José A. Luján, más que un cronista

Los cronistas de cada municipio son notarios de la historia y la idiosincrasia de sus respectivas localidades. Se trata de una actividad que se suele ejercer con el ánimo de servir a la comunidad, y sin percibir remuneración alguna. Los cronistas tienen prestigio, suelen ser buena gente. Gente atenta a las señales que su pueblo ha dejado a lo largo de la pequeña historia de la patria chica.

José Antonio Luján, de Artenara, fue mucho más que un defensor del pasado y el presente de la cumbre grancanaria, fue un testimonio vivo de compromiso con su profesión de docente, con su oficio de historiador, con su trabajo tenaz de ensayista que escribió libros de gran interés para conocer la vida de sus contemporáneos, entre ellos Pepe Dámaso, Jerónimo Saavedra o el profesor Bethencourt Massieu. Tuve la suerte de que escribiera un atento y exhaustivo prólogo para uno de mis libros, La literatura y la vida, y además disfruté de su amistad y su bonhomía.

Al final de cada año es inevitable hacer un recordatorio de los que se han ido a ese otro lado de la vida, ese otro umbral que solo percibimos si tenemos los sentidos atentos. Luján es otro de esos amigos que ya no están, porque son muchos los que van saliendo de este lado de la realidad para morar en ese otro mundo que se nos presenta nebuloso, pero que en el que, según recientes investigaciones de especialistas como Manuel Sanz, existiremos de otra manera. Recientemente hemos padecido ausencias terribles como las de Eugenio Padorno, Yolanda Arencibia, Andrés Sánchez Robayna, etc. El Club de los Autores Muertos.

Deja un importante legado en forma de libros y trabajos de investigación. Fue promotor de la Ruta de Unamuno en Gran Canaria, autor de El paisaje de Gran Canaria en la literatura, Aspectos Históricos de Artenara, miembro de la Asociación Canaria de Escritores (ACAE), fundador y presidente de la Asociación de Cronistas. Fue un intelectual comprometido con la preservación del patrimonio histórico, literario y etnográfico de las islas, puede afirmarse que fue un patriota que defendió siempre la identidad, las señales de nuestra manera de estar en el mundo. Pues a fin de cuentas somos insulares que vivimos en la Tierra, que viene a ser una pequeña isla azul en medio de un negro universo inabarcable.

Publicó artículos y monografías en revistas especializadas, así como relatos breves premiados en distintos certámenes. Fue también pregonero de fiestas emblemáticas como las de La Cuevita (Artenara), Juncalillo, Acusa y Hoya de La Plata, además de prologuista de varias obras de autores isleños. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de La Laguna, fue catedrático de Lengua Castellana y Literatura en educación secundaria y durante quince años trabajó como técnico de Planificación e Innovación en la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. Ejerció buena parte de su carrera en el Instituto Pérez Galdós de la capital, donde formó a generaciones de alumnos y docentes.

Como presidente y miembro fundador de la Junta de Cronistas Oficiales de Canarias, coordinó el anuario Crónicas de Canarias, consolidado como referente en la divulgación de la historia insular. Además, pertenecía al Instituto Canario de Estudios Históricos “Rey Fernando Guanarteme”, a la Comisión Insular de Patrimonio Histórico del Cabildo, al Colegio de Doctores y Licenciados de la provincia.

Compartimos tertulias en nuestra casa del barrio de El Sardo, junto con otros amigos. A Luján le gustaba hablar, quería espacio para que le dejaran intervenir. Era calmado pero también apasionado, necesitaba expresar sus opiniones. Y él sabía de muchos asuntos, porque se interesaba por muchos temas. Era curioso, tenía voluntad de conocer las circunstancias, y defendía sus opiniones con inteligencia. Se notaba que había sido docente, pues exponía sus argumentos con claridad. Descanse en paz.

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