Gáldar presenta una moción institucional sobre el decreto de dependencia que se encuentra en trámite

El Pleno del Ayuntamiento de Gáldar aprobó en su sesión ordinaria del mes de junio, celebrada en la tarde de este jueves en las Casas Consistoriales, una moción institucional sobre el decreto que regula la situación de dependencia. Ana Teresa Mendoza Jiménez, concejala de Servicios Sociales, hizo referencia al decreto «que está sobre la mesa en el Gobierno de Canarias y sobre el que se crea una indefensión en la ciudadanía y una carga burocrática en otras administraciones». 

«No es un ataque al Gobierno de Canarias sino buscar una alternativa consensuada con todos los organismos como la Fecam, la Fecai, las entidades sociales y el personal al frente de la Consejería, porque ellos son los expertos y quienes deben de hablar para buscar una solución más efectiva y así dar respuesta a la situación grave y enquistada que vive la ciudadanía desde hace ya varias legislaturas», añadió la concejala. «Ya no se tiene en cuenta la baremación económica de la persona que solicita la dependencia sino de su unidad familiar, con lo que a la hora de recibir las prestaciones puede verse perjudicada», indicó.

Teodoro Sosa, alcalde de Gáldar, añadió que «ante la situación dramática que viven muchos galdenses tenemos que dar un paso al frente, se están equivocando por este camino, no es una cuestión de colores políticos sino de humanidad». «Hay personas que llevan meses y años luchando por un grado de dependencia y por un programa individualizado de atención que hace que tengamos que tomar decisiones. Este es un mensaje rotundo: coincidimos en que hace falta un decreto para mejorar las condiciones y el tiempo en que se tramitan los expedientes de dependencia porque hay personas que mueren y todavía no tienen el grado de dependencia reconocido, pero claramente no estamos de acuerdo con este decreto porque crea una indefensión en las personas que la solicitan», añadió el primer edil. 

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Imitar Sin Pensar
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Imitar sin pensar

Las modas nacen deprisa. Un gesto, una celebración, una fotografía o un vídeo bastan para que miles de jóvenes quieran imitar lo que ven sin preguntarse de dónde viene ni qué significa. Es el precio de vivir en un mundo donde la apariencia suele correr más que el conocimiento. Un muchacho se bajó los pantalones un palmo porque su ídolo lo había hecho. Otro lo imitó al día siguiente. Después llegaron cientos más. Ninguno sabía explicar el motivo, ni le importaba. Lo importante era parecerse a quien admiraban. Con el paso del tiempo descubrieron que muchos gestos, formas de vestir o maneras de comportarse tenían historias que desconocían. Algunas eran simples modas; otras habían nacido en ambientes marginales, en bandas, incluso en prisiones o en culturas muy distintas de la nuestra. Comprendieron demasiado tarde que copiar sin entender es la forma más rápida de dejar que otros piensen por uno. Los años pasan y la imagen que cada cual construye también deja huella. Se toman decisiones que parecen insignificantes en el momento, pero que acaban definiendo la personalidad, las costumbres e incluso la forma en que los demás nos perciben. Corregir ese rumbo siempre es posible, pero nunca resulta tan sencillo como haber reflexionado antes de imitar. Todo esto me viene a la cabeza al recordar la celebración del futbolista de la selección española Lamine Yamal. Un deportista de élite sabe que millones de ojos observan cada uno de sus movimientos. Los referentes no solo marcan goles; también marcan conductas. Quienes los admiran merecen mensajes que inspiren esfuerzo, respeto y criterio, no simples gestos vacíos destinados a ser copiados sin reflexión. La lección es sencilla: no conviertas la admiración en obediencia, no imites porque sí, pregunta, piensa y decide por ti mismo. La libertad empieza cuando dejas de seguir al rebaño. A buen seguro, quien renuncia a pensar acaba viviendo la vida de otros. Y esa es la peor de las derrotas: descubrir, cuando ya es demasiado tarde, que nunca fue uno mismo quien eligió el camino.