Pedro Artiles Yánez
Pedro Artiles Yánez
Zumacal, Valleseco, abre sus Fiestas del Carmen con el pregón más íntimo de Pedro Artiles Yánez

El próximo sábado 11 de julio, a las 20:30 horas, el barrio iniciará sus fiestas patronales con un pregón que será un viaje por la memoria colectiva, la emoción de su vecindad y el profundo sentimiento de pertenencia de quien nunca dejó de llevar a su pago en el corazón

Hay barrios que se recuerdan. Y hay barrios que se sienten. Zumacal pertenece a estos últimos. Sus calles, sus paisajes, su iglesia, las voces de quienes lo levantaron con esfuerzo y la complicidad de una vecindad que hizo de la solidaridad una forma de vivir volverán a cobrar vida el próximo sábado 11 de julio, cuando la plaza de la iglesia acoja el acto que abrirá oficialmente las Fiestas en Honor a Nuestra Señora del Carmen.

Será una noche para reencontrarse con la memoria. Para abrazar el pasado desde el presente. Para recordar a quienes ya no están y celebrar a quienes siguen manteniendo viva la identidad de este barrio de Valleseco.

El encargado de anunciar el inicio de las fiestas será Pedro Artiles Yánez, escritor, músico y vecino de nacimiento de Zumacal, cuya designación como pregonero representa mucho más que un reconocimiento personal. Es el homenaje a toda una generación que creció entre las calles del barrio, compartiendo una forma de vivir donde la ayuda mutua, la amistad y el compromiso con la comunidad eran parte del día a día.

Artiles nunca ha escondido que todo lo importante de su vida comenzó aquí. En cada entrevista, en cada libro y en cada uno de sus textos aparece Zumacal como el lugar donde nacieron sus valores y su manera de entender a las personas.

No en vano, una de las frases que resume el espíritu de su pregón nace precisamente de ese profundo sentimiento de pertenencia, «Gran parte de lo que soy es gracias a que nací donde nací y me crié donde me crié.»

Una declaración que resume el regreso de un vecino que nunca se marchó del todo. Porque, como él mismo reconoce, existen lugares que permanecen para siempre en quienes crecieron entre sus calles.

Ese amor por Zumacal también quedó inmortalizado en el poema «Zumacal (Mi barrio de nacimiento)», una composición escrita por Pedro en la que convierte los recuerdos en versos y el barrio en un refugio permanente de su memoria.

En uno de sus fragmentos escribe:

«Donde sientes que tu sangre
da latidos por tus venas…
Donde tanta gente buena
me ayudó a paliar el hambre…»

Y más adelante resume con extraordinaria sensibilidad el vínculo que mantiene con el lugar que lo vio crecer:

«Nunca olvido su belleza.
Mi raíz está incrustada
en su tierra colorada
y en su aire de nobleza…»

No son únicamente versos. Son la radiografía sentimental de un barrio construido por generaciones de vecinas y vecinos que compartieron trabajo, esfuerzo y sueños comunes.

Precisamente ese será el hilo conductor de un pregón que no pretende ser un discurso protocolario, sino un recorrido emocional por los recuerdos de infancia, las primeras fiestas, la construcción de la iglesia, las tiendas que daban vida al barrio, las carreras de cintas, las cantinas, las excursiones de final de fiestas y, sobre todo, por aquellas personas que hicieron de Zumacal una gran familia.

Durante la conversación mantenida con motivo de su nombramiento, Artiles explicaba que desea ofrecer un pregón cercano, lleno de anécdotas y emociones, donde cada vecino y vecina pueda reconocerse en algún instante de la historia compartida.

«No voy a contar únicamente mi vida», viene a transmitir entre líneas. Va a contar la vida de un pueblo.

El acto contará además con el acompañamiento musical de Beatriz Alonso y Javier Cerpa, quienes contribuirán a crear una atmósfera íntima y cargada de sensibilidad para una noche que promete convertirse en uno de los momentos más emotivos de las fiestas.

Las Fiestas del Carmen representan cada año el gran reencuentro de Zumacal consigo mismo. Son días para volver a casa, para compartir con familiares y amistades, para reencontrarse con quienes regresan desde otros lugares y para transmitir a las nuevas generaciones el legado de un barrio que continúa escribiendo su historia desde la unión de su gente.

Con el pregón de Artiles comenzará oficialmente una nueva edición de unas fiestas profundamente arraigadas en el sentimiento popular. Unas celebraciones que volverán a llenar Zumacal de música, cultura, tradición, convivencia y devoción a Nuestra Señora del Carmen.

Porque hay lugares que nunca se abandonan del todo.

Y porque, como escribe el propio pregonero, «del olor a Zumacal» permanece intacta la fragancia de una infancia que sigue latiendo en el corazón de todo un pueblo.

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Carta pública al gobierno de españa

     EN RECUERDO DE LOS MARINEROS DEL “CRUZ DEL MAR”  “En primera persona, desde la rabia y la memoria de un viejo marino mercante, jubilado” A la atención del Gobierno de España: Les escribo como ciudadano, sí, pero sobre todo como “marino mercante jubilado”, como hombre que ha pasado media vida en la mar, que ha sentido su grandeza y también su crudeza. Les escribo desde un lugar que ustedes no conocen; el lugar donde solo se escucha el viento, el rumor de las olas, el motor y el propio corazón. El lugar donde uno sabe que, si algo ocurre, no hay tierra cerca, no hay ayuda inmediata, no hay más defensa que la unión entre compañeros y la protección de nuestra Virgen del Carmen, que siempre nos acompaña. Y desde ese lugar, desde esa experiencia que marca la piel y el alma, les digo que todavía hoy, “48 años después”, siento una rabia profunda cuando pienso en lo que ocurrió aquel “28 de noviembre de 1978” con los marineros del “Cruz del Mar”. Una rabia que no se apaga. Una rabia que no nace del odio, sino de la injusticia. Una rabia que brota del silencio oficial que cayó sobre ellos como una segunda condena. Aquel día, siete valientes hombres de Lanzarote —entre ellos un niño de solo “14 años”, Chanito— fueron asesinados a sangre fría mientras faenaban. Mientras trabajaban. Mientras hacían lo mismo que yo he hecho tantas veces; salir a la mar para ganarme el pan. Y ustedes asquerosos políticos, desde la distancia, desde los despachos, desde la comodidad de tierra firme, desde Madrid, calificaron entonces a aquel cobarde  acto terrorista como, un “accidente de trabajo” ¡Simplemente vergonzoso! Señores del Gobierno: ¿Accidente? ¿De verdad? ¿Un niño cosido a balazos es un accidente? ¿Siete marineros ejecutados en su propio barco son un accidente? ¿La sangre derramada en cubierta es un accidente?… ¡Me dais asco, no, lo siguiente! No. No lo fue entonces y no lo es ahora. Y esa mentira oficial, esa falta de reconocimiento, esa indiferencia histórica… Esa sí que duele. Esa sí que me enciende la rabia y rabia de verdad. Yo sé lo que ellos sintieron, porque he vivido en ese mundo. He navegado mares en calma y mares que parecían querer tragarnos. He visto amaneceres que te reconcilian con la vida y noches en las que uno reza sin saber si verá el día siguiente. He estado en cubierta con compañeros que son más que amigos; son familia. Y sé lo que es mirar alrededor y ver solo agua, solo horizonte, solo vulnerabilidad. Por eso puedo imaginar —y me duele imaginarlo— lo que sintieron esos hombres cuando vieron acercarse a los asaltantes. Puedo sentir su miedo. Puedo sentir su desconcierto. Puedo sentir su rabia impotente. Puedo escuchar sus pensamientos: “¿Por qué a nosotros?” “¿Qué hemos hecho?” “¿Qué quieren de unos simples pescadores?” Porque ellos no eran soldados. No eran enemigos de nadie. No representaban más bandera que la del trabajo honrado. Eran marineros. Eran padres, hermanos, hijos. Eran canarios conejeros, que salieron a ganarse el pan como de costumbre. Y allí, en medio del mar, estaban solos. Solos frente a la violencia. Solos frente a la injusticia. Solos frente a un destino que no merecían. Sus nombres deben ser reconocidos por el Estado Y para que no quede un solo ápice de duda diré qué los fallecidos fueron: Juan Antonio Rodríguez Rodríguez (Chanito), 14 años Antonio Rodríguez Rodríguez, capitán José María Hernández Rodríguez Manuel Rodríguez Rodríguez José Rodríguez Rodríguez Juan Antonio Rodríguez Martín Antonio Rodríguez Martín Sus nombres no pueden seguir siendo solo un recuerdo local. Deben ser memoria nacional. Deben ser reconocidos como víctimas de un acto violento, no como un “accidente laboral, porque eso es volverlos a insultar”. Lo que les pido, como marino y desde la verdad Les pido, con respeto, pero con la fuerza moral que me da mi profesión, mi uniforme y mis galones en la manga, de los que me siento muy orgulloso. Les pido “reconocimiento oficial” de la verdadera naturaleza del ataque; “revisión simbólica” del expediente que los clasificó como accidente; “acto institucional” en honor a los marineros fallecidos; “incorporación” de sus nombres en la memoria oficial de víctimas de violencia en el mar. Y sobre todo y eso que no falte nunca, “apoyo moral” a las familias y supervivientes. No pedimos privilegios. Pedimos justicia. Pedimos humanidad. Pedimos que el Estado esté a la altura de la dignidad de sus marineros.   Porque el olvido es una segunda muerte Y ellos ya sufrieron bastante con la primera. Como marino, sé que la mar guarda historias. Pero también sé que el Estado tiene la obligación de guardarlas con nosotros. De reconocerlas. De honrarlas. De impedir que se pierdan en el silencio. Los marineros del “Cruz del Mar” merecen que España entera los nombre, los recuerde y los honre. Porque fueron hijos de esta tierra y de este país. Porque su tragedia es parte de nuestra historia. Porque su memoria es un deber moral. Por ellos, por sus familias, por la verdad y por la dignidad, firmo esta carta pública con el corazón y el alma encogida y llena de salitre. Desde aquí, desde esta mar donde tanto trabajaron duro y honradamente por los suyos, yo los vuelvo a recordar colegas y les digo al mejor estilo marinero… ¡Buena guardia compañero! Ojalá algún día nos veamos y nos crucemos navegando por ese mar infinito que es la Gloria de nuestro Señor, donde nuestra querida y siempre venerada Virgen del Carmen, ejerce de nuestra capitana general y allí al cruzarme con tu barco, te daré con la bocina del mío, una pitada larga; arriaré e izaré la bandera española de la popa, en señal de respetuoso saludo, rebosante de amor, para saludarte y recordarte, que no te olvidamos. Marineros del” Cruz del Mar” … ¡PRESENTES! ¡Qué cosas!