Dune: Parte 2
Oscars2025-05dune2

Director: Denis Villeneuve

Guion: Denis Villeneuve, Jon Spaihts y Frank Herbert

Intérpretes: Timothée Chalamet, Zendaya, Javier Bardem, Josh Brolin y Rebecca Ferguson


Sinopsis:

Segunda parte de esta saga en la que el Joven Paul Atreides tiene unas visiones que le enfrentarán a su destino. Por un lado, la de convertirse en el mesías que salve Arrakis de una Guerra Santa en el que él es el principal objetivo. Por otro, el amor que le distrae de sus objetivos para evitar la catástrofe que intuye que se apoderará de todo el universo que conocen.

Mi Crítica:

Basada en la novela de Frank Herbert, mejora la primera, pero con una diferencia abismal. Aquí se entiende todo, quiénes son los buenos y quiénes los malos. En la anterior, había tramos de la película en los que no tenía ni idea de qué estaba pasando ni quiénes eran los aliados y los enemigos. Eso, me pareció un error grave que le pasó mucha factura de espectadores al fallarle la promoción “boca a boca”. Ahora, corregido el principal error, nos enfrentamos a una historia muy entretenida, con unos planos muy épicos. Este tipo de cine, que se está perdiendo, lo tenemos que proteger. Cada vez veo menos películas con predominio de los planos generales y se echa de menos el cine de personajes en busca de la gloria. Por eso me extrañó que no estuviera nominada «Gladiator II» (Ridley Scott, 2024) que, aunque no me llegó a gustar del todo, es mejor que alguna de las que he visto entre las nominadas. Pero ya saben mi teoría sobre este cine que tenemos dominado por las plataformas audiovisuales: hay que hacer películas para televisión que son más baratas de producir y dan el mismo rendimiento en pantalla que las majestuosas producciones históricas.

            Dune es un alegato contra el radicalismo religioso, contra el capitalismo voraz que arrasa zonas que esquilmar para seguir manteniendo su alto nivel de vida a cambio de sumir en la pobreza a otros pueblos (¿les suena de algo?) y, también, una historia de amor que no se me hizo ñoña, como en la mayoría de las películas comerciales. La trama principal es la llegada del Mesías, lo que la acerca al parecido con la tradición cristiana. Y los malos, por supuesto, son los integristas que nos intentan evocar al fundamentalismo religioso de Oriente. ¿Los invasores buscando la preciada “especia” no les recuerda a los rusos invadiendo el Dombás ucraniano por su carbón y sus metales, entre otras guerras, sobre todo en África?

            Denis Villeneuve, su director, no está nominado. Cabría en el reparto, pero este año la competencia es grande y hay cinco buenos trabajos a los que premiar. Creo que intentar ser un poco menos arriesgado le vendría genial. Me gustó mucho «La llegada» (2016), pero me parecieron muy fallidas «Blade Runner 2049» (2017) y «Dune» (2021). Esta cinta puede ser una de las perdedoras de la noche. Me apenaría. Quizás los Óscar técnicos le den algo de respiro, como ya pasó en 2022 con la primera parte que se llevó la fotografía, el sonido, los efectos especiales, el diseño de producción, el montaje y la banda sonora de Hans Zimmer. Hubo mucha controversia este año con la no-nominación a este último apartado. Y es que las normas ponen que la banda tiene que ser original para la película y, en este caso, está muy basada en la anterior, con lo cual, ya no es tan original. Aun así, apuesto por ella en estos apartados.

            De los actores comentaré que Timothée Chalamet está nominado al Óscar, pero no por esta pelí, sino por “Un completo desconocido” (James Mangold, 2024), el biopic de la conversión de Bob Dylan a la guitarra eléctrica. A mí este chico me encanta pese a su inexpresividad. Sabe elegir bien los papeles. De ganar, sería el actor más joven de la historia en hacerlo al Mejor Actor Principal. El récord lo ostenta Adrien Brody, que intentará mantenerlo al estar nominado por “The Brutalist” (Brady Corbet, 2024). No he visto, todavía, ninguna de las dos interpretaciones, así que no me mojo. De Zendaya no me gusta opinar; no soy objetivo. Me enamoré de ella la primera vez que la vi en “El gran showman” (Michael Gracey, 2017) y todo lo que hace me parece genial. Aquí, entre ella y Timothée, consiguen que me crea una historia de amor que, por lo general, me suele producir grima. Y los papeles secundarios de Javier Bardem y Josh Brolin, geniales, sin duda.

            En definitiva, una película de las que me gustan, de las que hay que ir a ver a la sala de cine para aprovechar toda su magnificencia, de las que las plataformas de televisión están intentando erradicar, de las del riesgo de producción… Esas, esas son las que me gustan.

NOTA: Una severa crítica a los radicalismos económicos y religiosos… Le pongo un 9.


5 NOMINACIONES:
Mejor Película
Mejor Fotografía (Greig Fraser)
Mejor Sonido (Gareth John, Richard King, Ron Bartlett, Doug Hemphill)
Mejores Efectos Especiales (Paul Lambert, Stephen James, Rhys Salcombe, Gerd Nefzer)
Mejor Dirección de Arte (Patrice Vermette (Diseño de Producción) y Shane Vieau (Decoración))

Más críticas en: https://luisalbertoserrano.wordpress.com/oscars-2025

LUIS ALBERTO SERRANO
@luisalserrano @MiPropiaLuna

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Articulos
Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche