Gáldar interpone recurso de alzada contra la planta de generación híbrida de La Atalaya
El Ayuntamiento de Gáldar ha presentado un recurso de alzada contra la resolución de la Dirección General de Energía del Gobierno de Canarias, que concede autorización administrativa a Conagricán, S.L. para la construcción de una planta de generación híbrida (cogeneración-eólica) de 499 kW en La Atalaya.
Esta acción se suma a las alegaciones presentadas el pasado mes de febrero, en las que el Consistorio ya solicitaba la paralización del proyecto y advertía de la fragmentación administrativa del mismo. El Ayuntamiento de Gáldar, como administración directamente afectada por la proximidad de la instalación, considera que la resolución ahora recurrida es contraria a Derecho y no responde a las cuestiones de fondo planteadas.
El recurso de alzada se fundamenta en un hecho clave que, según el Ayuntamiento, la resolución no aclara: la cronología del expediente. El informe de impacto ambiental que la Administración invoca como base es de 14 de marzo de 2025. Sin embargo, el proyecto completo de la instalación híbrida Eólica-Biogás fue requerido a la promotora el 19 de junio de 2025 y no se presentó hasta el 7 de agosto de 2025.
Para el Ayuntamiento de Gáldar esta secuencia temporal evidencia que la configuración definitiva de la planta autorizada —con un motor de cogeneración de 635 kW limitado a 499 kW y nuevas infraestructuras eléctricas— no pudo ser evaluada en su totalidad por el informe ambiental previo. La resolución recurrida, por tanto, parte de una premisa no acreditada: que la instalación finalmente autorizada está íntegramente cubierta por la evaluación ambiental de marzo de 2025.
Asimismo, el recurso insiste en la necesidad de valorar los efectos acumulativos y sinérgicos del conjunto de instalaciones (planta de biogás, compostaje, cogeneración y eólica existente), tal y como exige la Ley 21/2013. En este sentido, se subraya que el informe de la Dirección General de Salud Pública ya advirtió de posibles afecciones sobre la calidad del aire, ruido, vibraciones y riesgos de accidentes, calificando el impacto local del conjunto como «significativo».
Por todo ello, el Ayuntamiento de Gáldar solicita que se estime el recurso y se deje sin efecto la autorización, o subsidiariamente, que se retrotraigan las actuaciones para que se acredite de forma expresa la correspondencia entre el proyecto evaluado y el finalmente autorizado. Igualmente, se ha solicitado la suspensión de la ejecución de la resolución hasta que se resuelva el recurso, ante los perjuicios de difícil reparación que podrían derivarse para el medio ambiente y la salud de la población.

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Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche