes y casi 60.000 llegadas de inmigrantes a Canarias, merecen esta respuesta del Ministro Escrivá?

Se ve que el ministro tenía la lección bien aprendida

Al cierre de este artículo 87 inmigrantes están siendo desembarcados en la Lanzarote.

Cierto es que en septiembre ha habido menos que el año pasado, pero de que ha servido los más de 300.000 millones que ha cobrado Marruecos de la UE para la inmigración, si siguen llegando  y algunos por sus propios medios. De vergüenza.  
Le dejo la intervención 
              
 
 

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Eduardo García Benítez
Noticias Culturales
NGC

Eduardo García Benítez: El poeta que aprendió a sembrar versos sobre la piel

Bajo el antiguo pseudónimo de E. Savinien, el escritor aruquense ha cautivado a miles de lectores. Hoy, despojado de su máscara, nos revela la mirada profunda detrás de una de las líricas más apasionadas de la literatura canaria actual. Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban a fuego. Durante mucho tiempo, en los círculos literarios y en los rincones más románticos de la red, circulaba un nombre que parecía rescatado de una novela del siglo XIX: E. Savinien. Se trataba de una voz enigmática, una suerte de «héroe romántico» moderno que llegaba a los corazones con una delicadeza casi quirúrgica, pero de quien poco se sabía más allá de su capacidad para conmover. Sin embargo, el misterio ha dado paso al hombre. Detrás de esa estela de romanticismo se encuentra Eduardo García Benítez, un poeta natural de Arucas que ha decidido que ya es hora de poner rostro a la palabra. Y lo hace con unos ojos negros, profundos, que parecen captar cualquier atisbo de belleza o melancolía que flote en el aire, transformándolo inmediatamente en métrica y sentimiento. Una poética de la siembra Lo que diferencia a García Benítez de otros autores contemporáneos es su fisicidad. Eduardo no escribe al amor como un concepto abstracto o lejano; su poesía se siente, se toca y se padece. Posee la extraña habilidad de sembrar versos con la misma precisión y urgencia con la que se siembran besos. En su obra, la piel es el lienzo y la palabra es el surco. Hay una conexión telúrica en su estilo, quizás heredada de esa Arucas de piedra y verde, que le permite hablar de la pasión sin caer en el cliché. Sus poemas son, en esencia, encuentros: Pasión sin filtros: Una entrega absoluta que no teme a la vulnerabilidad. Dualidad: El equilibrio perfecto entre la elegancia del antiguo Savinien y la honestidad cruda de García Benítez. Identidad: El arraigo a su tierra como motor de una sensibilidad universal. El rostro tras la rima Conocer a Eduardo es comprender que su poesía no es un disfraz, sino una extensión de su propia mirada. Al dejar atrás el refugio del pseudónimo, el poeta no solo nos regala sus textos, sino su transparencia. Esos «maravillosos ojos negros» de los que hablan quienes le conocen no son solo un rasgo físico, sino el espejo de alguien que no permite que la poesía pase de largo sin ser invitada a quedarse. En un mundo digital saturado de textos vacíos y sentimientos prefabricados, la irrupción de Eduardo García Benítez es un recordatorio de que el romanticismo no ha muerto; simplemente estaba esperando a que alguien con la valentía suficiente volviera a sembrarlo con la punta de los dedos. Arucas tiene en Eduardo una voz que no dejará indiferente a nadie. Porque, al final del día, todos buscamos a alguien que sepa leernos la piel como si fuera un libro abierto.