Cuando el cisne negro no es una metáfora, sino una maniobra

(Contestación a los comentarios habidos sobre mi pasado artículo, del mismo nombre y publicado en esta misma Revista digital, el pasado domingo 30)

Hay artículos que uno escribe con calma, como quien ajusta una vela antes del amanecer. Y hay otros que salen como un golpe de mar: secos, inevitables, necesarios. Mi artículo Cisne negro fue de los segundos. Lo publiqué porque veía señales que otros preferían ignorar. Y el tiempo —y las 4.025 lecturas en pocos días— me han confirmado que no estaba solo en esa inquietud.

Las reacciones han sido un mapa perfecto de la España actual: Unos me felicitaron. Otros me llamaron exagerado. Algún valiente e incluso los del sector “sanchita” me llamaron “facha”.

A estas alturas, ni me inmuto. Pero sí me obliga a ratificarme”. Porque cuando un texto provoca aplausos, insultos y nervios, es que ha tocado un punto que duele. Y cuando algo duele, es porque hay verdad.

España está en un punto crítico, y fingir que no pasa nada, como pretende Pedro Sánchez es infantil”

Lo diré sin rodeos. España vive un momento político que huele a maniobra, a cálculo y a silencio previo al temporal. Quien no quiera verlo, que mire para otro lado. Yo no.

La crisis de Melilla no es un incidente fronterizo. Es una operación geopolítica” ejecutada con precisión desde Rabat y aceptada con una pasividad que solo puede interpretarse de dos maneras: o incompetencia, o conveniencia.

Y ambas son peligrosas.

Mientras Ceuta y Melilla ardían, el presidente del Gobierno estaba de vacaciones. Mientras los ciudadanos pedían auxilio, el Rey —sí, el jefe del Estado— era mantenido lejos de la zona por “razones diplomáticas”. Mientras Marruecos celebraba su “Marcha Verde”, aquí se hablaba de “incidentes aislados”.

Eso no es casualidad. Eso es “una grieta”. Y las grietas, cuando no se atienden, se convierten en vías de agua.

“Los cisnes negros” no aparecen; se provocan, se aprovechan o se toleran”

Quien me llamó “exagerado” debería repasar la historia. Porque la historia es más dura que mis palabras.

Aquí algunos ejemplos de cómo los gobernantes han usado crisis para reforzar su poder:

“Incendio del Reichstag (1933)” — Un edificio arde y, de repente, se suspenden libertades, se persigue a opositores y se consolida un régimen totalitario. ¿Casualidad? No. Maniobra. “El Golpe de Fujimori (1992” — Caos institucional, cierre del Congreso y gobierno por decreto. Todo “legal”, todo “necesario”, todo “por el bien del país”. “El Estado de emergencia en Turquía (2016)” — Un intento de golpe, y acto seguido, purgas masivas, detenciones y un poder reforzado. El cisne negro perfecto. La Primavera Árabe (2011) — Un vendedor ambulante se inmola y cae medio Oriente Medio. Un suceso inesperado que reconfiguró países enteros. Lo ocurrido en Sarajevo (1914) — Un disparo, una guerra mundial. Un cisne negro que cambió el planeta.

Nada de esto fue casual. Todo tuvo intención, cálculo o aprovechamiento.

Por eso me ratifico en que, “los cisnes negros existen, y suelen aparecer cuando un gobernante teme perder el mando, como le está ocurriendo ahora a Pedro Sánchez”.

“España y la tentación del poder”

No afirmo que el Gobierno vaya a decretar un estado de excepción. No afirmo que haya un plan oculto. Pero sí afirmo —porque la historia lo demuestra— que la tentación existe, pero si suelto y mantengo mi más que evidente sospecha

Cuando un presidente como Pedro Sánchez, está acorralado por crisis internas, por escándalos, por investigaciones judiciales, por socios incómodos y por un calendario electoral adverso, la tentación de usar una crisis para ganar tiempo es enorme.

Y España hoy, reúne todos los ingredientes. Todos.

Los viejos marinos sabemos que hay capitanes que, cuando ven venir el temporal, no piensan en salvar a la tripulación, sino en salvar su puesto.

“Defenderse no es retroceder; es poner las cartas sobre la mesa”

A quienes me llamaron exagerado, les digo: “La historia es más exagerada que yo”.

A quienes me llamaron “facha”, les digo… Confunden crítica con ideología. “Y eso, además de opinión pobre, lo es estúpida e infantil”.

A quienes me felicitaron, les digo: “Gracias por mirar el horizonte con ojos abiertos”.

Y a todos, les recuerdo que Los cisnes negros” no son profecías. Son advertencias. Y esta advertencia está documentada.

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Articulos
Redacción NorteGranCanaria

La Masonería esa gran desconocida

Justicia histórica frente al mito y la persecución  Para toda una generación de españoles que creció durante el siglo XX, la palabra «masonería», venía indisolublemente ligada a términos “oscuros, conspiraciones internacionales y epítetos político-partidistas”.   Fue el enemigo invisible, el chivo expiatorio de una retórica oficial que necesitaba justificar el aislamiento y la represión; sin embargo y como marino mercante al cruzar las fronteras y observar el desarrollo del mundo libre, la realidad se imponía con la fuerza de los hechos. La masonería no solo no es una organización criminal, sino que ha sido uno de los motores humanistas, científicos y sociales más importantes de la historia moderna. Este artículo nace del deber moral de restituir la verdad y arrojar luz sobre una institución tan relevante como, todavía hoy, desconocida para muchos. La masonería ha sido, durante siglos, una de las instituciones más influyentes y más incomprendidas del mundo occidental. Nacida entre gremios medievales y transformada como una escuela “ética de pensamiento ilustrado”, ha reunido en sus logias a científicos, filósofos, estadistas y artistas que han marcado la historia. Con este “artículo de opinión” solo pretendo y desde mi condición de humilde lobo de mar y además mauro de Telde, que siempre “habla y escribe con la libertad de los condenados”, proponer una mirada rigurosa, justa, honesta, valiente, crítica y desmitificadora sobre la masonería; su origen, su evolución, sus símbolos, sus luces y sus sombras y de todo ello de una  forma sencilla, llana hasta tal extremo, que me pueda entender hasta un alumno “progre” de la LOGSE sanchista” ; por ello, te adelanto que no pierdas el tiempo en buscarle tres pies al gato, porque éste tiene los que tiene, desde que fue creado por el Todopoderoso y aquí no me invento nada. En definitiva, mi artículo, que insisto es “solo de opinión”, por lo tanto, rebosante de subjetividad, En otras palabras; equivale a un viaje que, como toda travesía marítima, se exige brújula, sextante, cronometro, serenidad, mucha profesionalidad y criterio, para distinguir la realidad del mito. “Romper la lanza por la verdad”   Habiendo navegado los todos los mares del mundo, se aprende una gran verdad; “los barcos no se juzgan por las tormentas que los calumnian desde la costa, sino por la nobleza de su madera y el rumbo de su brújula.”   La masonería universal no es el mito siniestro que la dictadura de Franco inoculó en el imaginario colectivo de una generación de españoles. Es, en su esencia más pura, una escuela de ciudadanos. Una hermandad que busca que el hombre bueno sea mejor, que respete las leyes de las naciones democráticas en las que se asienta y que promueve: “la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad”.   Hacer este ejercicio de “memoria histórica”, no es solo un acto de justicia hacia los miles de represaliados que perdieron la vida o el exilio por defender la razón; es también un deber cívico para que las generaciones presentes y futuras, miren al mañana limpias de prejuicios, abrazando la tolerancia como la mayor de las virtudes humanas y sobre todo, sin pretender levantar viejas heridas, odios y rencores entre los españoles, como pretende  ahora José Luis Rodríguez, Zapatero “el joyero” y su aventajado alumno  Pedro Sánchez, el amigo de Mohamed VI, que por desgracia parecen que han olvidado , que todo eso lo dejamos enterrado  y bien enterrado, en 1978;  año en que fue aprobada  de forma de democrática en la urnas nuestra Constitución, la cual  se convirtió en un espejo donde mirarse los españoles y el resto del mundo entero.   “Historia, estructura y significado profundo” La masonería no nació en sótanos ni en conspiraciones, sino en “los talleres de los canteros medievales”, aquellos artesanos que levantaron catedrales como quien levanta un sueño colectivo. Con el tiempo, aquellos gremios operativos se transformaron en “logias especulativas”, donde ya no se tallaba piedra, sino “virtudes, ideas y proyectos de mejora personal”. La masonería moderna se articula en torno a un principio central: “el ser humano es una piedra bruta que puede ser pulida mediante el conocimiento, la ética y la fraternidad”. De ahí su lenguaje simbólico: “el compás, la escuadra, la piedra bruta, la piedra cúbica, la luz”   “Entre la Veneración y el Odio: ¿Por qué despierta pasiones tan opuestas?”   Es una de las grandes paradojas de la historia: mientras que en el mundo anglosajón los masones son ciudadanos respetados y sus templos son monumentos abiertos al público, en los regímenes autoritarios han sido objeto de un odio feroz.   En países como Estados Unidos, el Reino Unido o los países escandinavos, la masonería se percibe como una sociedad filantrópica y cívica de prestigio. Trece presidentes de los EE. UU. (incluido George Washington) fueron masones. Allí se les ve como defensores de la democracia, la educación pública y la beneficencia (los hospitales infantiles financiados por los Shriners masones en EE. UU. son un claro ejemplo).     ¿Por qué son odiados en otros? El odio a la masonería (la anti masonería) proviene principalmente de dos frentes: el absolutismo religioso y las dictaduras totalitarias. La Iglesia Católica la condenó desde el siglo XVIII porque la masonería defendía que hombres de distintas religiones (católicos, protestantes, judíos, musulmanes) podían ser hermanos y éticamente válidos sin la intermediación de una Iglesia oficial. Para el pensamiento integrista, la tolerancia era un pecado. Posteriormente, dictadores de todo signo político (Hitler, Mussolini, Stalin y Franco) ilegalizaron la masonería por una razón idéntica: “las dictaduras no toleran los espacios donde los hombres libres se reúnen a pensar en libertad, debatir bajo el amparo de la razón y practicar la fraternidad universal”   “Discreción, no secretismo” Las logias masónicas se organizan en grados simbólicos (Aprendiz, Compañero y Maestro) y en cuerpos filosóficos superiores. Sus rituales —solemnes, simbólicos, heredados de siglos— no buscan ocultar poder, sino “recordar al iniciado que el trabajo interior es un proceso continuo”. La discreción masónica ha sido, históricamente, malinterpretada como secretismo. Pero la realidad es más simple: la masonería “no es