Mural De Jesús Arencibia En El Salón De Plenos Del Cabildo De Gran Canaria
Mural De Jesús Arencibia En El Salón De Plenos Del Cabildo De Gran Canaria
Fabio García Saleh profundiza en el simbolismo de los murales de Jesús Arencibia
  • El taller ‘Cuarteto de luz y sombra. Los murales de Jesús Arencibia’ se celebrará los días 15, 22 y 29 de abril y 6 de mayo, a las 19:00 horas, en distintas localizaciones de la capital grancanaria 

La Casa-Museo Antonio Padrón organiza el taller ‘Cuarteto de luz y sombra. Los murales de Jesús Arencibia’, una propuesta cultural que invita al público a adentrarse en el universo creativo de uno de los muralistas más destacados de Canarias a través de un recorrido guiado por algunas de sus obras más representativas.

La actividad, de carácter divulgativo, será impartida por el profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y escritor Fabio García Saleh y se desarrollará en cuatro sesiones los miércoles 15, 22 y 29 de abril y 6 de mayo, a las 19:00 horas. La actividad es gratuita y de acceso libre hasta completar aforo.

Cada jornada tendrá lugar en una localización diferente y ofrecerá una explicación in situ que permitirá contextualizar históricamente los murales y desentrañar los significados simbólicos y elementos ocultos presentes en ellos.

El itinerario incluye el Salón Arencibia del Hotel Santa Catalina, el Salón de Actos del Colegio Oficial de Médicos, el Salón de Plenos del Cabildo de Gran Canaria y el Paraninfo del Rectorado, espacios emblemáticos que conservan parte del legado artístico de Jesús Arencibia. Esta propuesta busca acercar al público a obras que, en muchos casos, pasan desapercibidas pese a su relevancia patrimonial y artística.

A lo largo del taller, las personas asistentes podrán descubrir las claves estéticas y conceptuales que definen la producción mural de Arencibia, así como su relación con corrientes artísticas, referencias históricas y elementos simbólicos vinculados al imaginario cultural de su tiempo. La actividad plantea, además, una lectura contemporánea de su obra, poniendo en valor su vigencia y su capacidad para dialogar con el presente.

El taller se enmarca también en una línea de reivindicación del legado de Jesús Arencibia, considerado, junto a Néstor de La Torre y Santiago Santana, una de las figuras fundamentales del muralismo en Canarias. Su obra, caracterizada por una profunda sensibilidad y una cuidada construcción simbólica, constituye un testimonio clave para comprender la evolución del arte en el archipiélago durante el siglo XX.

Sobre Fabio García Saleh 

Fabio García Saleh (Las Palmas de Gran Canaria, 1972) es doctor en Filología Inglesa y profesor en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, donde imparte Historia del Reino Unido, así como Lengua y Literatura Inglesa. Compagina su labor docente con la escritura y la divulgación cultural, colaborando habitualmente en la prensa canaria con la sección ‘Crónicas de un rompesuelas’, dedicada a rescatar episodios poco conocidos de la historia insular.

Especialista en las relaciones entre arte, literatura y esoterismo, es autor de ensayos como El tesoro oculto del conde de Montecristo (2014) y Revelaciones ocultas. Las enseñanzas secretas de Néstor y Dalí (2017). Recientemente ha publicado su primera novela, El banquete de las brujas, una obra que fusiona historia, mitología y simbolismo, y que conecta directamente con el enfoque interpretativo que propone en este taller.

Sobre Jesús González Arencibia

Jesús González Arencibia (Tamaraceite, 1910–1993) desarrolló una extensa trayectoria como pintor y muralista, con un total de 17 grandes murales realizados a lo largo de su vida, tanto en espacios religiosos como en edificios institucionales. Formado en la Escuela Luján Pérez y en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, ejerció también como docente durante décadas en la Escuela de Magisterio de Las Palmas.

Entre los reconocimientos que recibió destacan el segundo premio en la Bienal de Bellas Artes del Gabinete Literario de Las Palmas en 1942, así como la Medalla de Bronce en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En 1954 obtuvo el primer premio en la VI Bienal Regional de Bellas Artes, y en 1990 fue nombrado Académico Numerario por la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, consolidando así su relevancia dentro del panorama artístico canario. 

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Antonio Cerpa Y Rodrigo Trujillo
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El Camellero y el Desierto

Los añorados ochenta del milenio pasado, esos mismos que los más veteranos del lugar recordamos con una visión distorsionada, cargándonos de imágenes y anécdotas que nuestras mentes empiezan a dibujar con trazos cada vez más idealizados e irreales, haciendo propio aquello de «cualquier tiempo pasado fue mejor», también contaban con desiertos culturales donde las oportunidades de manifestarse creativamente se antojaban más crudas que hoy en día. Ahora, las nuevas tecnologías y las redes sociales muestran oasis donde muchos —quizás más de los llamados— tienen la oportunidad de mostrar su talento y creatividad, o la falta de ambos. Aquellos duros desiertos de soledad y falta de oportunidades se intentaban paliar con mucho ingenio y pocos medios. Proliferaron los fanzines de todo tipo: algunos básicos, rayando el panfleto artesanal de fotocopias de instituto, y otros con una calidad que podía pasar por una publicación profesional. Eran los años de la Movida madrileña, que marcó muchas de las pautas de estas publicaciones artesanales. En nuestro archipiélago, «La Hormiga de Pan», en Tenerife, se dispuso a cruzar ese desierto árido que se plantaba delante de las inquietudes artísticas de los amantes del cómic; pero fue un auténtico Camello, en Gran Canaria, quien cruzó la playa de Las Canteras, las dunas de Maspalomas y cualquier arenal que se interpusiese en la creatividad de los jóvenes talentos de la isla. Había nacido «Un fanzín llamado Camello», fruto de la inquietud de algunos talluditos amantes del cómic. Destacaba como cabeza visible, siempre en un discreto segundo plano, Rodrigo Trujillo Rivero, amante del cómic clásico, profundo conocedor del medio y en contacto con muchos profesionales de la época. Gracias a él, en las páginas de Camello los aficionados del lugar tuvieron la oportunidad de codearse con profesionales de la talla de Alberto Manrique de Lara, Perera, Comas Quesada, Azpiri, Espallardo, Das Pastoras, Juan Giménez… Algunos de aquellos aficionados tomaron este fanzín como un banco de pruebas donde adquirir rodaje y experiencia artística que, de una manera u otra, les sirviera para su futuro deambular en el medio. 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Relataba que el nombre del fanzín se le ocurrió mientras echaba profundas caladas a su marca de cigarrillos preferida, Camel, y que nada tenía que ver con otro tipo de camellos dedicados a actividades delictivas. Rodrigo Trujillo puso la coletilla definitiva con aquello de «Un fanzín llamado…», haciendo un guiño a la famosa película Un hombre llamado Caballo, estrenada a principios de la década de los setenta. Y es como he dicho: Rodrigo era un amante de los clásicos. Fueron entrañables años de camaradería artística entre jóvenes cargados de ilusión; recuerdos empañados de nostalgia, a golpes de refresco, en aquellas reuniones de la desaparecida cafetería Triana, hablando de cómics, enseñando páginas y dibujos. Hasta que, un mal día, agotado por la sobrecarga de la vida, por el peso del papel impreso o, peor aún, por el amargo sabor de la tinta china, nuestro camello, con trece fatídicos números en sus corcovas, dejó de caminar y ante nosotros se abrió nuevamente la sequedad del desierto infinito. Han pasado más de cuarenta años. Rodrigo Trujillo continuó durante ese tiempo con su callada labor de estudio, recuperación y publicación artesanal de obras clásicas del cómic, una labor impagable solo valorada por quienes saben apreciar las verdaderas joyas y el trabajo bien hecho. 0En los últimos años mi relación con él era puntual y, hace poco me enteré por su hijo que, en Noviembre del pasado año 2025, Rodrigo había partido con su camello hacia las dunas preñadas de estrellas. Sentí nuevamente la tristeza del desierto profundo. Se fue como siempre vivió: caminando de puntillas y descalzo para no hacer ruido. Él, que tanto sabía de zapatos y tantos vendió a lo largo de su vida; el amante del dibujo que, sin saber trazar una línea, tantos buenos consejos sabía dar en este campo; el amigo socarrón que contaba historias como nadie y del que tanto aprendíamos todos; el hombre culto que nunca presumió de su sabiduría y que tanto nos enseñó; el jinete, el camellero sin cuya guía aquel fanzín nunca hubiese sido lo que fue. Ahora estará en algún oasis a la espera de nuevas aventuras, compartiendo anécdotas con personajes de historietas y dibujantes que partieron antes que él, hablando de acuarelas con Alberto Manrique o con Comas Quesada, o de viñetas con el gran Azpiri. Suele ocurrir. «El púgil enmascarado», como le gustaba firmar sus artículos por su amor al boxeo, disciplina de la que fue entrenador, gustaba de preparar a todos en la sombra mientras reservaba para sí el eterno anonimato. Lo fue también en su labor cultural. Llegó a tener dos librerías especializadas en cómic en Las Palmas: Cuto y Nemo, clásicos siempre, como él mismo. Rodrigo Trujillo, entregado a sus aficiones culturales y a sus amigos, quienes no deberíamos olvidar nunca a aquellos que, por humildad, escogieron el anonimato y tanto bien hicieron amaestrando camellos que nos llevaron a oasis de esperanza. Va por tu recuerdo, Rodrigo.