O’Shanahan y su Diccionario del Habla Canaria

No era un lingüista ni tenía a su disposición las nuevas tecnologías. Pero Alfonso O’Shanahan, en aquellos tiempos en que aporreábamos las máquinas de escribir, fue haciendo a mano ficha tras ficha y así logró recopilar su Gran Diccionario del Habla Canaria, con más de trece mil voces recogidas de la tradición oral y escrita y con 1.225 páginas, una obra monumental. Y él se atrevió hace más de treinta años, cuando apenas había ordenadores ni mucho menos Inteligencia Artificial, cuando el Diccionario de la RAE ninguneaba nuestro lenguaje, cuando no existía la Academia Canaria de la Lengua ni las muchas publicaciones de los especialistas. Para Eugenio Padorno, autor del prólogo, Alfonso recopiló voces y frases de repertorios folklóricos, literarios y científicos, y resulta emocionante comprobar las dimensiones de su rastreo a través de obras de autores como Pancho Guerra, Néstor Álamo, los Hermanos Millares, Alonso Quesada, Víctor Ramírez, Tarajano, la canción popular, los romances, etcétera, con lo cual hizo una verdadera cata en las raíces de nuestra sociedad, de nuestra historia, nuestra identidad.

Como señala Eugenio Padorno, cuando Alfonso estaba escribiendo una novela se encontró con que muchas voces del acervo idiomático isleño no estaban refrendadas en la RAE y no serían inteligibles para un lector peninsular, por lo que había que hacer una compleja labor de intertraducción, y de este modo el idioma se transformaría en un factor de exclusión. Últimamente, la Academia Canaria de la Lengua fija el modo dialectal canario, que ya fue avalado por Manuel Alvar y sus discípulos, y que tanto nos acerca al vocabulario latinoamericano, particularmente de Cuba y Venezuela, nuestros lugares de migración.

Hoy en día el Diccionario nos sigue pareciendo una obra descomunal, por su enorme riqueza, por la pluralidad de fuentes, por la enorme variedad de registros y por su cata en la obra de muy diversos autores. Él propio autor confiesa que todo surgió cuando estaba escribiendo su tercera novela, Solsticio de verano, que iba a ser publicada en una editorial peninsular, y le surgió la inquietud idiomática por el vocabulario que se usa en las islas. Tenía a mano solamente un ejemplar del Diccionario de la RAE en su edición de 1956, en el que aparecían muy pocos canarismos, tendencia que se sigue manifestando en ediciones posteriores, en las que se sigue ignorando nuestro vocabulario. Entonces comenzó su búsqueda hurgó a fondo en su biblioteca, y también supo percibir los registros peculiares del lenguaje de su mujer, Marta, y de otros miembros de su familia, en distintas ramas, a través de los cuales venía una corriente americana.

Alfonso fue miembro de un grupo generacional de periodistas y escritores que deseaban cambiar la sociedad en la última fase de la dictadura. Vivió solo 65 años, pero los últimos de su vida fueron marcados por la ausencia, el desarraigo que marcó el alzheimer. Luchador por la democracia, militante de izquierda, periodista con clara vocación social, durante mucho tiempo compartimos mesa de trabajo en el periódico y para mí fue casi un hermano que me aconsejó venir a Gran Canaria cuando terminó mi servicio militar, en el cual tuve una ficha de “extremista”. Era, sobre todo, un hombre noble, tranquilo y apasionado cuando era necesario defender los ideales, la injusticia y el caciquismo eran sus enemigos. Era un canario humilde pero pertinaz en su empeño, y se mantuvo a pie firme hasta el final, cuando la enfermedad le arrebató el conocimiento y el recuerdo.

Esta reedición es también un homenaje a la memoria del autor. Y lo hace el Centro de la Cultura Popular Canaria, entidad con 48 años de existencia, que recibió, al fin, el Premio Canarias de Cultura Popular. César y Meme han luchado para transmitir su verdad, que se expresa en cientos de títulos que abarcan la cultura y la historia de las islas, con un impresionante catálogo sobre folklore, gastronomía, literatura, historia, etnografía y temática infantil. Y con este voluminoso Diccionario que por suerte ahora se reedita.

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