El libro del ‘Movimiento Más Nosotras’ será presentado en Teror dentro de las actividades programadas para celebrar el 25N

El mundo entero se pondrá en pie el próximo 25 de noviembre para celebrar, como cada año, el ‘Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer’. Y en Teror, a través de la Concejalía de Igualdad que dirige Laura Quintana, se han programado una serie de actividades para conmemorar esta fecha tan señalada, entre las que se encuentra la cuarta presentación del libro “Más Nosotras: una mujer, una historia, un corazón”, editado por CanariaseBook.

Después de su puesta de largo en el Espacio Violeta de la Biblioteca de la ULPGC el pasado mes de junio y de haber pasado por los municipios de Agaete y Gáldar, en septiembre   y   noviembre,   respectivamente,   la   directora   del   ‘Movimiento   Más Nosotras’, Gema Díaz, presenta en Teror esta obra que recoge los relatos de 68 “mujeres reales”, que, además, están escritos “de su puño y letra”. No hay que olvidar que varias de las protagonistas son terorenses, ya que las historias de vida de Ana María  Ferrera  Rivero,  Sebastiana  González  Naranjo,  Natividad  González  Herrero  y Lorena Umpiérrez Acosta han quedado reflejadas en su interior. 

Este acto, enmarcado en la programación de actividades para conmemorar este día, se llevará a cabo en las Oficinas de Turismo del Ayuntamiento de Teror, entre las 11:00 y las 13:00 horas, ya que también se podrá disfrutar en esta franja de varias actuaciones, la entrega de premios del concurso de fotografía, el reconocimiento a una entidad social que trabaja en el ámbito de la Violencia de Género y la lectura del manifiesto. 

Con el firme propósito de inspirar con las 68 historias de las féminas escogidas para esta primera entrega, esta propuesta se perfila como la opción ideal para todos los públicos y ámbitos, pues sus páginas albergan, entre otros, relatos culturales, educativos, igualitarios, artísticos, rurales o deportivos. Todo ello basado en la creencia de que “cualquier mujer, ya sea tu hermana o tu vecina, puede darte ese empujón que necesitas en un momento dado”, asegura Gema Díaz. 

Por último, el germen del libro data de 2017, cuando Díaz se recorría las emisoras de los municipios de la Mancomunidad del Norte de Gran Canaria para entrevistar a las primeras protagonistas. Ya en la pandemia, esta idea se trasladó al mundo digital, donde experimentó su máximo apogeo al reunir más de 300 relatos en masnosotras.com, motivo por el cual se adaptó el formato para impartir charlas de Igualdad en los centros educativos, hasta que desembocó en este libro que ya pide a gritos una segunda edición. 

En   este   sentido,   Díaz   aprovechará   para   recordar   que,   coincidiendo   con   esta celebración, se podrá disfrutar de una edición especial de esta revista digital, centrada en relatos de esta lacra social que hay que seguir visibilizando para que se pongan todos los recursos necesarios en su lucha. 

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Redacción NorteGranCanaria

En defensa de los jueces y de la separación de poderes

“Aunque incomode a la rama “sanchista” del actual gobierno social comunista” Hay momentos en la vida democrática de un país en los que uno siente que se está cruzando una línea que jamás debería tocarse. En España, esa línea es “la separación de poderes”, el principio que garantiza que el Gobierno gobierna, el Parlamento legisla y los jueces juzgan. Y sin embargo, desde hace meses, asistimos a un fenómeno inquietante, que es: “la erosión deliberada del prestigio del Poder Judicial por parte del propio Ejecutivo”, especialmente cuando las decisiones de los tribunales afectan a personas del entorno del Gobierno.   “Una deriva, la actual, demasiado preocupante” El caso del juez Juan Carlos Peinado —que ha imputado a Begoña Gómez por dos presuntos delitos— ha sido el punto de inflexión. No por la decisión judicial en sí, que podrá ser recurrida, discutida o revisada, sino por la “reacción política” que ha desencadenado el propio gobierno social comunista que preside Pedro Sánchez La portavoz del Gobierno, la ministra Elma Saiz, afirmó en rueda de prensa que la actuación del juez es una “aberración” y que la esposa del presidente es “inocente”. No dijo “presuntamente”. No dijo “según la defensa”. No dijo “lo demostrará en juicio”. Dijo inocente, como si la inocencia fuera un decreto gubernamental y no una conclusión judicial. Y se quedó tan pancha. ¡Tomaya ya ¡ Con esa frase, la ministra no solo desacredita la instrucción, sino que “insinúa que el juez prevarica”, que actúa movido por intereses políticos y que forma parte de una supuesta ofensiva contra el Gobierno. Es una acusación gravísima, impropia de un Ejecutivo democrático y profundamente dañina para la imagen de España ante el mundo, pues nos coloca a la altura de una república bananera tercermundista.   “La normalización del ataque” Lo más preocupante es que esta actitud ya no es excepcional. Ministros, portavoces, diputados y socios parlamentarios han convertido en rutina el cuestionamiento de jueces, fiscales y tribunales cada vez que una resolución no les favorece. Se ha pasado de la prudencia institucional a “la descalificación sistemática”. De respetar las decisiones judiciales a insinuar conspiraciones. De aceptar los controles del Estado de derecho a tratarlos como obstáculos políticos. Y así, poco a poco, se está alimentando una narrativa tóxica, que es la idea de que los jueces españoles actúan movidos por ideología, que responden a intereses partidistas y que forman parte de una estructura hostil al Gobierno empeñada en derribarlo como sea.   “El daño internacional” España es observada de cerca por la Unión Europea, por el Consejo de Europa y por organismos internacionales que evalúan la calidad democrática de los Estados. Cuando un Gobierno acusa a jueces de prevaricar, de actuar políticamente o de intentar “derribar al Ejecutivo”, el mensaje que se proyecta es devastador: “Que el Poder Judicial español no es independiente. Que los jueces no son profesionales. Que las instituciones están contaminadas”. Y eso es falso. Rotundamente falso. Los jueces españoles han demostrado durante décadas una profesionalidad ejemplar. Han juzgado a políticos de todos los colores, a empresarios poderosos, a miembros de la Casa Real y a delincuentes comunes, y siempre con las mismas garantías procesales. Han actuado con rigor, independencia y sometimiento exclusivo a la ley.   “El Tribunal Constitucional como excepción interesada” Resulta llamativo que, en este clima de desconfianza hacia los jueces, el único órgano que el Gobierno elogia sin reservas sea el “Tribunal Constitucional”. ¿Casualidad? No. Lo preside Cándido Conde‑Pumpido, antiguo ministro socialista y sanchista hasta decir basta. Esa selectividad en el respeto institucional es, en sí misma, una forma de presión política; como queriendo dejar claro ante su parroquia “sanchista” que, “los tribunales son legítimos solo cuando fallan a favor del Gobierno”.   “España no es una república bananera” España es un Estado de derecho consolidado. Aquí se juzga al yerno del Rey, a presidentes autonómicos, a ministros, a alcaldes y a cualquier ciudadano con las mismas garantías. Aquí no hay intocables. Aquí no hay inocencias decretadas desde un atril. Aquí la Ley es la que decide, no el Gobierno, le guste a Pedro Sánchez o no. Por eso es imprescindible defender la independencia judicial con firmeza. Porque sin jueces libres, imparciales y respetados, “la democracia se convierte en un decorado”.   “Porque el respeto institucional no es opcional” El Gobierno puede discrepar de una resolución judicial. Puede recurrirla. Puede criticarla con argumentos jurídicos. Lo que no puede —lo que jamás debe hacer— es “acusar a los jueces de actuar políticamente”, de prevaricar o de conspirar. Eso no es crítico; es “deslegitimación institucional”. Es “erosión democrática”. Es “un ataque directo al Estado de derecho”. Y España, que ha construido su prestigio jurídico con décadas de profesionalidad, no puede permitirse que su propio Gobierno sea quien lo ponga en duda. Aquí no cabe aquella famosa frase muy propia de los lideres comunistas de la república, cuando se disponían a expropiar bienes y le llegaba el turno a actuar sobre una casa de uno de ellos, exclamaban ¡ALTO CAMARADAS QUE ESTA ES DE MAMÁ!   O como decíamos en el Casino de Telde los mauros de mi pueblo, cuando jugábamos al “subastado” … ¡Tapa bien esas cartas, que se te ve la Perica chiquillo! Que estas cosas hay que hacerlas bien, de ahora para después y no me salgas diciendo  con que te hice fullera, qué… ¡Casos se han dado! ¡Qué cosas!