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Santa María de Guía Guía
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Cruce de Caminos

Habían transcurrido los años a través de los surcos dibujados en su rostro, algunos en su frente, otros dando algo más de luz a sus ilusionados ojos color aceituna. Sus hebras plateadas embellecían su moreno rostro, trazando un porte señorial a su figura.  Ese porte le era fundamental. Había renunciado a ser feliz por conservar ese porte ante lo ajeno.

Un día, sin pretenderlo, se dejó llevar por la ilusión. Sus versos se enredaron en unos ojos donde consiguió ver reflejada su alma, su aroma acarició una melena risueña, que le aportaba alegría, sus manos serpentearon la fuerza de unos fuegos de artificio en la blanquecina piel de la persona amada. Fueron dos en uno, sin dejar de ser dos.

Fue consciente de la llegada del otoño cuando un frío viento, llegado de ultratumba, escandalizó sus oídos con ruidos de sables encendidos. Tuvo miedo. Le temblaron los recuerdos.

Su mente ya no fue capaz de recordar el sabor del néctar que libó en la piel de su amor, ni de sus labios cada amanecer, tampoco lo hizo del placer producido por las caricias en las noches compartidas, cuando ambos despertaban cogidos de la mano.

El estruendo era demasiado fuerte, tanto que temió por su cordura. Tuvo miedo a que los Dioses no le permitieran ser feliz —quizá no se lo merecía, pensaba— y volvió a la esclavitud de antaño, donde decía sentirse libre, dejándose consumir en la pira que encendieron para su alma.

Gritaba al eco que escuchaba a su alrededor, produciendo un nuevo eco, y creyendo que ese era el sonido del silencio.

 Se ilusionaba con las titilantes estrellas alejadas, cuando, con sólo estirar sus manos,  pudo poseer la luna.

 Se ilusionaba pensando  que el agua estancada del viejo lago era parte del mar, donde podría navegar, libre, algún día.

Y así, poco a poco, se fue consumiendo hasta que ya no era nada. Un cuerpo sin alma, sin luz, sin amor. Todo porque pensó que “amar era prescindible”, menos importante que el halago interesado o la serenidad del alma enamorada y correspondida, hasta que después de perder su último aliento le llevaron a reposar al lugar donde  ya no había problemas, donde sólo habitaban las gentes que habían conseguido besar el frío mármol de la tranquilidad

Irene Bulio © 

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Ecos de Sociedad
Redacción NorteGranCanaria

El Casino de Gáldar pone en marcha un grupo de baile tradicional con clases gratuitas

La Sociedad de Fomento, Instrucción y Recreo Casino de Gáldar pone en marcha un nuevo grupo de baile tradicional con el objetivo de seguir fomentando la cultura popular y ofrecer un espacio de encuentro para todas aquellas personas que quieran acercarse al folclore ya los bailes tradicionales de Canarias. La iniciativa está abierta tanto a los socios de la entidad como a simpatizantes y las clases serán totalmente gratuitas. El taller se desarrollará todos los lunes, de 19:00 a 21:00 horas, en el salón del Casino de Gáldar, en la Plaza de Santiago, donde los participantes podrán aprender y practicar diferentes bailes tradicionales en un ambiente de convivencia y participación, independientemente de que tengan experiencia previa o quieran iniciarse por primera vez en este ámbito. Con la creación de este grupo de baile, el Casino de Gáldar continúa ampliando su actividad y reforzando su papel como espacio de encuentro y dinamización cultural en el municipio, recuperando además una actividad estrechamente vinculada a las tradiciones canarias y la vida de las sociedades culturales y recreativas de las islas. La Sociedad de Fomento, Instrucción y Recreo Casino de Gáldar, fundada en 1847, mantiene así su apuesta por generar nuevas actividades para sus socios y para el conjunto de la ciudadanía, especialmente aquellas relacionadas con la cultura, las tradiciones y la convivencia. Las personas interesadas en formar parte del grupo pueden solicitar información a través del número de WhatsApp 639 702 771 . Las clases tendrán lugar cada lunes de 19:00 a 21:00 horas en el propio salón del Casino de Gáldar.