Presentación Del Libro De Manuel Garcia Morales
Presentación Del Libro De Manuel Garcia Morales
Crónica de una noche inolvidable: El Casino de Gáldar se rinde ante el misterio y la maestría de «El Piano del Hotel Saturnia»

La presentación de la última novela de Manuel García Morales se convirtió ayer en un hito cultural para el municipio, destacando la brillante labor de Ángel Ruiz Quesada como maestro de ceremonias en una velada donde la música y la palabra se fundieron en un abrazo perfecto.

Hay tardes en las que el tiempo parece detenerse, y lo que ocurrió ayer en los salones de la histórica Sociedad de Fomento, Instrucción y Recreo Casino de Gáldar fue, sin duda, uno de esos momentos. En el marco de su 179.º aniversario, la institución no solo presentó un libro; ofreció una experiencia sensorial que transportó a los asistentes desde el corazón de Gran Canaria hasta los canales de una Venecia suspendida en la memoria.

La maestría de Ángel Ruiz Quesada al frente del acto

Si hubo un nombre que brilló con luz propia durante la jornada, más allá del propio autor, fue el de Ángel Ruiz Quesada. Como máximo responsable del área de Cultura del Casino, Ruiz Quesada no se limitó a cumplir con el protocolo; ejerció de hilo conductor con una elegancia y una fluidez que elevaron el acto a la categoría de acontecimiento artístico.

Su conducción fue, en palabras de muchos de los presentes, «magistral». Con un pulso firme pero cargado de sensibilidad, supo equilibrar los tiempos, entrelazar las intervenciones y generar un clima de intimidad y respeto que permitió que la literatura de Manuel García Morales respirara. Ruiz Quesada ha vuelto a demostrar por qué es el motor fundamental de la renovación cultural del norte de la isla, consolidando al Casino como un faro de excelencia donde la forma es tan importante como el fondo.

Un viaje entre cartas y partituras

La obra protagonista, «El Piano del Hotel Saturnia» (Edigeca), caló hondo en el público. La novela de Manuel García Morales rescata del olvido una historia de amor y guerra, la de Elizabeth Miller y el soldado Joe Stern. El autor, visiblemente emocionado por el acogimiento, desgranó algunos de los secretos de esas doce cartas reales que inspiraron la trama, descubiertas tras ochenta años de silencio en el interior de un piano.

Acompañando al autor, el dramaturgo Javier Estévez aportó la nota analítica y técnica, desglosando la estructura narrativa de la obra y destacando la capacidad de García Morales para capturar la melancolía de la Suite Bergamasque de Debussy en cada página.

Una atmósfera para los sentidos

La presentación no habría sido la misma sin la banda sonora que ayer acarició las paredes del Casino. La pianista Alicia González de la Fe y el trompetista José Vicente Araña ofrecieron una interpretación que fue mucho más que un acompañamiento. Sus notas sirvieron para materializar el espíritu del libro, permitiendo que el público no solo escuchara hablar de la novela, sino que la sintiera a través de la música.

El evento concluyó con una prolongada ovación y la sensación de que Gáldar sigue siendo un refugio vital para las artes. La velada de ayer no fue solo la presentación de un libro exitoso; fue la confirmación de que, cuando la gestión cultural se hace con la pasión y la profesionalidad que demostró Ángel Ruiz Quesada, la literatura se convierte en un evento vivo, necesario y profundamente conmovedor.

  • Obra: El Piano del Hotel Saturnia

  • Autor: Manuel García Morales

  • Intervinientes: Ángel Ruiz Quesada (Presentador), Javier Estévez (Dramaturgo), Alicia González de la Fe (Piano) y José Vicente Araña (Trompeta).

  • Lugar: Casino de Gáldar.

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter

Julio Marino
Articulos
NGC

1º de Mayo: Cuando la historia interpela al presente

El Día Internacional de los Trabajadores no es una efeméride más. Es una fecha que, cada año, nos obliga a detenernos y mirar de frente una verdad incómoda: la historia del trabajo es la historia de un conflicto permanente entre quienes producen la riqueza y quienes la administran, la reparten o la acumulan. Esa tensión, lejos de ser un vestigio del pasado industrial, sigue definiendo buena parte de las dinámicas laborales del siglo XXI. Para entender la fuerza simbólica del 1º de Mayo hay que volver a Chicago, 1886. A una ciudad que hervía de fábricas, inmigración y desigualdad. A un movimiento obrero que, harto de jornadas de hasta 14 horas, decidió exigir algo tan básico como la jornada de ocho. La huelga, la represión, la revuelta de Haymarket y la ejecución de varios sindicalistas marcaron un punto de inflexión. Aquellos hechos no solo alumbraron una fecha: alumbraron una conciencia; la conciencia de que la dignidad laboral no se concede, se conquista. Más de un siglo después, el 1º de Mayo sigue siendo un espejo. Lo que refleja hoy es un paisaje laboral profundamente transformado, pero atravesado por tensiones que resultan inquietantemente familiares. La sombra de la precariedad La economía global ha cambiado de forma radical. La digitalización, la automatización, la transición ecológica y la reorganización de las cadenas de valor han reconfigurado el empleo; sin embargo, estos cambios no han venido acompañados, en todos los casos, de una mejora equivalente en las condiciones de vida de quienes trabajan. La precariedad se ha extendido como una sombra persistente: contratos temporales, jornadas parciales involuntarias, salarios que no acompañan el coste de la vida e incertidumbre permanente. La brecha salarial, especialmente para mujeres y jóvenes, sigue siendo una herida abierta. Además, la fragmentación del mercado —con trabajadores de plataformas, falsos autónomos y empleos intermitentes— ha debilitado la capacidad de negociación de amplios sectores. La paradoja es evidente: nunca se ha producido tanta riqueza, y nunca ha sido tan evidente que esa riqueza no se distribuye de forma equitativa. El desafío tecnológico: ¿Progreso para quién? La digitalización es uno de los grandes vectores de cambio. Puede mejorar la productividad y reducir tareas repetitivas, pero también puede convertirse en un instrumento de control e intensificación si no se regula adecuadamente. El teletrabajo, por ejemplo, ha demostrado su potencial para conciliar, pero también ha difuminado fronteras y extendido jornadas. Por su parte, la inteligencia artificial puede aumentar la eficiencia, pero también desplazar empleos o precarizarlos si no se acompaña de formación y protección. El 1º de Mayo obliga a plantear una pregunta esencial: ¿Progreso en qué condiciones? La tecnología no es neutral; su impacto depende de decisiones políticas, empresariales y sociales. Una llamada a la acción Desde una perspectiva institucional, este día recuerda que el Estado no puede limitarse a observar. Debe actuar y garantizar que el progreso económico se traduzca en progreso social. El diálogo social —entre gobiernos, sindicatos y empresas— no es un trámite, es una herramienta imprescindible para evitar que los cambios generen exclusión. Pero el 1º de Mayo también tiene una dimensión combativa que no debe diluirse. No es aceptable que la precariedad se normalice, ni que la juventud viva con menos expectativas que generaciones anteriores. No es aceptable que la tecnología se utilice para intensificar ritmos en lugar de mejorar la vida. Esta fecha no es nostalgia; es una advertencia. Una llamada a no dar por sentado lo que costó generaciones conquistar. Una invitación a construir un futuro donde el trabajo no sea un factor de vulnerabilidad, sino un pilar de dignidad. Porque la historia lo demuestra: cuando los trabajadores avanzan, avanza toda la sociedad. Y cuando retroceden, retrocedemos todos. ¡Qué cosas!