DANDO LA CARA, por Paco Vega
Aunque nunca lo hice público, era más que evidente mi afinidad política con el proyecto de Nueva Canarias-Guía, no sólo por mi presencia reciente en reuniones con Asociaciones de Vecinos y actos políticos, sino por mis numerosas reuniones públicas y privadas con el presidente de la Asamblea Local y otros miembros del partido. Además, la pertenencia a este entorno político de Antonio Morales, Alcalde de Agüimes y actual candidato a la Presidencia del Cabildo, de quien me confieso seguidor incondicional, facilitaron mi acercamiento a este “retorcido” mundo de la política.
Esta ha sido mi primera y corta incursión (y probablemente la última) en la vida política local, en la que empecé a colaborar activamente, hace ya varios meses, en el convencimiento de que había que cambiar las formas de hacer política en Santa María de Guía. La única vía para provocar este cambio es lógicamente desde las instituciones, por lo que firmemente convencido empecé colaborar en lo que me pareció un proyecto ilusionante para conquistar el Gobierno Municipal en la próxima contienda electoral, con el fin último de mejorar mi municipio y la calidad de vida de mis vecinos. A pesar de mi inexperiencia en estas lides “me he metido hasta la cocina”, acudiendo a reuniones políticas, tratando de convencer a l@smejores en el intento de confeccionar una lista seria para gobierno de Guía, planificando y proponiendo reuniones con los diferentes colectivos, implicado intensamente en la elaboración del programa electoral, etc. Ahí queda el trabajo realizado.
 
Mis antecedentes políticos quizás comenzaron a fraguarse años atrás (2008/2010), durante los dos años en los que colaboré con la Asociación Vecinal La Piconera, de La Atalaya. Allí comencé a conocer -con gran decepción por mi parte- la trastienda y manejos marrulleros de los que desde hace muchos años dirigen la política municipal de Guía, muchas veces de espaldas a las necesidades vecinales.
Simplemente he hecho lo que creía que debía hacer, pero los acontecimientos políticos y todos los efectos colaterales que han concurrido, acaecidos durante las últimas semanas en Santa María de Guía, han quebrado mi confianza e ilusión en este proyecto, lo que hace inviable mi continuidad en Nueva Canarias-Guía. Llevo madurando esta posibilidad desde hace varias semanas, pero finalmente, ante la inminente confección de listas he tomado una decisión que no podía aplazar por más tiempo. Por respeto a los compañeros que quieren seguir luchando por el proyecto y a los futuros votantes, ante quien no puedo presentarme sin la ilusión y el compromiso necesario, les informo que con fecha 30 de marzo pasado, he presentado mi renuncia irrevocable ante la Asamblea Local a concurrir a las elecciones locales del próximo mes de mayo.
Nueva Canarias seguirá siendo mi apuesta personal ante las urnas el próximo 24 de mayo, pero ya como votante, especialmente a la candidatura de Antonio Morales a la presidencia del Cabildo de Gran Canaria, al que considero uno de los mejores políticos de Canarias -su trabajo y seriedad en el Ayuntamiento de Agüimes y en la Mancomunidad del Sureste le preceden- y la apuesta más seria para llevar las riendas de la isla de Gran Canaria. Un hombre de firmes convicciones y defensor de su tierra y de su gente.
A los que este texto pueda provocarles una sonrisa felicitarles por su inteligencia. A los que les defraude pedirles humildemente disculpas.
Seguiré dando mi opinión sobre el acontecer de mi municipio, la comarca Noroeste, de Gran Canaria y toda Canarias desde mi blog personal, así como en los medios de comunicación que tengan a bien hacerse eco de la misma. Yo no pretendo estar en posesión de la verdad absoluta, pero me educaron para decir siempre la verdad y a dar la cara.

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Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche