Francis Candil pondrá en marcha un plan de rescate urgente de las playas de Las Palmas de Gran Canaria

Acabar con la contaminación y con los vertidos de aguas residuales en nuestras cosas, redoblar la limpieza de los arenales y su entorno, mejorar el pavimento y la accesibilidad, rehabilitar las piscinas de La Laja o crear un centro de interpretación en la Casa Roja son algunas de las propuestas que recoge el plan

El candidato de Coalición Canaria a la Alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria asegura que la primera actuación pasa por invertir los 650 millones de euros del plan de Infraestructuras Hidráulicas que anunciaron los socialistas “y del que no han llevado a cabo ni una sola obra”, y subrayó: “Si realizamos los trabajos necesarios en el alcantarillado de esta ciudad lograremos nuestro objetivo: vertidos cero y contaminación cero”

El candidato de Coalición Canaria a la Alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria y portavoz nacionalista en el Consistorio capitalino, Francis Candil, pondrá en marcha un plan de rescate urgente de las playas de la cuidad si el domingo 28 de mayo se convierte en el próximo alcalde.

“Hace un año pedimos al tripartito que mejorara las condiciones de la playa de Las Alcaravaneras, pero ahora a ese plan hay que sumar la playa de Las Canteras y La Laja. La joya de la corona ha perdido su bandera azul por contaminación hace escasos días. Es la segunda vez que sucede y esta ciudad no se lo puede permitir porque vivimos del turismo”, afirmó.

El nacionalista aseguró que la primera actuación que hay que llevar a cabo es realizar las obras necesarias para solventar los problemas de alcantarillado y vertidos al mar, lo que permitiría acabar con la contaminación. Así, aseveró que los socialistas, con Augusto Hidalgo a la cabeza, prometieron invertir 650 millones de euros del Plan de Infraestructuras Hidráulicas, “sin embargo no han puesto en marcha ninguna obra y no han gastado ni un solo euro, y ahora las consecuencias son las que vemos: nuestras costas contaminadas por vertidos de aguas residuales al mar, como ocurre en el colector del Teatro Pérez Galdós, la playa de El Confital cerrada al baño desde hace siete años por contaminación, la pérdida de la bandera azul en Las Canteras por el mismo motivo, vecinos de Escaleritas a los que se les inundan sus casas de aguas fecales que les provocan, además, infecciones en la piel, etc.”.

Con todo, Francis Candil recordó que el ayuntamiento ha sido sancionado por verter aguas residuales al mar, “multas que pagaremos entre todos los vecinos porque el PSOE, Nueva Canarias y Podemos han sido y son malos gestores”, y añadió: “La solución es gastar los 650 millones en obras hidráulicas para la ciudad, y es que hasta la propia directora de Emalsa ha dicho públicamente que este plan está muerto porque el tripartito no ha movido un dedo por ponerlo en funcionamiento”.

Dentro del plan de rescate urgente de las playas de Las Palmas de Gran Canaria, Candil plantea como primer objetivo la contaminación cero, y señaló: “Trabajaremos para acabar de una vez por todas con los vertidos al mar, redoblaremos la limpieza del arenal de la playa de Las Canteras y de su entorno, mejoraremos el pavimento y su accesibilidad, y crearemos un centro de interpretación de la bahía de El Confital y la playa de Las Canteras en la Casa Roja”.

También apuntó a la rehabilitación de las piscinas de La Laja y la mejora y mantenimiento de su entorno con nuevos equipamientos, así como un plan de limpieza más ambicioso para esta playa. 

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Almaraz: la batalla que el Gobierno no quiere mirar de frente

Un cierre entre la política, la economía y el destino de una comarca entera En el corazón del Campo Arañuelo, donde la niebla matinal se funde con el vapor blanco de las torres de refrigeración, la central nuclear de Almaraz sigue latiendo con la fuerza de siempre, como si el tiempo no corriera en su contra. Pero lo hace. Su desmantelamiento previsto, grabado a fuego en el calendario del apagón nuclear español, ha desatado un vendaval que va mucho más allá de una simple desconexión eléctrica: es el vivo reflejo de las costuras rotas entre la política de despacho, la economía real y el abandono del territorio. Mientras Moncloa insiste en que estamos ante una transición “ordenada y responsable”, desde las instituciones europeas hasta los ingenieros y los propios vecinos se preguntan si esto obedece a criterios técnicos objetivos o si, por el contrario, nos encontramos ante un empeño puramente ideológico con un coste social incalculable. El severo tirón de orejas de Bruselas Desde mi punto de vista, este empeño por clausurar Almaraz apesta a esa política de postureo que tanto gusta a nuestro actual «gobierno social-comunista», empeñado en presumir de un ecologismo de salón que choca frontalmente con el sentido común. Y no lo digo yo; lo advierte la propia Bruselas. Que la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo se pronuncie con semejante contundencia sobre una infraestructura nacional es un hecho insólito. En su informe, los eurodiputados no se andaron con rodeos: señalaron directamente que el cierre parece responder a motivaciones políticas y dogmáticas —impulsadas sobre todo por los socios comunistas de Podemos— antes que a razones técnicas o de seguridad. El rapapolvo europeo se sostiene sobre tres pilares demoledores: Falta de rigor: España no ha presentado una evaluación de impacto integral que justifique prescindir de la central. Incoherencia comunitaria: La decisión contradice la propia taxonomía verde de la Unión Europea, que reconoce a la energía nuclear como una tecnología clave de transición. Déficit democrático: El Ejecutivo de Pedro Sánchez, haciendo gala de su habitual soberbia, ha obviado un diálogo transparente y suficiente con las administraciones regionales y locales afectadas. En Bruselas, que de tontos no tienen un pelo, tienen claro que esto es política pura y dura. Y lo más sangrante es que ocurre en un momento donde el resto de Europa, escarmentada por las recientes crisis energéticas, se aferra a la nuclear para blindar su mix energético. Pero claro, la facción de la «izquierda eco-pija» que se sienta en el Consejo de Ministros grita mucho aunque razone poco. Sospecho, de hecho, que en el ala socialista del Gobierno más de uno se echa las manos a la cabeza en privado, pero no se atreven a rechistar a sus socios de coalición. Los temen más que a Mohamed VI con las famosas grabaciones secretas obtenidas del móvil de Sánchez a través de Pegasus. ¿Es rentable cerrar Almaraz? La guerra de los despachos Si la política polariza, la economía tampoco pacifica el debate. Los informes vuelan de un lado a otro como armas arrojadizas. Por un lado, el estudio elaborado por la URJC y la UPC para Greenpeace defiende que el apagón es «económicamente racional», asegurando que el 96,4% de la producción de Almaraz podría sustituirse con renovables en los primeros compases, evitando retrasar inversiones limpias. Presentan el cierre como una supuesta oportunidad de oro. Por el otro, chocamos con la cruda realidad técnica. El Consejo General de Ingenieros Industriales y otros organismos de prestigio —gente seria, no profetas de pancarta— recuerdan que la nuclear es una fuente barata, estable y libre de emisiones de CO₂. Advierten que apagar Almaraz nos obligará a quemar más gas, disparando tanto la factura como la contaminación. Para rematar, un demoledor informe de la consultora PwC avisa de lo de siempre: la factura de esta fiesta no la pagarán las eléctricas; recaerá, euro a euro, sobre los hombros de los consumidores. Al final, la pregunta del millón no es si Almaraz es rentable, sino qué modelo energético queremos financiar y a costa de quién. El drama humano: la vida más allá del Excel Como humanista convencido, a mí lo que realmente me quita el sueño es el factor humano. Detrás de los gráficos de barras y las tablas de Excel hay vidas de carne y hueso. Almaraz sostiene, de forma directa e indirecta, más de 4.000 puestos de trabajo. Familias enteras que solo piden ganarse el pan con dignidad y mantener un nivel de vida que ya quisieran para sí esos soñadores «eco-jetas» de camiseta del Che Guevara, que tanto adoran el comunismo caribeño pero que no se van a vivir bajo la bota de la dictadura cubana ni locos; prefieren disfrutar de las bondades del «terrible capitalismo degradador». A toda esa comparsa habría que explicarles que cerrar la central dinamitará un tejido empresarial del que depende una comarca entera, cuya renta per cápita es un 12% superior a la media extremeña gracias a la planta. En los bares de Navalmoral de la Mata, en los comercios de Almaraz, la pregunta es desgarradora: «¿Y ahora qué?» ¿Irán los líderes de la izquierda progre a pagar la universidad de sus hijos o a llenarles la nevera? Los alcaldes de la zona no quieren palabras bonitas ni las típicas promesas de Pedro Sánchez que luego acaban en un «cambio de opinión». Exigen un plan de reindustrialización real. Temen, con toda la razón del mundo, que la comarca se convierta en otro erial de prejubilaciones y olvido, calcando las nefastas gestiones que ya sufrimos con el fin del carbón. En cometer semejantes pifias, este Ejecutivo es verdaderamente doctor. Hablando con amigos de la zona, la sentencia común es unánime: «Julio, esto no es una decisión energética, es una condena social». Una transición sin rumbo Prescindir de Almaraz ahora, cuando aporta cerca del 7% de la electricidad nacional, es jugar a la ruleta rusa con el suministro del país. Sin embargo, en el Consejo de Ministros prefieren mirar hacia otro lado. Mientras no se pongan de acuerdo