Inicio Exposición Pleito La Aldea
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Tasarte acoge el inicio del recorrido itinerante de la exposición “La Aldea, Historia Viva de un Pleito”
  • La muestra, incluida en la programación del Centenario del Pleito de La Aldea, recorrerá los distintos barrios del municipio para acercar a la ciudadanía la memoria colectiva y el legado histórico de este episodio

El Salón de Usos Múltiples de Tasarte acogió este martes la apertura de la exposición itinerante “La Aldea, Historia Viva de un Pleito”, una propuesta cultural y divulgativa impulsada por el Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás, a través de la Concejalía de Patrimonio Histórico, dentro de la programación conmemorativa del Centenario del Pleito de La Aldea.

La muestra, que fue presentada inicialmente en el Centro de Interpretación de Caserones, comienza ahora el recorrido previsto por los distintos barrios del municipio con el objetivo de acercar a toda la población el conocimiento de uno de los episodios más significativos de la historia aldeana. A través de vídeos, paneles informativos, fotografías históricas y material documental, la exposición ofrece una visión detallada del contexto, desarrollo y trascendencia del conocido Pleito de La Aldea.

La muestra cuenta con la colaboración del Instituto Insular para la Gestión Integrada del Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria y pone en valor la memoria colectiva de generaciones de aldeanos y aldeanas que protagonizaron una larga lucha por sus derechos y por el desarrollo de su pueblo.

El acto contó además con la participación del cronista oficial de La Aldea, Francisco Suárez Moreno, quien compartió con los asistentes su conocimiento sobre este importante capítulo de la historia local, aportando contexto y reflexión sobre el significado que el Pleito sigue teniendo para la identidad colectiva del municipio.

El alcalde de La Aldea de San Nicolás, Pedro Suárez, subrayó que “el Pleito de La Aldea constituye uno de los ejemplos más importantes de unidad, perseverancia y compromiso colectivo de nuestra historia”. En este sentido, afirmó que “iniciativas como esta contribuyen a mantener viva la memoria de aquellas generaciones y a reforzar el vínculo de vecinos y vecinas con el patrimonio histórico y cultural de nuestro municipio”.

Por su parte, la concejala de Patrimonio Histórico, Ingrid Navarro, destacó que “esta exposición representa una magnífica oportunidad para acercar nuestra historia a la ciudadanía y para seguir divulgando un episodio que forma parte de la memoria y de la identidad de La Aldea”. Asimismo, señaló que “conocer nuestro pasado nos permite valorar el esfuerzo de quienes nos precedieron y comprender mejor el camino recorrido como comunidad”.

Desde el Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás se anima a la ciudadanía a visitar esta exposición en las distintas localizaciones que recorrerá durante los próximos meses, consolidándose como una herramienta de divulgación histórica que contribuye a preservar y difundir uno de los acontecimientos más relevantes de la memoria colectiva aldeana.

 

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Crecí escuchando a mis abuelos hablar sobre la magia de la Noche de San Juan. Les encantaba contarme historias sobre mares que hablaban, llamas que mostraban recuerdos o situaciones que se debían dejar atrás y sobre voces antiguas que se mezclaban con el rumor de las olas y que solo se escuchaban a medianoche. Disfrutaba mucho escuchándoles, pero nunca creí ni una sola de sus palabras… hasta anoche. La Playa de Sardina todavía estaba vacía cuando llegué. A lo lejos, en el muelle, preparaban los últimos fuegos artificiales y el ambiente empezaba a oler a hoguera. Algunas personas reían, otras bailaban y otras terminaban de escribir sus deseos en pequeños trozos de papel que más tarde entregarían al fuego. El mío descansaba doblado dentro de mi bolsillo. Pero no era un deseo, sino una despedida. Llevaba algunos meses sintiéndome triste y algo me decía que nada tenía que ver conmigo. Varias sesiones de terapia después, entendí que mi dolor era demasiado antiguo, heredado quizá de mujeres que habían venido antes que yo, de un linaje que calló mucho, amó sin ser correspondido o murió esperando. Me acerqué a la orilla. Aquella noche la Luna parecía enorme y lucía más brillante que de costumbre. El mar reflejaba su imagen plateada sobre la superficie dibujando un sendero de estrellas. Entonces ocurrió. Una ráfaga de viento apareció de la nada y me acarició el cabello y a mi alrededor el aire se llenó de sal, romero y sahumerio. Cerré los ojos y agudicé el resto de sentidos. Una voz de mujer, suave y bajita, me habló al oído: —Llegó la hora, mi niña. Abrí los ojos y no había nadie, solos el mar y yo, respirando frente a frente. Sentí un escalofrío. Me metí la mano en el bolsillo y saqué el papel. Después lo acerqué al fuego y me quedé mirando con atención cómo era devorado por las llamas sintiendo, al mismo tiempo, que algo pesado abandonaba mi pecho. Aquella noche comprendí la magia a la que se referían mis abuelos. Ellos no hablaban de fantasmas o hechicerías, sino de atreverse a soltar, a cerrar puertas y dejar ir, a confiar en lo que está por venir, a renacer. Cuando el reloj marcó las doce, el cielo se llenó de colores y yo me metí en el agua. Las olas acogieron mis tobillos con amor, la Luna iluminaba mi piel y, durante apenas unos instantes, juré haber visto decenas de figuras femeninas rodeándome. Brujas, curanderas o, quizá, mujeres sabias; esas que, generación tras generación, habían encendido fuegos allí, en el mismo lugar, para recordar quiénes eran realmente. Me miraron, sonrieron y desaparecieron. Desde entonces, cada Noche de San Juan regresó al mar para recordar que, igual que las llamas consumen la madera y las olas borran las huellas de la arena, también nosotros tenemos derecho a dejar de ser lo que solíamos ser, borrar el pasado y todo lo que ya no somos ni nos pertenece para poder convertirnos, un poco más cada año, en la mejor versión de nosotros. Porque hay momentos especiales durante los que el Universos se acuerda de nosotros y permite que abramos una puerta, y la Noche de San Juan es un de ellas.