El Ayuntamiento de Guía lamenta la muerte de Eugenio Suárez-Galbán Guerra, Hijo Adoptivo de la ciudad
Eugenio Suárez Galbán Guerra, Hijo Adoptivo De Guía
Eugenio Suárez Galbán Guerra, Hijo Adoptivo De Guía
  • Nacido en Nueva York, fue profesor de Literatura en diferentes universidades internacionales y acredita una trayectoria de más de treinta años como crítico, ensayista, novelista y poeta
  • En el año 2001 ofreció en el Teatro Hespérides uno de los pregones más hermosos y entrañables que se recuerdan de las fiestas patronales de La Virgen 

El Ayuntamiento de Guía lamenta profundamente el fallecimiento del Hijo Adoptivo de esta Ciudad, Eugenio Suárez-Galbán Guerra.  El alcalde, Alfredo Gonçalves Ferreira,  ha mostrado su más sincero pésame y apoyo a sus familiares, amigos y allegados en nombre de toda la Corporación municipal tras confirmarse la noticia de su muerte este jueves en EEUU donde residía.

Descendiente de una familia guiense que emigró a Cuba en la segunda mitad del siglo XIX era, además de licenciado en Sociología por el Colegio de Boston, doctor en Filología Románica por la Universidad de Nueva York, en cuya ciudad nació en 1938. Como estudiante en la Universidad de Nueva York tuvo como profesores a Francisco Ayala, Ernesto Da Cal, Carmen Aldecoa o José Olivio Jiménez que, exiliados, le abrieron los ojos de otra España.  Vino por primera vez a España tras la Segunda Guerra Mundial.

Becado en 1963 con la Beca Huntington en la Facultad de Filosofía y Letras y compañero de estudios de Dámaso Alonso y Rafael Lapesa, su tesina sobre el Lazarillo de Tormes (dirigida por José Ares Montes) recibe el Premio Huntington 1964.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Doctorado por la Universidad de Nueva York en 1967, volvió a España para quedarse definitivamente en 1975, tras la muerte de Franco. En 1982 gana el Premio Sésamo con “Balada de la guerra hermosa”, a la que sigue “Como una brisa triste” en 1986.

 

Cultivó diversos géneros, publicando varios libros de poesía (“Lima, Lezama” y “Última soledad de César Vallejo y otras soledades”). Admirador de este poeta, en 2002 publica “Los potros de bárbaros atilas y otros cuentos”.

Su estrecha vinculación con el municipio de Guía le llevó incluso a situar en varias ocasiones a sus personajes en este municipio. Como crítico literario fue un profundo conocedor de la obra poética de otro ilustre guiense, Manuel González Sosa. Fue pregonero de las Fiestas Patronales de La Virgen 2001, brindando en el Teatro Hespérides uno de los pregones más hermosos y entrañables que se recuerdan de las Fiestas Mayores de este municipio.

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Redacción NorteGranCanaria

Venezuela y… ¿Qué hay de lo mío?

Venezuela y… ¿Qué hay de lo mío? “Escribo este articulo con mi pluma mojada en salitre, mi amor por Venezuela; segunda patria, y el faro del corazón encendido”.   Por: Julio César González Padrón Hay países que no navegan, sobreviven. Países que avanzan como cascos agujereados, remendados con promesas rotas, empujados por un pueblo que ya no rema por esperanza, sino por pura supervivencia. Venezuela, mi Venezuela del alma, es uno de ellos. Un barco que lleva años atrapado en una tormenta que no figura en ningún atlas, una tormenta que el mundo observa desde la distancia como quien mira un naufragio ajeno y decide que no es asunto suyo. Un barco a quien tanto debemos los españoles y muy especialmente los canarios. El 3 de enero, la operación “Resolución Absoluta” del ejército estadounidense, detuvo al dictador Nicolás Maduro y a su esposa Delcy Rodríguez. El mundo entero creyó escuchar el crujido del casco chavista partiéndose en dos. Muchos venezolanos, agotados de remar contra la miseria, sintieron que por fin la tormenta cedía, que el horizonte se abría, que la historia —esa vieja capitana caprichosa— había decidido mover ficha. Pero ocho meses después, la mar —que nunca engaña— nos escupe la verdad en la cara y “el régimen chavista sigue en pie”. No solo en pie, sino que “más vivo y sano que nunca”, sostenido por intereses extranjeros, por silencios cómplices, cobardes y por mediadores que ya no meden, sino que protegen. Washington, con Donald Trump al timón, ha demostrado que la democracia venezolana le importa menos que un bidón de petróleo. La libertad del pueblo venezolano no es prioridad para “el rubio pistolero de aldea del salvaje oeste americano”. Claro, la única prioridad “son las riquezas del subsuelo de Venezuela”. Y mientras tanto, el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero continúa apareciendo en Caracas como si fuera el farero oficial del chavismo, encendiendo luces que solo iluminan a los verdugos y dejando en sombra a las víctimas. Su apoyo al régimen chavista —siempre presentado como “mediación”, “diálogo” o “puentes”— se ha convertido en un misterio que huele a humedad, a camarote cerrado demasiado tiempo. Porque mientras Venezuela se hundía, el traidor de Zapatero insistía en lavar la cara del chavismo,en defender lo indefendible, en justificar lo injustificable, en blanquear lo que ya no admitía más pintura. El traidor e impresentable “joyero” del Zapatero, bajo mi opinión, no era mediador: “era el práctico del puerto chavista”, guiando al régimen entre arrecifes diplomáticos para que no encallara. Un hombre que hablaba de diálogo, mientras ignoraba torturas, desapariciones, censura y hambre. Un hombre que parecía y parece actualmente con su discípulo aventajado Pedro Sánchez, más preocupados por salvar sus respectivas reputaciones y las del chavismo, que por salvar al hermano pueblo venezolano. Los viejos lobos de mar —los que hemos visto barcos hundirse por culpa de capitanes que juraban tenerlo todo bajo control— sabemos reconocer cuando una operación militar no es una liberación, sino un simple cambio de manos. Y eso fue desgraciadamente la operación Yankee “Resolución Absoluta; un relevo de timón, no un cambio de rumbo”. Porque el chavismo, aunque descabezado, sigue respirando. Sigue mandando. Sigue saqueando. Sigue oprimiendo. Y lo hace con la bendición de quienes deberían exigir democracia, no negociar con su ausencia. Si, lamentablemente ocho meses después, el régimen chavista sigue en pie. No solo en pie, sino, además, “reorganizado, rearmado, reoxigenado”. Como esos cascos podridos que, aunque deberían hundirse, flotan porque alguien desde fuera les sigue apuntalando las cuadernas. Los presos políticos han sido liberados a cuentagotas, con condiciones que más parecen cadenas invisibles que gestos de justicia. Por eso, la pregunta que resuena hoy en Venezuela y en los que amamos a ese gran país hermano, del cual nos sentimos parte inseparable los canarios —y en la conciencia de quienes aún conservan dignidad— es un rugido que atraviesa océanos… ¿Para cuándo la liberación total del pueblo venezolano? ¿Para cuándo el regreso a un régimen democrático que no dependa de la voluntad de un líder extranjero ni de los intereses de una potencia? ¿Para cuándo el fin de los silencios, de las excusas, de los mediadores que ya no median, de los aliados que ya no ayudan, de los enemigos que ya no asustan? Porque no nos engañemos, la libertad no llega por decreto. No llega por operaciones militares. No llega por promesas de líderes que miran más al subsuelo que a la gente, como es el caso del “pistolero rubio americano, Donal Trump”. La libertad llega cuando un pueblo decide que ya no quiere ser espectador, sino capitán de su propio destino. Cuando la comunidad internacional deja de mirar hacia otro lado. Cuando los aliados dejan de ser cómplices. Cuando los enemigos dejan de ser excusas, cuando un pueblo entero pone “sus cojones sobre la mesa” y grita… ¡Basta ya! Soy venezolano y por mis venas circula sangre española e isleña. Venezuela no necesita salvadores. Necesita “horizonte” como que el que le señaló Simón Bolívar en 1810, y ese horizonte solo llegará de nuevo, cuando la presión interna y externa coincidan en un punto; “el respeto absoluto a los derechos humanos y a la voluntad popular”. Mientras tanto, el pueblo venezolano, nuestros hermanos, sigue esperando, como un marinero que mira al océano y pregunta, con la paciencia rota y el alma en guardia: “¿Y de lo mío… pá cuándo compadre?”   Muchos venezolanos, y no pocos españoles, especialmente canarios, que sentimos a este país como nuestra segunda patria, nos preguntamos… ¿Qué clase de brújula usa el presidente Trump? ¿Quizás o tal vez una brújula que siempre apunta hacia Caracas y a las riquezas de su subsuelo, pero nunca hacia la libertad real del pueblo llano venezolano? ¿Una brújula que parece más interesada en proteger a los capitanes del naufragio que en rescatar a los pasajeros? Los marinos veteranos —los que hemos visto demasiados naufragios como para creer, y ya tenemos “clacas” incrustadas hasta en los “c….” de tanta mar navegada, sabemos distinguir a un pulpo de