Mientras haya vida, Hay esperanza

La revista digital MasNosotras en Canarias que dirige Gema Díaz  ha publicado el pasado 7 de febrero un interesante relato sobre una mujer galdense, luchadora e incansable, María Sarelly Mateos Díaz , queremos publicar aquí el artículo que nos a parecido muy interesante.

Me considero una apasionada de la enseñanza y la investigación, siempre innovando por el bien de los niños/as con diversidad funcional. Nací en Gáldar, el 3 de febrero de 1983, tanto mi familia materna como paterna son de este municipio, por lo que puedo decir que soy una cebollera con mucho orgullo de sus raíces.  

Tuve una infancia muy feliz, cuando pienso en ello, me vienen a la memoria recuerdos maravillosos, sobre todo los momentos vividos y la educación recibida. Me criaron mis abuelos maternos y paternos entre Gáldar (casco) y Barrial. 

Aunque suene antagónico, yo no quería ser docente, no entraba dentro de mis planes, desde que tuve uso de conciencia, tuve muy claro que quería ser médico y especializarme en cardiología. ¿Por qué esta especialidad? Más adelante sabrán el porqué de ello.

Deportista desde pequeña, perteneciendo durante más diez años a la escuela municipal de Gimnasia Rítmica de Gáldar y en el club de natación en Santa María de Guía; el deporte me daba vida, pero a veces sentía que mi corazón “se volvía loco y no me latía bien” o, al menos, esa era mi percepción, por lo que terminé dejando el deporte y me dediqué a mis estudios. 

En el año 2001 me faltó 0.01 para entrar en Medicina, no lo pasé bien y busqué una alternativa: la licenciatura en Psicología. Años más tarde, entré en Medicina pero era demasiado esfuerzo, trabajando y con dos hijas. 

En el 2004 me ingresaron en el Hospital Santa Catalina para hacerme unos estudios del corazón, en conjunto con la unidad de arritmias del Hospital Doctor Negrín. Por fin tenía un diagnóstico: el síndrome de “Wolff Parkinson White” (una afección en los latidos del corazón), un soplo cardíaco y un foco ectópico; los médicos descartaron la ablación (operación) y hoy en día tengo mi medicación y seguimiento. Ese mismo año también tuve que iniciar un tratamiento con corticoides, el cuál anuló la función de la hormona del cortisol años más tarde y descalcificando mis huesos, por lo que hoy en día tengo insuficiencia corticosuprarrenal inducida por fármacos, osteoporosis, entre otras patologías, pero cada día lo vivo con mucha intensidad y dando gracias por todo lo bueno que me da y me brinda, a pesar de que a veces me siento impotente para hacer las labores diarias por mi sintomatología o la propia medicación. 

Siempre tengo la sonrisa en mi cara, luchando por mis hijas, estudiando y, a la misma vez, investigando para obtener el doctorado en Psicología, sin olvidar lo más importante: disfrutar de cada minuto de la vida. 

Como bien dije antes, no entraba en mis planes ser docente, pero algo no cuadraba en el crecimiento y maduración de mi primera hija, nacida en el 2002. Según crecía, era como si sufriera un retroceso en su vida; hoy, después de mil pruebas, batallas, terapias, ARRAY CGH, etc.…su diagnóstico es “enfermedad rara desconocida”, asociada a varias pluripatologías. Es una niña feliz, siempre sonriendo y, aunque a veces nos cueste comunicarnos, me ha enseñado lo más grande de la vida y es el amor con el que da las cosas sin esperar nada a cambio. No niego que se me rompa el alma a veces, pero ella y mi otra hija, son el mayor regalo que la vida me ha podido dar.  

Por el tema de mi hija, decidí estudiar Magisterio en Educación Primaria, especializándome en Pedagogía Terapéutica. Fue ahí cuando sentí que había nacido para ser docente; me encanta la educación, me apasiona y así es como he ido especializándome y realizando proyectos e inclusive investigaciones becadas por el MECD.

He sido nominada durante dos años consecutivos como mejor docente de España (2019, y 2020) en los premios Educa Abanca. Mi investigación sobre “Intervención para la prevención del suicidio en adolescentes en riesgo”, ha sido seleccionada y seré ponente en el Congreso Educativo a nivel mundial en Galicia. Asimismo, he sido premiada con una beca de la Fundación Once “Becas Talento”. 

Docente de PT, psicóloga colegiada, psicopedagoga, experta en educación emocional, creadora de recursos para PT y con un doctorado en proceso, cuento con mi propia página web para que todo el mundo se beneficie de ello y, desde mi cuenta en Instagram, @el_aula_de_sarellypt, además pronto verá la luz mi primer libro sobre la psicosis en los niños. Luchadora incansable por la educación especial y su inclusión en todos los ámbitos.

Cómo no todo en la vida es estudiar decir que me apasiona el mundo de la fotografía, la enología, el campo y practicar deporte, aunque por ahora tenga limitaciones. La pandemia nos haya hecho estragos a todos. 

Doy gracias a todas las personas que han estado a mi lado siempre, como mi familia y amigos, porque eso no tiene precio. A finales del 2020 perdí a la persona que me daba vida día a día, eso me ha hecho replantearme muchas cosas de mi vida. Ahora vivo cada momento con mayor intensidad, valoro muchísimas cosas y, lo más importante, vivir cada segundo como si de una maravilla se tratase, la vida es PURA MAGIA aunque a veces duela. Me quedo con esta frase: “Mientras haya vida, hay esperanza”. 

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter

Dr. Martin
Ecos de Sociedad
NGC

Martín González y Santiago: La seguridad como cultura y el arte de la victoria invisible

En el complejo tablero de la seguridad contemporánea, donde las fronteras entre lo táctico, lo científico y lo académico son cada vez más difusas, emergen figuras capaces de interpretar la realidad desde múltiples prismas. Martín González y Santiago es, sin duda, una de ellas: un profesional que ha sabido maridar la precisión de la medicina con el rigor de la inteligencia nacional. Ayer, 16 de abril, Madrid se convirtió en el epicentro del sector con la celebración de la I Edición de los Premios Delta 13 News. En una gala que reunió a destacados representantes institucionales y expertos de vanguardia, González y Santiago fue reconocido específicamente por su labor en la formación y divulgación en inteligencia, seguridad y defensa. El galardón, propuesto por el Observatorio de Seguridad Integral de Centros Hospitalarios (OSICH), refrenda una trayectoria que muchos califican ya como la de un «polímata del siglo XXI». Un perfil de 360 grados Lo que distingue a González y Santiago es su capacidad para integrar disciplinas que, a priori, parecen distantes. Doctor en Medicina del Deporte, en Seguridad Humana y en Derecho Público Global, su enfoque permite entender la defensa no solo como una estrategia de fuerza, sino como un sistema integral que depende del rendimiento humano y la resiliencia institucional. Su carrera es un equilibrio perfecto entre la arena operativa y la investigación. Como instructor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, posee esa visión «a pie de calle» que aporta realismo a sus análisis, mientras que su labor docente en la Universidad Fernando Pessoa Canarias y la Universidad Isabel I asegura el relevo generacional bajo principios de ética y rigor. El Discurso: Una lección de realismo estratégico El momento cumbre de la noche llegó con las palabras del Dr. González y Santiago. Lejos de los agradecimientos convencionales, su discurso fue una profunda reflexión sobre la «paradoja del guardián» y la necesidad de una cultura de seguridad proactiva. A continuación, reproducimos de forma íntegra su intervención: «Señoras y señores, autoridades, colegas y amigos:   Recibir este reconocimiento de Delta 13 News no constituye (al menos para mí) un punto de llegada, sino más bien una exigente forma de recordatorio. Un recordatorio de que, en los ámbitos de la seguridad, la inteligencia y la defensa, nunca se llega del todo. En estos campos, cuando uno cree haber alcanzado una certeza, suele ser justo el momento en que alguien, en otra parte, comienza a ponerla en duda. Decía Carl von Clausewitz, ese autor tan poco conocido que algunos aún confunden con una marca de armamento, que ‘la guerra es la continuación de la política por otros medios’. Hoy podríamos permitirnos una versión contemporánea: la seguridad es la condición previa para que cualquier proyecto colectivo (político, económico o social) pueda siquiera aspirar a existir. Y, sin embargo, sigue siendo una de las disciplinas más incomprendidas. Porque la seguridad encierra una paradoja inquietante: cuando todo funciona, nadie la percibe; cuando algo falla, todo el mundo la cuestiona. Somos, si se me permite el símil, los guardianes invisibles del equilibrio. Trabajamos para que nada ocurra (y cuando lo logramos, aquello que no sucede rara vez se celebra). En ese binomio indisociable que forman la formación y la divulgación se sitúa una misma vocación: construir criterio y no limitarse a transmitir conocimientos. Siempre he creído (y hoy lo reafirmo con convicción) que la seguridad no es un producto, ni un servicio, ni siquiera un sistema. Es, en esencia, una cultura. Ya lo advertía Peter Drucker con la precisión de quien entendía las inercias humanas: ‘la cultura se desayuna a la estrategia’. Algunos añadimos, con cierta resignación práctica, que a veces también se merienda al protocolo y se cena a los procedimientos. De poco sirven los mejores planes si no hay una conciencia real que los sostenga. Formar en seguridad, por tanto, es algo más exigente que enseñar normas: es cuestionar, anticipar lo improbable y, sobre todo, introducir una saludable incomodidad intelectual allí donde otros prefieren certezas simples. Siempre he sostenido que, ‘a veces, no basta con apelar a las conciencias, a veces hay que apalearlas para que despierten’. Precisamente por eso, utilizo mucho el sistema de aprendizaje a través de los incidentes críticos, por la impronta que deja. Porque hay experiencias que no solo se entienden, se graban, se fijan y obligan a pensar de otra manera. En ese sentido, hablamos de una seguridad inteligente, una seguridad que pone el acento en la prevención, en la proactividad y en la capacidad de traducir las señales débiles antes de que el peligro se materialice. De hecho, suelo repetir una frase que con los años se ha vuelto casi un lema personal: hemos de ponernos en lo peor para proteger mejor. Puede sonar pesimista, pero en realidad es un realismo profesional de alto octanaje. Como diría cualquier optimista funcional, prever el desastre no es regodearse en él, es negarle la oportunidad de sorprendernos. Con suerte, ahorrarnos un titular en horario de máxima audiencia. En inteligencia, por otra parte, se repite una advertencia: los mayores fallos no provienen de la falta de información, sino de la incapacidad para interpretarla correctamente. Esa es, precisamente, la responsabilidad que asumimos. Y si me permiten una leve nota de ironía vocacional: dedicarse a esto implica aceptar que, cuando todo va bien, uno parece prescindible (y cuando algo va mal, inevitablemente parece responsable). En fin, es un oficio reservado a quienes disfrutan del riesgo intelectual en silencio. Quiero agradecer este reconocimiento no como mérito individual, sino como expresión de una convicción compartida: que formar con rigor el presente es proteger con eficacia el mañana. Si se me permite una última síntesis, diría que la seguridad eficaz no se construye reaccionando a las amenazas, sino comprendiendo los contextos que las hacen posibles. Gracias al jurado, a las instituciones y a todos los que siguen defendiendo, con seriedad y sin estridencias, que la seguridad empieza mucho antes de que ocurra nada. Porque, al final, la mejor victoria en nuestro ámbito es aquella que nunca llega a