La politización de la Comunicación

Tengo la sensación de que mi mensaje no llega a la ciudadanía…

Así empieza en muchas ocasiones la conversación con algunas personas dedicadas a la vida pública. Y sí, tienen razón. La comunicación política hoy por hoy genera más división, crispación y rechazo que expectación, interés y atención por parte del electorado.

Los niveles de agresividad, burla e insulto han superado cotas jamás pensadas hace tan solo unos años. Quiero pensar que, al igual que nos ha pasado con las olas del Covid, tarde o temprano tenderán a caer y a buscar un suelo de encuentro, respeto y mayor tranquilidad.

La comunicación política tiene en sus principios conectar con quien recibe el mensaje, hacer un espacio de entendimiento, de escucha de los problemas cotidianos para intentar buscar soluciones por parte de los gobernantes a las necesidades de la gente y, una vez se encuentran, comunicar cuales han sido esas mejoras, así como su repercusión. Esa es la verdadera finalidad que tiene la buena comunicación política.

La psicología política estudia cada vez este fenómeno del ensañamiento por el narcisismo, por el yo más que por el tú.

El pueblo da el voto y su confianza a los políticas y políticas para que resuelvan sus problemas, no para que se enfrenten diariamente en cualquier espacio y ante cualquier oportunidad que se les presente.

La comunicación política eficaz, para que llegue y sea percibida como un elemento que aporta buena información debe de hablar de los asuntos públicos que interesan al ciudadano y no la que habla de política.

Los partidos políticos y quienes los representan, en muchos casos, se empeñan una y otra vez en querer meter a la fuerza y sin contemplación, su mensaje, su propuesta. Se levantan, pasan el día y se acuestan prácticamente con la obsesión de que la gente tiene que enterarse si o si de lo que le ha “llegado”. A todo esto, hay que sumarle la insistencia por obligar al mismo tiempo, a que vean y entiendan los electores que solo hay una única verdad. Las verdades absolutas de una sociedad que opina y sabe de cualquier cosa que se comente o publique. ¡Cuanta valentía!

La polarización política se implanta en la mente del votante precisamente por este tipo de situaciones, mensajes radicales donde solo hay tonos negros y blancos.

Además, las redes sociales, han propiciado un caldo de cultivo del odio, la rabia y del insulto fácil, difícilmente manejable.

Hoy es más noticia si un cargo público cometió un error en una palabra mal dicha en una intervención, a la hora de inaugurar un proyecto que se haya realizado, que el propio proyecto. Algo estamos haciendo mal, nosotros también como pueblo soberano, somos quiénes ponemos y quitamos a quienes nos representan.

¿Acaso en democracia los partidos no deberían ser más aliados que adversarios? ¿Por qué este interés desmesurado por desmerecer el trabajo del otro? Se comunica incluso sin hablar, antes de hablar.

Cuando ves a un líder, solo con ver sus gestos, manera de mirar, te puedes dar cuenta en algunas intervenciones de que su interés principal es la pelea, el quedar bien con los de mi bancada para luego escuchar aplausos y eso de «que bien estuviste con tu discurso».

Por lo tanto, la comunicación política no puede estar solo en manos de los que se dedican a la política como medio de vida. Universidades, organismos públicos, entidades con la autoridad suficiente y el conocimiento de lo que se habla, incluso la empresa privada puede y debe hablar de política.

Estamos en un panorama del ya, del ahora, todo lo que me encuentro en la pantalla del móvil al usar Instagram o haciendo zapping en la televisión, es válido, es lo que vi, es lo que escribió un amigo, es lo que compartió un compañero de trabajo. Y me pregunto ¿dónde queda la capacidad de contrastar la veracidad de la información?

Comparamos meticulosamente si un Smartphone tiene no se cuantas gigas, si un yogurt tiene más o menos kilocalorías o si en la cuenta del restaurante me cobraron un café demás, a cambio, no analizamos si una noticia o un contenido puede ser falso o no es de una fuente fiable. ¡No hay filtro!

Entonces ¿a quién creer? A quien me inspire confianza ¿quién me inspira confianza? Quien hable sin tapujos, sin miedo al que dirán y a lo que puedan hacer luego con mi mensaje, quién diga la verdad.

La comunicación política no es marketing político, no tiene porque estar llena de tecnicismos, palabras de poco entendimiento, palabras altisonantes, ruido. En comunicación también menos, es más, mucho más. Las estrategias de comunicación política tienen que ahondar más en el que, que en el cómo. No todo vale para hacer llegar el mensaje político.

El informe de la consultora Gartner del año 2017 ya predecía que en este año 2022 la mayoría de los ciudadanos de las economías y países desarrollados, llegarán a consumir más información falsa, que información verdadera.

Cuatro de cada cinco pensamientos que tenemos son negativos. La combinación de las falsedades con pensamientos en la línea de la negatividad imagina lo que son capaces de hacer. Combatir noticias falsas es ya una de las tareas a las que se dedica más tiempo en cualquier proyecto político.

Quiero y confío en una comunicación política que vuelva a una plaza de mayor sosiego, más pacífica y pensada. Quiero pensar en que los profesionales que nos dedicamos a esta maravillosa profesión ponemos nuestro grano de arena para intentar crear un mensaje más positivo, más natural y cercano a la ciudadanía, y donde la politización de la comunicación no tenga cabida.

Quiero creer que una mejor comunicación política es posible, para ello hay que poner todos de nuestra parte, no es fácil, pero tampoco imposible. Es solo una cuestión de entender que no es lo mismo comunicar la política, que politizar la comunicación.

Bajemos el volumen, respetemos al que no piensa igual que nosotros y hablemos de aquello que somos capaces de aportar criterio y conocimiento. ¿Parece fácil verdad? ¡Pues hagámoslo!

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La Diana 2026
Nuestras Fiestas
Redacción NorteGranCanaria

El volador de La Diana marca el inicio de más de 20 horas de fiesta sin freno en Agaete

En el mismo lugar de siempre, a la misma hora, con la misma gente y en una fecha que es parte de la identidad de todo agaetense. El volador de La Diana ha descorchado más de 20 horas de fiesta sin descanso en Agaete, que ya vibra con la emoción de La Rama y su fiesta más multitudinaria. Desde el frontis del Ayuntamiento de Agaete, la alcaldesa María del Carmen Rosario ha sido la encargada de dar el pistoletazo de salida a uno de los días más especiales de la Villa, al son de la Banda Clandestina y con miles de personas saltando al mismo tiempo con un mismo latido. Manos en alto, pura emoción y la energía de una cita que no tiene igual. La Rama ha quedado inaugurada con el icónico despertar del pueblo a las 5 de la madrugada, con el que Agaete pasa de la noche al día preparado para bailar sin freno hasta pasada la medianoche. La calle tenía ganas de fiesta y lo ha pedido alto y claro. Miles de danzantes han hablado a las claras de una fiesta que no pierde fuerza y que es más que una tradición convirtiéndose en epicentro de la alegría de Gran Canaria. La celebración se pone en marcha para más de 20 horas sin parar, con un recorrido por el pueblo que promete una noche de baile, seguramente muy corta para muchos. A la próxima cita se unirán los papagüevos, que junto a las bandas y a los miles de romeros/as llevarán la fiesta del casco al mar para reencontrarse ya entrada la tarde con la Señora de Las Nieves. Hasta las 7, las bandas harán vibrar a vecinos/as y visitantes de todos los rincones del mundo congregados en el pueblo marinero, para volver a congregarse para una nueva cita a las 10 de la mañana en el lateral de la iglesia de La Concepción. Un nuevo volador marcará el inicio de La Rama, que teñirá de verde las calles del municipio para ir al encuentro con su Señora de Las Nieves en una fiesta que va de cumbre a mar llenándolo todo de una energía única y contagiosa.