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El corazón detrás del uniforme: San Valentín en el GIORS Canarias
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En el GIORS Canarias, nuestro día a día se mide en coordenadas, tiempos de respuesta y protocolos de actuación. Estamos entrenados para mantener la calma en la tormenta y para ser el apoyo firme cuando el terreno se vuelve difícil. Sin embargo, hoy, 14 de febrero, queremos hablar de lo que realmente mueve cada una de nuestras intervenciones: el factor humano.

A menudo se piensa que el amor solo se celebra con flores o cenas a la luz de las velas. Pero para quienes vestimos este uniforme, el amor tiene muchas otras formas:

  • Es compromiso: Es dejar a nuestras propias familias en casa, a veces en días señalados, para cuidar de la tuya.

  • Es entrega: Es la mano tendida que ofrece consuelo a alguien que acaba de pasar por un susto en la costa o en el monte.

  • Es hermandad: Es la confianza ciega en el compañero que sostiene la cuerda o que pilota la embarcación, sabiendo que somos una familia unida por un mismo fin.

Nuestra vocación de servicio no es otra cosa que amor al prójimo y respeto por la vida. Cada rescate exitoso y cada ayuda prestada es nuestro humilde regalo a esta sociedad canaria que tanto nos da.

Hoy no solo celebramos el amor de pareja; celebramos el cariño de los amigos, la fuerza de nuestras familias que nos esperan al volver de cada servicio y la gratitud de aquellos a quienes hemos podido ayudar.

Desde cada rincón de nuestras islas, el equipo del GIORS Canarias les desea un feliz día de San Valentín. Gracias por confiar en nosotros, por dejarnos cuidarles y por recordarnos, con cada gesto de apoyo, por qué elegimos este camino.

Porque proteger lo que más importa es nuestra mayor prueba de amor.

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Articulos
Redacción NorteGranCanaria

Trump y las dictaduras que no ha logrado derribar

“Parece que, al rubio pistolero americano, se le ha encasquillado el colt 45 largo” “Pedro Sánchez no es el único que incumple sus promesas electorales”  “El rubio pistolero de la lejana aldea del salvaje oeste americano Donal Trump”, se presentó ante buena parte de su electorado y mundo entero, como el líder capaz de restaurar el poder de Estados Unidos y enfrentarse a los regímenes, que él consideraba enemigos de la libertad. Así a voz de pronto, más parecía la llegada de un nuevo Mesias redentor, que de un “chulo rubio pistolero americano, dispuesto a usar su Colt 45 largo y cargarse al primero que se le pusiera delante y no le gustar su mirada” Pero hay una vieja costumbre en la política moderna que se resume en “prometer más de lo que se puede cumplir”. Y pocas veces se ha visto con tanta claridad como en el caso de Donald Trump, un hombre que llegó al poder presentándose como negociador implacable, pacificador mundial y azote de todas las dictaduras incómodas, aunque solo para los Estados Unidos. Entre sus promesas figuraban “meter en cintura” a Cuba, Venezuela e Irán. Regímenes que, según sus propias palabras, estaban condenados a doblegarse ante la presión de Washington. Años después, conviene preguntarse…  ¿Qué quedó de aquellas proclamas que parecían anunciar un vuelco histórico? La respuesta es incómoda y bastante, por cierto. Pero, como viejo lobo de mar, que además arrastra de por vida el ser un mauro de Telde y siguiendo mi estilo marinero voy a intentar analizar caso por caso,     “Cuba: la realidad contra la propaganda” El caso cubano resulta especialmente significativo. Hace sesenta y seis años, una revolución prometió liberar a los cubanos de una dictadura (Gerenarl Batista), pero lo que vino después con Fidel Castro, Che Guevara y resto compinches revolucionarios, fue otro sistema de poder que, generación tras generación, ha restringido libertades y ha terminado sumiendo al país en una crisis permanente. Sin embargo, sería un error pensar que la responsabilidad de esta tragedia corresponde únicamente a La Habana. También Washington lleva décadas demostrando una asombrosa incapacidad para comprender la realidad cubana. Ahora Donald Trump asegura, que no será necesaria una intervención militar porque el Gobierno cubano terminará cediendo ante su presión económica y política. El mismo argumento, con distintos matices, lo hemos escuchado durante décadas. “El régimen está a punto de caer. El sistema se encuentra agotado. El final es inminente”. Y mientras tanto pasan los años, cambian los presidentes estadounidenses y Cuba continúa donde estaba, con un pueblo cada vez más jodido y unos gobernantes diciéndoles “Patria o muerte”, como si esa proclama fuera a quitarles el hambre y sacarlos de la mayor de las miserias jamas vista en Cuba. Al menos, al pueblo llano, porque las elites del partido comunista, siguen viviendo como Dios. ¡Faltaría más! ¡Que por algo son comunistas! Trump ha llegado a afirmar que el régimen cubano se encuentra sometido a una presión sin precedentes y que terminará cayendo. Pero la historia demuestra algo que demasiados estrategas se niegan a aceptar: “el hambre puede debilitar a un pueblo, pero no necesariamente derriba a quienes lo gobiernan”. Los cubanos soportan apagones, escasez, salarios insuficientes y una emigración que ha vaciado barrios enteros. Sin embargo, quienes administran el poder siguen conservando los instrumentos esenciales para perpetuarse. Y ahí radica el error de cálculo de quienes, desde cómodos despachos a miles de kilómetros de distancia, creen que el sufrimiento social produce automáticamente cambios políticos. No querido pistolero rubio americano. has olvidado, que por las venas de los cubanos circula sangre española, que nada tiene que ver con la anglosajona, por ejemplo. Hoy por hoy no hay nada que indique que un régimen vaya a desaparecer simplemente porque la población esté cansada. Si así fuera, muchas dictaduras habrían desaparecido hace décadas. Por lo tanto, que rubio pistolero americano, cambia el rollo, que esa película ya la hemos visto muchas veces e incluso en “fémina” que en el Cine Cervantes de Telde la daban los miércoles por medio duro. Eso sí, las pulgas que agarrabas en la sala, no te las cobraban. Era una gentileza de la casa. Jajajajaja. “Venezuela: otra profecía incumplida” Con Venezuela ocurrió algo parecido, con la única diferencia, de que el país es rico en petróleo. Y que conste que, por tratarse de mi segunda patria, me duele particularmente y sobremanera Se anunciaron aislamientos internacionales, sanciones demoledoras y desplomes inminentes. Se habló una y otra vez del final del chavismo como si se tratara de una cuenta atrás irreversible. Sin embargo, la realidad volvió a desmentir a los profetas. Los sistemas políticos no se derrumban únicamente porque una potencia extranjera, USA como es el caso, lo desee. Se sostienen mediante estructuras de poder, intereses internos y alianzas internacionales, mucho más complejas que cualquier discurso electoral. Y en este caso, salía más efectivo y económico hacer “Santa” a Decy Rodríguez, meter en la cárcel al subnormal del Nicolas Maduro, y darles una palmadita en la espalda a los militares, que ayudar a que se cumpliera la voluntad de un pueblo que sufría la tiranía chavista. Pero de ello y más extensamente hablaré otro día. Porque los “pendejos venezolanos” -añadió el rubio pistolero- Bien se merecen lo que tienen, y aunque no me gusta, que nadie llame “pendejos” a mis hermanos venezolanos, tengo que admitir que al menos en esta ocasión, algo de razón tienen “el pistolero rubio americano”. Porque si los cubanos mantienen al menos su dignidad; los venezolanos están demostrando vergonzosamente, para los que amamos Venezuela, como este viejo lobo de mar que suscribe, que no dan “palo al agua” y, por lo tanto, se merecen lo que les ha caído encima; que insisto, me duele en lo más profundo de mi corazón y me pregunto… ¿Dónde y cuándo “panas”, fue, que se les apagó la llama de la hombría isleña?   “Irán: la arrogancia de creer que todo tiene un precio” El caso iraní, refleja además otro error frecuente de la política