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Cambio de hora “El gran engaño del reloj”

27 de octubre de 2026

¿Por qué España debe bajarse de la rueda del cambio de hora?

“Esto que hacemos ahora es un auténtico castigo biológico a nuestros hijos, y especialmente a los peques”

Cada año, con una puntualidad matemática que roza lo absurdo, España entera se somete a un experimento sociológico y biológico: “adelantar o retrasar las manecillas del reloj”.

Nos repiten el viejo mantra “del ahorro energético”, una justificación que hoy suena a reliquia del siglo pasado, cuando la única realidad es que el ahorro es invisible en la factura, pero el coste que pagamos en salud, especialmente en la de los más vulnerables (niños pequeños), es real, medible y alarmante.

 

Para entender el despropósito actual, hay que mirar al mapa y a la historia. Vivimos con un desfase horario crónico desde 1940, cuando el gobierno de Franco, adoptó para España, el uso de la Europa Central (el de Berlín), en lugar del que le correspondía por geografía (el de Londres o Lisboa).

Solo Galicia se salva de esta anomalía. Al sumar a este error histórico el invento del horario de verano, obligamos a nuestro cuerpo a vivir hasta dos horas por delante del Sol y así forzamos a nuestra naturaleza a seguir un ritmo artificial que paga facturas en los hogares.

“El ahorro invisible a costa de la salud infantil”

El impacto más cruel de esta disonancia horaria se vive en las escuelas y guarderías. Modificar el sueño de un niño de forma repentina no es un trámite de veinticuatro horas; es un golpe directo a sus ritmos circadianos.

 

Traducido a la cotidianidad familiar, el cambio de hora significa semanas de niños irascibles, cansados, con falta de atención en clase, nerviosismo a flor de piel y trastornos digestivos. No es un capricho infantil, es biología pura. Les pedimos que rindan al máximo, cuando sus cuerpos les dicen que aún deberían estar durmiendo.

 

 “Lo que la navegación me enseñó sobre el cambio de hora”.

 

Quienes hemos tenido que lidiar profesionalmente con los husos horarios en la inmensidad del mar, sabemos bien cómo funciona este mecanismo en el cuerpo humano.

En mis años de navegante, cruzando el Atlántico desde Europa hacia América, el ajuste del tiempo era una tarea diaria, meticulosa y de vital importancia para la seguridad de la tripulación.

Para amortiguar el impacto del salto temporal y no quebrar nuestros ritmos biológicos de golpe, retrasábamos el reloj apenas media hora cada día en mitad del océano. Era una transición suave, planificada y progresiva, diseñada específicamente para que el cuerpo se adaptara casi sin darse cuenta al nuevo destino.

 

Y, aun así, con toda esa preparación científica y naval, la biología se imponía. Al atracar en cualquier puerto americano de llegada, el peaje físico y mental era inevitable; la cabeza nos zumbaba por completo, el cansancio nos arrastraba, la falta de concentración, era evidente, y nuestro rendimiento laboral caía drásticamente hasta un 50%.

 

Si un grupo de marinos profesionales, adultos, curtidos en la disciplina de la mar y sometidos a cambios estrictamente graduales sufría semejante nivel de distorsión y agotamiento, ¿cómo podemos exigirle a un niño de cinco años que asimile un salto brusco de una hora entera de la noche a la mañana?

 

Quitarle sesenta minutos de sueño de golpe a un alumno de primaria y pretender que al día siguiente rinda en el colegio al 100% es, sencillamente, una insensatez que ignora cómo funciona el cerebro humano.

La solución no es seguir debatiendo eternamente en los despachos de Bruselas. “La solución pasa por plantar cara a la lógica mercantilista que prioriza las terrazas de verano a costa del descanso de la población”.

 

“La urgencia de recuperar nuestro Huso real”

España necesita bajarse de esta rueda y adoptar un horario de invierno permanente.

Este Huso es el que más se acerca a nuestra realidad biológica, permitiendo que el amanecer coincida con el inicio de nuestra actividad diaria y protegiendo el descanso nocturno.

O mejor aún… Propongo que abramos de una vez el debate valiente sobre cuál es nuestro Huso ideal.

Devolver a la península al meridiano de Greenwich no sería retroceder, sino recuperar el equilibrio perdido.

Es hora de dejar de jugar con el tiempo y empezar a priorizar la salud de nuestras familias, porque “el verdadero ahorro no se mide en kilovatios de luz, se mide en el bienestar y la salud de nuestros hijos”.

 

Así que amigo, hay que luchar por que nos quedemos, al menos en España, con un único horario, que yo pienso que el que más se acerca a nuestras costumbres hispanas, es el de invierno; porque eso de que “Dios ayuda al que madruga, es una mentira. Dios no se mete con eso, entre otras cosas, porque ÉL, es como las “boticas antiguas”, está las 24 horas de guardia y despierto como el pobre mancebo del farmacéutico titular.

 Esto lo aseguro yo, que me he pasado en la mar, noches entera hablando con Él y pidiéndole que aflojará un poco el temporal que no azotaba desde hacía ya dos días y el muy listo siempre me remitía a la Virgen del Carmen; que, por cierto, tomaba buena nota de mi petición y me atendía. Jajajaja… ¡Casos se me han dado!

 

 ¡Qué cosas!

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