Unidos por Gran Canaria en defensa de los vecinos de Arucas, Moya y Guía
  • UxGC vota en contra del Plan Territorial Parcial–15 (PTP-15) por afectar de manera muy directa a cerca de 300 viviendas en los municipios de Arucas, Moya y Santa María de Guía. 

UNIDOS por GRAN CANARIA (UxGC) adopta este voto negativo al ser rechazada su enmienda al PTP-15 que trataba de evitar la demoledora acción que se propone por aplicación estricta de la legislación de Costas sobre viviendas, edificaciones, fincas y solares en los núcleos de Bañaderos, Quintanilla, San Andrés y El Roque, de los términos municipales señalados.

Nuestra postura es coincidente con pronunciamientos por unanimidad adoptados por los municipios afectados. A título de ejemplo, la Declaración Institucional del 29 de julio de este año del Ayuntamiento de Arucas, en defensa de los núcleos costeros en Arucas (adoptado este acuerdo por unanimidad por representantes del PSOE, Nueva Canarias, Partido Popular, Podemos, Coalición Canaria, Ciudadanos y concejal no adscrito).

El primer pronunciamiento de esa Declaración Institucional es “a favor de la continuidad y la seguridad jurídica de las áreas urbanas costeras de Arucas que reúnen un valor objetivo protegible en materia etnográfica, arquitectónica y/o socioeconómica”.

En esta misma línea, la enmienda de UNIDOS por GRAN CANARIA (UxGC) a este PTP-15, presentada el 21 de julio del presente año, hacía compatible el desarrollo de un Plan que mejorase las infraestructuras de transportes, las comunicaciones del norte de la isla y el desarrollo de actividades económicas y sociales, de esta importantísima zona de Gran Canaria, con la alternativa de la opción 0, que era la que proponíamos en la enmienda, por ser una de las que el propio PTP-15 preveía como posible -y por tanto con soporte jurídico suficiente , pues de no ser así no se hubiese planteado como alternativa posible-. Como aclaración necesaria, decir que la opción 0 es la opción de no intervenir en esa área, por las razones que se exponen en la propia enmienda.

UNIDOS por GRAN CANARIA (UxGC) proponía que en los paseos marítimos que afecten a viviendas e inmuebles privados, se aplicará la opción 0 prevista en el citado Plan, y, por tanto, se regirán por los Planes Generales de Ordenación municipal, las afecciones en la costa, que se cuantifican en unos 300 inmuebles (49 en Santa María de Guía, 90 en Moya y 129 en Arucas) a los que habría que sumar otras expropiaciones en otras edificaciones y solares de vecinos.

 Por ello, se propone dejar fuera del Plan las expropiaciones innecesarias de viviendas u otros inmuebles relacionados con la Ley de Costas, tanto de dominio público como de las servidumbres de tránsito y protección”.

 Esta era una propuesta más que razonable, y consideramos por ello que no debió rechazarse por Nueva Canarias, PSOE y Podemos:

  • Porque no afecta de manera esencial ni retrasa la ejecución del PTP-15, que en conjunto apoyamos, pero cuyo desarrollo es muy voluminoso y requerirá años y múltiples esfuerzos de ejecución (recuérdese que este Plan se inició ya hace más de 13 años por acuerdo de este Cabildo de 20 de abril de 2009).
  • Porque busca un consenso que compagine interés público y privado (tal y como siempre reclamaron sobre todo los regidores municipales de Arucas, Santa María de Guía y Moya). Siempre se ha reconocido que los Ayuntamientos son las administraciones más cercanas a las inquietudes e intereses de los vecinos.
  • Porque impide que el criterio más drástico de intervención, que se traslada vía PIOT a toda la isla, se generalice a otros municipios costeros, que sin duda se verán afectados si se aplica por igual esta doctrina a toda la isla, como por otra parte debería hacerse para no discriminar por zonas. 
  • Y, además, porque permitiría que tras la transferencia real de competencias en materia de Costas a Canarias, a partir de enero de 2023, se estudiasen de manera más cercana, actuaciones e intervenciones equilibradas y similares en todas las islas, que compaginen, como decimos, el interés general de ordenación del litoral marítimo, con derechos adquiridos, o al menos situaciones de facto mantenidas a lo largo de muchos años, como ha ocurrido y ocurre en buena parte del litoral marítimo español en su conjunto, y desde luego en el canario.

 

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Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche