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Santa María de Guía Guía
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Cruce de Caminos

Habían transcurrido los años a través de los surcos dibujados en su rostro, algunos en su frente, otros dando algo más de luz a sus ilusionados ojos color aceituna. Sus hebras plateadas embellecían su moreno rostro, trazando un porte señorial a su figura.  Ese porte le era fundamental. Había renunciado a ser feliz por conservar ese porte ante lo ajeno.

Un día, sin pretenderlo, se dejó llevar por la ilusión. Sus versos se enredaron en unos ojos donde consiguió ver reflejada su alma, su aroma acarició una melena risueña, que le aportaba alegría, sus manos serpentearon la fuerza de unos fuegos de artificio en la blanquecina piel de la persona amada. Fueron dos en uno, sin dejar de ser dos.

Fue consciente de la llegada del otoño cuando un frío viento, llegado de ultratumba, escandalizó sus oídos con ruidos de sables encendidos. Tuvo miedo. Le temblaron los recuerdos.

Su mente ya no fue capaz de recordar el sabor del néctar que libó en la piel de su amor, ni de sus labios cada amanecer, tampoco lo hizo del placer producido por las caricias en las noches compartidas, cuando ambos despertaban cogidos de la mano.

El estruendo era demasiado fuerte, tanto que temió por su cordura. Tuvo miedo a que los Dioses no le permitieran ser feliz —quizá no se lo merecía, pensaba— y volvió a la esclavitud de antaño, donde decía sentirse libre, dejándose consumir en la pira que encendieron para su alma.

Gritaba al eco que escuchaba a su alrededor, produciendo un nuevo eco, y creyendo que ese era el sonido del silencio.

 Se ilusionaba con las titilantes estrellas alejadas, cuando, con sólo estirar sus manos,  pudo poseer la luna.

 Se ilusionaba pensando  que el agua estancada del viejo lago era parte del mar, donde podría navegar, libre, algún día.

Y así, poco a poco, se fue consumiendo hasta que ya no era nada. Un cuerpo sin alma, sin luz, sin amor. Todo porque pensó que “amar era prescindible”, menos importante que el halago interesado o la serenidad del alma enamorada y correspondida, hasta que después de perder su último aliento le llevaron a reposar al lugar donde  ya no había problemas, donde sólo habitaban las gentes que habían conseguido besar el frío mármol de la tranquilidad

Irene Bulio © 

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ASSOPRESS

La escritora, periodista y editora Alicia Luengo Bernardo publica su nueva novela, ¿Por qué dejaste de hablar con los ángeles?

La novela parte de una pregunta que atraviesa toda la historia: ¿Qué ocurre cuando la vida perfecta que has construido no es la que tu alma llevaba años intentando mostrarte? Una vida aparentemente perfecta que empieza a resquebrajarse La protagonista, Sara, lleva casi veinte años viviendo en Nueva York. Tiene una carrera brillante, una boda a punto de celebrarse y una vida que, hasta ese momento, siempre había creído que había elegido libremente. Sin embargo, la muerte de su abuela la obliga a regresar al pueblo manchego donde creció. Lo que inicialmente parece ser un sencillo trámite relacionado con la herencia de una vieja casa en el Cerro Alto se convierte en el comienzo de una experiencia que cambiará su manera de entender su propia vida. En la casa, Sara encuentra un cuaderno escrito por su abuela, Carmen, en cuyas páginas descubre referencias a un antiguo lenguaje de los ángeles. Las anotaciones despiertan su curiosidad y, poco a poco, comienzan a poner en duda todo aquello que hasta entonces consideraba una certeza. Hasta que Sara empieza a escuchar una voz que parece conocerla mejor que ella misma. A partir de ese momento, tendrá que enfrentarse a una pregunta tan inquietante como esencial: ¿está perdiendo la razón o está despertando a una realidad que siempre estuvo ahí?   El regreso de Sara también supone reencontrarse con Javier, el gran amor de su juventud. El encuentro hace reaparecer sentimientos que creía olvidados y la obliga a mirar de frente una parte de sí misma que había dejado atrás. Mientras tanto, la distancia con Daniel, su prometido en Nueva York, se hace cada vez más evidente. Entre los recuerdos del pasado y un futuro que comienza a cambiar, Sara descubre que algunas de las decisiones que tomó a lo largo de su vida estuvieron condicionadas por las expectativas de los demás. Aquello que siempre había interpretado como valentía podría haber sido, en realidad, una manera de huir. Ahora tendrá que aprender a escuchar su propia voz y decidir, por primera vez, qué quiere realmente. ¿Por qué dejaste de hablar con los ángeles? utiliza elementos espirituales y de misterio para plantear cuestiones profundamente humanas: las decisiones que tomamos, las expectativas familiares y sociales, el miedo al cambio, los caminos que dejamos atrás y la posibilidad de volver a encontrarnos con nosotros mismos. La novela no pretende ofrecer respuestas cerradas, sino abrir preguntas. Tal vez los ángeles no vienen a decirnos qué camino tomar. Quizá solo nos muestran una puerta y nos entregan la llave. Abrirla siempre será decisión nuestra. Alicia Luengo Bernardo es periodista, escritora, editora y fundadora de ISIS HATHOR PUBLISHING, editorial que celebra actualmente su primer aniversario. ¿Por qué dejaste de hablar con los ángeles? es su cuarta novela. A lo largo de su trayectoria también ha publicado cuatro novelas cortas, una antología de microrrelatos y una guía para aprender a escribir dirigida a participantes y escritores. Su trayectoria literaria incluye numerosas selecciones y reconocimientos en concursos y certámenes de microrrelato, cuento breve y micronarrativa.