Folclore En Marmolejos
Folclore En Marmolejos
Cabuqueros y Cebolleros llevan a Marmolejo las tradiciones del pueblo canario por San Juan

Las tradiciones del pueblo canario, se pusieron en la tarde noche de ayer veintitrés de junio, mediante: los cantos, toques, bailes vestimenta, gastronomía, etc. todo esto sucedió en la plaza del barrio galdense de Marmolejo, la cual acogió las actuaciones folclóricas del G.F. Los Cebolleros en el toque y canto y el grupo organizador del acto en el baile la A.F.B. Los Cabuqueros de Arucas.

Durante una hora, el numeroso público que se dio cita en la Fiesta Típica Canaria disfrutó durante más de una hora de la música que interpretó el grupo Los Cebolleros, donde no faltó: Folías, Isas, Pasodoble, Seguidillas, Polcas, Camino de Marmolejo o Somos Costeros. Cabe resaltar el carácter inclusivo del acto, puesto que se contó con la presencia de varios menores de origen africano, los cuales disfrutaron la de actuación y compartieron la comida.

El destacado acto concluyó con un brindis popular que disfrutaron todos los asistentes donde no faltó, papas arrugás con mojo, huevos duros, queso, vino, cochafisco, pan con chirizo etc.

De esta manera tan tradicional, tanto Los Cabuqueros como el barrio de Marmolejo mediante su asociación de vecinos “El Bermejal”, quisieron celebrar la festividad de San Juan, tan arraigada a la sociedad canaria

Bajo la organización de la A.F.B. Los Cabuqueros de Arucas que por segundo año consecutivo celebró la “Fiesta Típica Canaria”, la cual cuenta con la colaboración logística de la A.V. “El Bermejal” de Marmolejo que convocó a sus vecinos y público en general a participar de este “Encuentro Vecinal”,  con el claro propósito de dinamizar el barrio y, que contó con el patrocinio de la Consejería de Presidencia y Movilidad Sostenible del Cabildo de Gran Canarias, dentro de la convocatoria dirigida a asociaciones sin ánimo de lucro, para la realización de actividades y proyectos que fomenten la promoción del movimiento asociativo y la convivencia ciudadana 2025.

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Julio Marino
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1º de Mayo: Cuando la historia interpela al presente

El Día Internacional de los Trabajadores no es una efeméride más. Es una fecha que, cada año, nos obliga a detenernos y mirar de frente una verdad incómoda: la historia del trabajo es la historia de un conflicto permanente entre quienes producen la riqueza y quienes la administran, la reparten o la acumulan. Esa tensión, lejos de ser un vestigio del pasado industrial, sigue definiendo buena parte de las dinámicas laborales del siglo XXI. Para entender la fuerza simbólica del 1º de Mayo hay que volver a Chicago, 1886. A una ciudad que hervía de fábricas, inmigración y desigualdad. A un movimiento obrero que, harto de jornadas de hasta 14 horas, decidió exigir algo tan básico como la jornada de ocho. La huelga, la represión, la revuelta de Haymarket y la ejecución de varios sindicalistas marcaron un punto de inflexión. Aquellos hechos no solo alumbraron una fecha: alumbraron una conciencia; la conciencia de que la dignidad laboral no se concede, se conquista. Más de un siglo después, el 1º de Mayo sigue siendo un espejo. Lo que refleja hoy es un paisaje laboral profundamente transformado, pero atravesado por tensiones que resultan inquietantemente familiares. La sombra de la precariedad La economía global ha cambiado de forma radical. La digitalización, la automatización, la transición ecológica y la reorganización de las cadenas de valor han reconfigurado el empleo; sin embargo, estos cambios no han venido acompañados, en todos los casos, de una mejora equivalente en las condiciones de vida de quienes trabajan. La precariedad se ha extendido como una sombra persistente: contratos temporales, jornadas parciales involuntarias, salarios que no acompañan el coste de la vida e incertidumbre permanente. La brecha salarial, especialmente para mujeres y jóvenes, sigue siendo una herida abierta. Además, la fragmentación del mercado —con trabajadores de plataformas, falsos autónomos y empleos intermitentes— ha debilitado la capacidad de negociación de amplios sectores. La paradoja es evidente: nunca se ha producido tanta riqueza, y nunca ha sido tan evidente que esa riqueza no se distribuye de forma equitativa. El desafío tecnológico: ¿Progreso para quién? La digitalización es uno de los grandes vectores de cambio. Puede mejorar la productividad y reducir tareas repetitivas, pero también puede convertirse en un instrumento de control e intensificación si no se regula adecuadamente. El teletrabajo, por ejemplo, ha demostrado su potencial para conciliar, pero también ha difuminado fronteras y extendido jornadas. Por su parte, la inteligencia artificial puede aumentar la eficiencia, pero también desplazar empleos o precarizarlos si no se acompaña de formación y protección. El 1º de Mayo obliga a plantear una pregunta esencial: ¿Progreso en qué condiciones? La tecnología no es neutral; su impacto depende de decisiones políticas, empresariales y sociales. Una llamada a la acción Desde una perspectiva institucional, este día recuerda que el Estado no puede limitarse a observar. Debe actuar y garantizar que el progreso económico se traduzca en progreso social. El diálogo social —entre gobiernos, sindicatos y empresas— no es un trámite, es una herramienta imprescindible para evitar que los cambios generen exclusión. Pero el 1º de Mayo también tiene una dimensión combativa que no debe diluirse. No es aceptable que la precariedad se normalice, ni que la juventud viva con menos expectativas que generaciones anteriores. No es aceptable que la tecnología se utilice para intensificar ritmos en lugar de mejorar la vida. Esta fecha no es nostalgia; es una advertencia. Una llamada a no dar por sentado lo que costó generaciones conquistar. Una invitación a construir un futuro donde el trabajo no sea un factor de vulnerabilidad, sino un pilar de dignidad. Porque la historia lo demuestra: cuando los trabajadores avanzan, avanza toda la sociedad. Y cuando retroceden, retrocedemos todos. ¡Qué cosas!