María Fernández: “Si el 23 de julio Coalición Canaria no tiene diputados en Madrid volveremos a pagar las guaguas”

La diputada nacionalista en el Congreso y candidata a revalidad su cargo, María Fernández, garantiza que Coalición Canaria es la única formación política que luchará por mantener la gratuidad de las guaguas más allá de finales de año “porque somos los únicos que hemos peleado en Madrid por conseguir esta medida”

María Fernández denuncia que el Gobierno de Pedro Sánchez aún no ha transferido la partida destinada a este fin y exige su cumplimiento

La diputada de Coalición Canaria y candidata a revalidar su cargo en el Congreso de los Diputados, María Fernández, ha advertido de que “si las diputadas canarias de Coalición Canaria no estamos en Madrid a partir del 23 de julio, los canarios y las canarias volveremos a pagar las guaguas a partir de enero del 2024, una medida que repercute a nuestros bolsillos”.

Fernández garantiza que Coalición Canaria es la única formación política que luchará por mantener la gratuidad de las guaguas en el tiempo “porque fuimos los únicos que en su momento luchamos por conseguirlo”, aseveró. En este sentido, recordó que gracias a los votos de Ana Oramas y el suyo propio “logramos que los canarios tuvieran los mismos derechos que el resto de ciudadanos españoles que viajaban gratis en trenes de corta y media distancia, una medida que no defendieron el resto de partidos”, puntualizó.

Asimismo, María Fernández dijo que “el interés de CC es siempre trabajar para ayudar a mejorar las condiciones de vida de nuestra gente y de nuestra tierra, que es a quien nos debemos, y no nos cansaremos de demostrarlo cada vez que alzamos la voz para que se actualicen los costes tipo del transporte de mercancías o se mantenga la bonificación del 75% en el transporte aéreo y marítimo, entre otras cuestiones”.

Con todo, la diputada denuncia que el Gobierno central aún no ha transferido a Canarias la partida destinada a la gratuidad de las guaguas y exige que cumpla con lo pactado cuanto antes. “Esos fondos ya deberían haber llegado a Canarias; sin embargo, la actitud de Pedro Sánchez y su gobierno de coalición demuestra lo poco que se preocupa por los canarios, pero no nos vamos a dejar ningunear: nuestra voz, la de los canarios, la oirán más fuerte que nunca”, apostilló.

Fernández hace un llamamiento “a pensar en nosotros mismos, en nuestros hijos y en nuestros nietos, porque el próximo 23 de julio los canarios tenemos dos oportunidades: la de elegir a Canarias por delante de todo con diputadas independientes y valientes, o la de apagar la voz de Canarias con diputados sumisos y obedientes a los intereses de Madrid”.

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EE.UU.: El país que camina con un fusil en la mano y un espejo roto en el bolsillo

Una reflexión necesaria sobre la dualidad de una nación forjada entre el mito de la libertad y el peso de su propia sombra. Por desgracia, nos estamos acostumbrando —si no lo estamos ya del todo— a despertarnos cada día con un titular de periódico o un avance de telediario que nos escupe la violencia desatada en la sociedad estadounidense. Como viejo lobo de mar, con mucho salitre acumulado en los ojos y el orgullo de ser de Telde, estas noticias me han empujado a una reflexión que no pretende ser una verdad absoluta, sino la visión madura de quien ha visto mucho mundo y prefiere mirar más allá de la superficie. La sociedad de los Estados Unidos es un escenario de contrastes que marean. Es el lugar donde puede ocurrir un tiroteo masivo y, a la vez, donde nacen las iniciativas ciudadanas que más conmueven al planeta. Es la potencia que interviene militarmente en tierras lejanas mientras lidera esfuerzos humanitarios globales. Se divide internamente hasta el abismo, pero posee una capacidad casi mística para reinventarse. Quizá la clave para entenderlos esté en aceptar que es una nación que convive con su propia sombra: una oscuridad que no la define por completo, pero que es imposible de ignorar. Dos narrativas, un abismo Hoy, Estados Unidos parece fracturado en dos realidades irreconciliables. No hablamos solo de demócratas y republicanos; hablamos de dos visiones del mundo, dos identidades culturales y dos formas opuestas de entender qué significa ser estadounidense. Los medios y las redes sociales han convertido la discrepancia en enemistad. El adversario ya no es alguien con quien debatir, sino alguien a quien temer. Y el miedo, cuando echa raíces, siempre termina abriendo la puerta a la violencia. Comprender esa tensión constante entre la luz y la oscuridad es esencial para descifrar no solo los titulares sangrientos, sino la complejidad de un país que sigue manejando el timón del destino del mundo. Una historia escrita con pólvora Hay países que se construyen sobre mitos y otros que lo hacen sobre heridas. Estados Unidos pertenece a ambos. Se proclama como el “faro de la libertad”, pero su violencia interna brota desde los cimientos. La independencia de la nación no fue un pacto diplomático, sino una guerra que dejó 25.000 muertos, una cifra colosal para finales del siglo XVIII. Poco después, la «Conquista del Oeste» desplazó a más de 60 tribus indígenas, un proceso de exterminio que a menudo se nos vende como una epopeya romántica cuando fue ocupación a sangre y fuego. Luego, la Guerra Civil (1861-1865) con sus 600.000 fallecidos, dejó una herida racial, cultural y económica que todavía late bajo la piel del país. Desde entonces, la guerra parece haberse convertido en un hábito: Cuba, Filipinas, Vietnam, Corea, Irak, Afganistán… Para EE. UU., el conflicto no es un episodio, es una constante. El mito sagrado del arma Para un europeo, resulta incomprensible la vigencia de la Segunda Enmienda. Lo que nació en 1791 como una necesidad de milicias coloniales, hoy es un símbolo sagrado. Con más de 390 millones de armas en circulación —más que habitantes—, el objeto ha pasado a ser identidad. Tres de cada diez adultos poseen una, y la mayoría asegura que jamás renunciaría a ella. Es la frontera mental entre su concepto de «libertad» y la «opresión». El problema es que, cuando un mito se arma, la realidad suele quedar desarmada. Entre Martin Luther King y el supermercado Sería injusto decir que el estadounidense medio es violento. No olvidemos que este es también el país de Martin Luther King, de los movimientos por los derechos civiles y de las protestas pacíficas que han cambiado la conciencia del mundo. Es una nación capaz de lo mejor y de lo peor: de enviar un hombre a la Luna y, al mismo tiempo, permitir que un adolescente compre un rifle semiautomático en un supermercado. La violencia allí no es genética, es estructural. Es una herencia que se filtra en la política y en la vida cotidiana. Estados Unidos avanza con un fusil en la mano (su mito fundacional) y un espejo roto en el bolsillo (su imagen fragmentada). Reflexión final Quizá la pregunta no sea si Estados Unidos es un país violento, sino por qué no ha logrado romper el ciclo histórico que lo ata a ese destino. Todas las naciones tienen sombras, pero no todas permiten que esa sombra les marque el paso a pie juntillas. Ojalá Dios ilumine a esa gran nación y les ayude a corregir el rumbo, porque sus errores nos pasan factura a todos. Comprender lo que ocurre allí requiere mirar más allá del telediario y analizar las raíces de un país que, para bien o para mal, ha diseñado el mundo en que vivimos. Y para despedirme, como solemos decir por mi tierra: “De verdad que siento, compadre, el royo aquí jincado, pero es que este Julio González el de Telde, cuando coge la tablilla, pega el hombre a hablar y no hay quien lo pare”. ¡Qué cosas!