La Romería de Las Marías merece algo más que vestirse “de canario” de cintura para arriba: conservar una tradición exige conocerla, respetarla y transmitirla a quienes vienen detrás
Hay imágenes que obligan a hacerse preguntas. Y algunas de las fotografías de la última Romería de Las Marías dejan una bastante evidente: ¿qué está pasando con el respeto a la vestimenta tradicional canaria?
Porque, por lo visto, las alpargatas tradicionales tienen ahora nuevos fabricantes: Nike, Adidas y otras marcas deportivas.
La frase puede sonar irónica, pero detrás de ella existe una cuestión bastante más seria. Una romería tradicional no debería convertirse simplemente en una jornada en la que nos ponemos una falda, un chaleco, un fajín o un pañuelo para completar el atuendo con unas zapatillas deportivas porque resultan más cómodas.
Y conviene dejar algo claro: no sería justo cargar toda la responsabilidad sobre los Mayordomos de Las Marías.
Naturalmente, quienes organizan y velan por una celebración histórica tienen una responsabilidad a la hora de recordar cuáles son sus normas y preservar su esencia. Puede exigirse mayor atención, información e incluso pedagogía. Pero la conservación de nuestras tradiciones no puede descansar exclusivamente sobre sus hombros.
La responsabilidad también corresponde a las familias, los colectivos culturales, las agrupaciones folclóricas, las instituciones y, en definitiva, a todos los que participamos de estas celebraciones.
Si queremos que los jóvenes respeten la indumentaria tradicional, primero tendremos que explicarles qué significa, cómo se utiliza y por qué merece conservarse. No podemos exigirles mañana lo que hoy nadie se ha preocupado por enseñarles.
Y tampoco parece que el asunto sea exclusivamente generacional.
Basta observar algunas fotografías para comprobar que las zapatillas deportivas aparecían igualmente bajo indumentarias cuidadosamente escogidas por participantes adultos e incluso por personas que desarrollaban su trabajo durante la romería. De cintura para arriba, una estampa perfectamente tradicional; al bajar la mirada, aparecen “las nuevas alpargatas”.
No se trata de señalar a nadie personalmente ni de convertir el calzado en el gran problema de nuestra cultura. Sería absurdo. El problema es otro: la normalización progresiva de pequeñas renuncias que, acumuladas año tras año, terminan desfigurando aquello que decimos querer conservar.
Las tradiciones no desaparecen normalmente de un día para otro. Se van diluyendo.
Hoy sustituimos el calzado. Mañana otra pieza porque resulta incómoda. Después modificamos otra costumbre porque parece anticuada. Y finalmente conservamos únicamente el nombre de una celebración cuyo contenido poco tiene que ver con aquello que heredamos.
Las Marías no son una fiesta cualquiera.
Su valor precisamente reside en una tradición que ha pasado de generación en generación y que forma parte del patrimonio cultural de Santa María de Guía. Por eso merece un cuidado especial.
Tampoco se trata de convertir la romería en un desfile sometido a una inspección milimétrica del vestuario. Hay que aplicar sentido común. Pero entre perseguir cualquier pequeño detalle y aceptar prácticamente cualquier cosa existe un amplio espacio donde cabe perfectamente el respeto.
Quizá haya llegado el momento de recuperar algo tan sencillo como la pedagogía de la tradición.
Explicar previamente qué vestimenta resulta adecuada. Mostrar ejemplos. Recordar el significado de determinadas prendas. Facilitar información a quienes participan por primera vez. Implicar a familias, colectivos culturales y agrupaciones folclóricas. Y, sobre todo, conseguir que nuestros jóvenes comprendan que vestirse correctamente para una romería no es disfrazarse de otra época.
Es formar parte de una herencia cultural.
Y quizá esa labor debería empezar mucho antes del día de la romería: en los colegios.
Sería positivo que los centros educativos incorporasen, dentro de sus actividades culturales, talleres o clases sobre vestimenta tradicional canaria, folclore, costumbres, romerías, bailes, música y patrimonio popular. No necesariamente como una asignatura rígida, sino como una forma práctica de acercar a niños y jóvenes aquello que forma parte de nuestra cultura.
Porque difícilmente podemos pedir a un niño o a un adolescente que respete una tradición si nadie se la ha explicado previamente.
Conocer por qué se utiliza una determinada prenda, cómo vestían nuestros antepasados, qué significado tienen nuestras romerías o de dónde proceden determinadas costumbres puede hacer mucho más por su conservación que cualquier reprimenda el día de la fiesta.
Podemos modernizar muchas cosas. Podemos adaptar nuestras fiestas a los tiempos actuales y hacerlas atractivas para las nuevas generaciones. Pero modernizar no debería significar vaciarlas de aquello que precisamente las hace diferentes.
Porque si queremos seguir proclamando nuestro orgullo por las costumbres de Canarias, debemos empezar por algo elemental:
respetarlas, conocerlas y enseñarlas.
La mejor manera de proteger una tradición no es limitarse a exigirla un día al año, sino transmitirla durante todo el año.
Y si queremos que dentro de veinte o treinta años sigan existiendo celebraciones como Las Marías con la misma personalidad que las hizo llegar hasta nuestros días, quizá haya que empezar precisamente ahí: en las aulas y desde pequeños.
Y, de paso, para la próxima Romería de Las Marías, quizá podamos dejar las Nike y las Adidas para el día siguiente.
Las alpargatas, al menos durante unas horas, todavía tienen mucho que contar.


