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El PSOE de Gáldar celebra que la rehabilitación de la Casa de Juan Borges Linares salga a licitación y pide que esta vez el proyecto se convierta en realidad
Casa Borges Linares
Casa Borges Linares

Los socialistas recuerdan que en marzo de 2022 el grupo de gobierno aseguró que las obras se ejecutarían aquel mismo año

El PSOE de Gáldar valora positivamente que el Ayuntamiento haya sacado a licitación las obras de rehabilitación de la casa de Juan Borges Linares, en San Isidro, una actuación que la formación socialista ha reclamado durante años mediante iniciativas y preguntas en el Pleno municipal.

El nuevo anuncio, realizado por el concejal de Turismo, Ulises Miranda, contempla la recuperación del inmueble para convertirlo en una escuela de escultura, con espacios destinados a la formación y la creación artística.

Los socialistas valoran también que el proyecto incorpore paneles divulgativos sobre la vida y la obra de Juan Borges Linares y conserve parte de la distribución original de la vivienda, reconociendo así su dimensión histórica y cultural.

No obstante, el PSOE recuerda que el concejal de Cultura, Julio Mateo, afirmó en declaraciones publicadas por Canarias7 el 3 de marzo de 2022 que la vivienda sería rehabilitada dentro del Plan de Barrios y que se trataba de “una obra que se ejecutará este año”.

Más de cuatro años después de aquel anuncio, la actuación se encuentra todavía en el inicio del procedimiento para contratar las obras.

“Nos alegramos de que finalmente se haya dado un paso concreto, porque nuestro objetivo siempre ha sido que la casa se rehabilite y que el legado de Juan Borges Linares reciba el reconocimiento que merece. Ahora esperamos que la licitación se adjudique, las obras comiencen y el proyecto pueda abrir sus puertas cuanto antes”, señalan desde el PSOE de Gáldar.

La formación socialista realizará un seguimiento del procedimiento hasta que la rehabilitación esté ejecutada y el inmueble pueda entrar en funcionamiento.

“Juan Borges Linares, el barrio de San Isidro y todo Gáldar merecen que aquel compromiso anunciado en 2022 se convierta, por fin, en una realidad”, concluyen los socialistas.

 

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Redacción NorteGranCanaria

José Luis Guerra de Armas: una vida entera caminando al lado de su gente

El sacerdote natural de Arucas se despide este domingo de la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, después de 26 años como párroco y 62 años de sacerdocio. A sus 86 años cierra una etapa marcada por la cercanía, la palabra y el acompañamiento a varias generaciones de feligreses. Sesenta y dos años al servicio de una Iglesia que también aprendió a caminar con él Hay despedidas que no parecen despedidas. Quizá porque, después de tantos años, una persona deja de ocupar solamente un lugar y pasa a formar parte de la memoria, de las conversaciones y de la vida cotidiana de una comunidad. Este domingo, 4 de octubre, la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, se reúne alrededor de su altar para despedir a quien durante los últimos 26 años ha sido mucho más que su párroco. José Luis Guerra de Armas, natural de Arucas y a sus 86 años, pone punto y seguido a una larga etapa pastoral después de 62 años de sacerdocio en la Diócesis de Canarias. No es una despedida cualquiera. Coincide con la celebración de los 800 años de la muerte de san Francisco de Asís, una fecha especialmente significativa para una comunidad que ha tenido en José Luis una presencia constante durante más de un cuarto de siglo. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1964 por el obispo Antonio Pildain. Desde entonces, su vida ha estado estrechamente vinculada a la Iglesia grancanaria, donde ha desempeñado diferentes responsabilidades y ha ejercido también como periodista, después de licenciarse en Periodismo por la Universidad de Navarra. Pero probablemente ninguna de esas responsabilidades explica por sí sola el vínculo que ha construido con los feligreses de San Francisco de Asís. Porque a José Luis se le recordará, sobre todo, por su manera de estar. Por las conversaciones, por las homilías, por la palabra pronunciada en el momento oportuno, por la cercanía con la que ha acompañado a tantas personas en momentos felices y también en los más difíciles. Por esa capacidad de convertir la parroquia en un lugar donde uno sabía que podía entrar y sentirse acogido. Durante 26 años, generaciones de feligreses han visto en él al sacerdote que celebraba la Eucaristía, bautizaba a sus hijos, acompañaba a sus familias, despedía a sus seres queridos y compartía con ellos las alegrías y preocupaciones de la vida. Ahora es la comunidad la que quiere acompañarlo a él. José Luis se marcha de la parroquia, pero no parece dispuesto a jubilarse de la vida. Quienes lo conocen saben que el descanso absoluto no parece estar entre sus planes. Él mismo lo resume con una frase que tiene mucho de su personalidad: «Prefiero morir de infarto que de aburrimiento». Quizá también por eso recuerda con especial intensidad aquellos años de juventud que cambiaron su manera de mirar el mundo. París, 1968. Un joven sacerdote que se encuentra con una sociedad en transformación y que descubre nuevas preguntas, nuevas inquietudes y, sobre todo, una nueva manera de sentirse persona. Son sentimientos que ayudan a entender al hombre que hay detrás del sacerdote. Un hombre atento a su tiempo, inquieto, con curiosidad por el mundo y con una mirada que nunca ha querido quedarse al margen de lo que sucedía a su alrededor. Ahora, después de 62 años de sacerdocio, llega el momento de bajar un poco el ritmo. No necesariamente el de dejar de servir. José Luis ha expresado su deseo de continuar colaborando con la Iglesia grancanaria. Porque hay vocaciones que no terminan cuando cambia una responsabilidad. Simplemente encuentran otra manera de seguir estando. Este domingo, mientras la comunidad de San Francisco de Asís celebra a su santo y recuerda ocho siglos de su ausencia, habrá también espacio para agradecer la presencia de un sacerdote que durante 26 años hizo de aquella parroquia una parte esencial de su vida. Los feligreses quieren darle las gracias por su paciencia, por sus palabras, por cada Eucaristía y, sobre todo, por haber caminado junto a ellos durante tantos años. Quizá esa sea la mejor manera de resumir una trayectoria sacerdotal tan larga: no en los cargos desempeñados ni en los años contabilizados, sino en las personas que pueden decir que, en algún momento de sus vidas, José Luis Guerra estuvo allí. Y eso es algo que una despedida no puede borrar. Sesenta y dos años después de aquel 15 de agosto de 1964, el sacerdote de Arucas cierra una etapa. Se lleva consigo muchas historias y deja otras tantas en la memoria de quienes hoy le dicen adiós. La comunidad de San Francisco de Asís le despide con gratitud, pero también con una certeza: quien ha acompañado durante tantos años la vida de los demás nunca se marcha del todo. Que el camino que comienza ahora le regale tiempo, salud, nuevas conversaciones y, sobre todo, mucha «paz y bien».