En el DĂa Mundial de la EnfermerĂa, hay historias que merecen ser contadas con lágrimas en los ojos y gratitud en el alma. Hoy, honramos a l@s enfermer@s oncolĂłgicos, profesionales que transforman la ciencia en consuelo y convierten cada gesto en un acto de resistencia contra el dolor.
La ciencia como acto de humanidad
Dominan protocolos complejos, cálculos exactos, tĂ©cnicas que salvan vidas… pero su verdadera maestrĂa está en sostener la mirada cuando el miedo paraliza, en ajustar una manta sobre hombros temblorosos despuĂ©s de la quimioterapia, en escuchar el silencio que grita más fuerte que el dolor. Cada vial que preparan lleva algo invisible: el coraje de seguir.
El alma que no claudica
ÂżCĂłmo explicar lo que significa acompañar a un niño a entender por quĂ© se le cae el pelo? ÂżO encontrar las palabras cuando un paciente pregunta «¿cuánto tiempo me queda?»? L@s enfermer@s oncolĂłgicos cargan con historias ajenas como propias, con lágrimas que no se derraman en pĂşblico y sonrisas que se regalan incluso en los dĂas más oscuros. No son figuras mitolĂłgicas; son personas que eligen estar ahĂ, cuando más se las necesita.
Un grito ahogado: ¡Necesitamos más manos!
Hoy, su lucha tiene otra cara invisible:
Hospitales colapsados, donde el tiempo nunca alcanza y las listas de espera crecen más rápido que las soluciones.
Equipos al lĂmite, que regresan turno tras turno porque saben que su ausencia dejarĂa un vacĂo imposible de llenar.
Falta de personal, que convierte el cuidado en una carrera contra el reloj, donde lo humano lucha por no perderse entre tanta urgencia.
Este no es solo un reconocimiento. Es un llamado a la acciĂłn:
🔹 A reforzar las plantillas, porque ningĂşn profesional deberĂa tener que dividirse en tres para atender a quienes les necesitan.
🔹 A proteger su bienestar, porque cuidar de otros no puede significar descuidarse a sà mismos.
🔹 A valorar su trabajo, no con palabras vacĂas, sino con los recursos y el apoyo que realmente necesitan.
Hoy, reconocemos su labor. Y mañana… debemos hacer más.