Un sueño, nunca es negociable.

Sus padres veían con asombro cómo otros padres sufrían la adolescencia de sus hijos. En cambio, ellos no debían quejarse del suyo. Siempre pareció un niño grande, en lugar de recriminarle para que dejase de jugar y estudiara. Tenían que animarle a que saliera a jugar con sus amigos. Sin embargo, desde que fue de visita al Juan Sebastián El Cano, lo tenía claro. Él quería estudiar en la academia militar.

Pero un mal día, un mal examen en el que sacó un notable alto, que no se redondeaba, lo condenaron. En su media, le faltó una décima para acceder a la carrera militar, no llegaba a la nota de corte, y, sin un plan B al que acudir, se hundió en la desesperación.

Él, nieto e hijo de militares llenos de medallas en el pecho, no lo había logrado. Su madre, en el fondo, aliviada por no tener noches en vela por otro militar en la familia, le decía que lo intentase el siguiente año, que estudiase otra carrera, o se tomase un año sabático.

Su padre, coronel de la Legión, le miraba sin decirle nada. Él pensaba que su mirada era de decepción. Sin embargo, su padre, en realidad, lo miraba con amor. Pero tantos años de rígida disciplina habían dejado inexpresiva sus facciones. Y la comunicación verbal tampoco era lo suyo.

Lloraba por dentro para que no le viesen por fuera. Creía que les había decepcionado, pero lo peor es que se había decepcionado a sí mismo. Después de dos años de duro trabajo en bachillerato. Para que no le preguntaran más, les pidió que le dejaran pensar unos días qué hacer.

Esos días pasaban, pero él no estaba dispuesto a renunciar a su sueño. Sus horas transcurrían entre la flagelación, lamentarse, sacarse el carné, y ver si alguien renunciaba a su puesto y corría la lista hasta su nota. Esto, en contra de lo que ocurría otros años, estaba sucediendo. Su optimismo crecía a medida que avanzaba en la lista, hasta ser el primer reserva.

El último día acudió a la Comandancia, estrenando su permiso de conducir, con el viejo coche de su madre. Y ahí lo vio. Su compañero de clase, Jaime Sandemetrio, ése que, en lugar de estudiar, se pasaba las tardes en la cancha. Ése que no hacía los deberes, ni, mucho menos, los trabajos. Ése al que parecía que le pasaban las preguntas antes del examen. Ése que le miraba por encima del hombro desde que comenzaron juntos en la guardería. Ése que se reía del orgulloso nieto e hijo de militares, cuando decía que él sería militar. Tenía mejor nota, y se había postulado para acceder a los estudios militares.

Mientras cruzaba por el paso de peatones, lo miró con la soberbia de siempre. Y fue entonces cuando un acelerón al viejo coche le hizo subir el puesto que le faltaba para cumplir su sueño.

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La Guardia Civil desarticula un entramado de extorsión

La investigación tecnológica permitió rastrear los movimientos bancarios y la titularidad de las líneas telefónicas utilizadas para el chantaje Los autores exigían elevadas sumas de dinero bajo la amenaza de personarse en el domicilio de la víctima, utilizando imágenes de armas de fuego La Guardia Civil de la Comandancia de Las Palmas ha culminado una operación policial que ha permitido identificar e investigar a tres varones como presuntos autores de un delito de extorsión y amenazas. La actuación ha puesto de manifiesto la importancia de la especialización en el ámbito de la delincuencia tecnológica para el esclarecimiento de este tipo de hechos, caracterizados por el uso de medios telemáticos para ejercer una intensa presión psicológica sobre las víctimas. La investigación se inició tras la denuncia presentada por un vecino de Agüimes, quien manifestó haber sido objeto de amenazas y exigencias económicas por parte de varias personas. Los hechos se remontan a finales del pasado año, cuando el perjudicado contrató los servicios de una profesional en un establecimiento de ocio situado en el municipio de Santa Lucía de Tirajana. Aunque finalmente el encuentro no llegó a producirse, poco después comenzó a recibir llamadas de distintos individuos que, utilizando un tono intimidatorio, le reclamaban diversas cantidades de dinero bajo el pretexto de supuestos gastos de logística y reserva de servicios VIP. Como consecuencia del temor generado por las amenazas recibidas, la víctima accedió a realizar tres transferencias a través de una conocida plataforma de pago instantáneo, alcanzando una cantidad total de 900 euros. Sin embargo, lejos de cesar las exigencias, los autores incrementaron la presión sobre el perjudicado, reclamándole posteriormente otros 1.500 euros adicionales. Con el objetivo de doblegar la voluntad de la víctima, los investigados remitieron diversos mensajes mediante aplicaciones de mensajería instantánea en los que incluían la fotografía de un arma de fuego y amenazas explícitas de acudir a su domicilio si no efectuaba el pago   exigido de manera inmediata. Estas acciones provocaron en el afectado una situación de gran ansiedad y preocupación por su seguridad personal y la de su entorno familiar. Ante la gravedad de los hechos, el Puesto Principal de Agüimes inició una exhaustiva investigación centrada en el análisis de las evidencias digitales disponibles. La especialización de los agentes en este ámbito permitió establecer una línea de trabajo basada en el estudio de los metadatos de las comunicaciones y en el seguimiento del recorrido económico de los pagos realizados por la víctima. Gracias a las gestiones practicadas con distintas operadoras de telefonía, los investigadores lograron identificar a los titulares de las líneas telefónicas utilizadas para realizar las amenazas. Paralelamente, el análisis de los movimientos financieros y las correspondientes gestiones bancarias permitieron localizar al destinatario final de los fondos, una persona que contaba con antecedentes policiales por hechos similares cometidos en otras provincias del territorio nacional, circunstancia que evidenciaba la existencia de un patrón delictivo especializado. Asimismo, la rapidez en la obtención de información bancaria y la coordinación con las entidades financieras resultaron fundamentales para evitar la dispersión del dinero a través de cuentas utilizadas habitualmente para dificultar el rastreo de los beneficios obtenidos de forma ilícita. Una vez recopiladas las pruebas necesarias e identificados plenamente los tres presuntos autores, quienes operaban desde distintas provincias españolas con la finalidad de dificultar su localización, la Guardia Civil procedió a la instrucción de las correspondientes diligencias. Las actuaciones fueron remitidas a la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Telde, autoridad judicial que conoce de la causa.