Julio Felicita Por El Día De Las Madres
Julio Felicita Por El Día De Las Madres
El eco de un amor infinito: Un brindis por las madres de la Tierra y del Cielo

Hay fechas en el calendario que no son simples números correlativos; son espacios que nos obligan a detener el reloj, a mirar hacia atrás y, sobre todo, a mirar hacia adentro. Hoy es uno de esos días. La celebración de la maternidad es, posiblemente, la conmemoración más universal de todas, porque en ella reside el origen de nuestra propia historia.

La figura materna representa ese primer refugio, la brújula que nos enseñó a caminar y la voz que, incluso en el silencio, nos sigue dando consejos. Es un rol que trasciende la biología para convertirse en un pilar fundamental de resistencia, ternura y sacrificio.

Un mensaje desde el corazón

Sin embargo, para quienes entendemos que el amor no se limita a la presencia física, este día adquiere un matiz diferente. Es una mezcla de gratitud profunda y de una nostalgia que, aunque duele, también reconforta.

No podía dejar pasar el día de hoy sin felicitar a todas las madres del mundo, pero muy especialmente a la mía, que habita en el Cielo.

Para muchos de nosotros, la felicitación de hoy no se entrega en un abrazo tangible, sino en un pensamiento elevado al viento, en una oración o en el simple acto de vivir honrando los valores que ellas nos legaron. Celebrar a una madre que ya no está físicamente es, en realidad, celebrar su victoria sobre el tiempo: su capacidad de seguir guiándonos a través de los recuerdos y de ese instinto que nos dice qué camino tomar cuando nos sentimos perdidos.

La herencia de lo invisible

A menudo pensamos que la herencia es algo material, pero la verdadera herencia de una madre es la fortaleza que nos dejó en el pecho. Aquellas que hoy «habitan en el Cielo» no se han ido del todo; se han mudado a los detalles. Están en nuestra forma de sonreír ante la adversidad, en la manera en que cuidamos a los demás y en esa resiliencia que nos permite levantarnos cada mañana.

Hoy es un día para abrazar con fuerza a quienes tienen la dicha de tener a su madre cerca. Pero también es un día para reconocer el valor de quienes, con la mirada puesta en el horizonte, seguimos diciendo «Gracias, mamá» con la certeza de que, en algún lugar más allá de las nubes, ellas nos siguen escuchando.

A todas las madres, a las que están aquí y a las que cuidan desde la eternidad: feliz día. Su amor es, y siempre será, el motor que mueve al mundo.

FELICIDADES MAMÁ

En mis sueños te busqué, entre la fresca bruma sureña de la madrugada.

Y lo hice, cual fondeado buque, en la bahía espera por la mar ser llamado.

Te busqué donde no llegaban mis palabras, hasta mentar con fuerza nombre, Mamá Consuelo.

Para probar, si tal vez mi voz pudiera llegar al Cielo y así, volver a acariciar tu oído.

Son los sentimientos puros de un hijo que, a pesar de los años transcurridos desde tu partida, te sigue recordando día a día.

Desde mi camarote, expectante intuí tú presencia Mamá, entre la penumbra marina .

Resplandecías casi invisible sobre aquellas láminas de mar plateada y sentí como se me extremeció el corazón, al escucharte decir cuánto me querías.

¡Qué cosas!

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NGC

Almaraz: la batalla que el Gobierno no quiere mirar de frente

Un cierre entre la política, la economía y el destino de una comarca entera En el corazón del Campo Arañuelo, donde la niebla matinal se funde con el vapor blanco de las torres de refrigeración, la central nuclear de Almaraz sigue latiendo con la fuerza de siempre, como si el tiempo no corriera en su contra. Pero lo hace. Su desmantelamiento previsto, grabado a fuego en el calendario del apagón nuclear español, ha desatado un vendaval que va mucho más allá de una simple desconexión eléctrica: es el vivo reflejo de las costuras rotas entre la política de despacho, la economía real y el abandono del territorio. Mientras Moncloa insiste en que estamos ante una transición “ordenada y responsable”, desde las instituciones europeas hasta los ingenieros y los propios vecinos se preguntan si esto obedece a criterios técnicos objetivos o si, por el contrario, nos encontramos ante un empeño puramente ideológico con un coste social incalculable. El severo tirón de orejas de Bruselas Desde mi punto de vista, este empeño por clausurar Almaraz apesta a esa política de postureo que tanto gusta a nuestro actual «gobierno social-comunista», empeñado en presumir de un ecologismo de salón que choca frontalmente con el sentido común. Y no lo digo yo; lo advierte la propia Bruselas. Que la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo se pronuncie con semejante contundencia sobre una infraestructura nacional es un hecho insólito. En su informe, los eurodiputados no se andaron con rodeos: señalaron directamente que el cierre parece responder a motivaciones políticas y dogmáticas —impulsadas sobre todo por los socios comunistas de Podemos— antes que a razones técnicas o de seguridad. El rapapolvo europeo se sostiene sobre tres pilares demoledores: Falta de rigor: España no ha presentado una evaluación de impacto integral que justifique prescindir de la central. Incoherencia comunitaria: La decisión contradice la propia taxonomía verde de la Unión Europea, que reconoce a la energía nuclear como una tecnología clave de transición. Déficit democrático: El Ejecutivo de Pedro Sánchez, haciendo gala de su habitual soberbia, ha obviado un diálogo transparente y suficiente con las administraciones regionales y locales afectadas. En Bruselas, que de tontos no tienen un pelo, tienen claro que esto es política pura y dura. Y lo más sangrante es que ocurre en un momento donde el resto de Europa, escarmentada por las recientes crisis energéticas, se aferra a la nuclear para blindar su mix energético. Pero claro, la facción de la «izquierda eco-pija» que se sienta en el Consejo de Ministros grita mucho aunque razone poco. Sospecho, de hecho, que en el ala socialista del Gobierno más de uno se echa las manos a la cabeza en privado, pero no se atreven a rechistar a sus socios de coalición. Los temen más que a Mohamed VI con las famosas grabaciones secretas obtenidas del móvil de Sánchez a través de Pegasus. ¿Es rentable cerrar Almaraz? La guerra de los despachos Si la política polariza, la economía tampoco pacifica el debate. Los informes vuelan de un lado a otro como armas arrojadizas. Por un lado, el estudio elaborado por la URJC y la UPC para Greenpeace defiende que el apagón es «económicamente racional», asegurando que el 96,4% de la producción de Almaraz podría sustituirse con renovables en los primeros compases, evitando retrasar inversiones limpias. Presentan el cierre como una supuesta oportunidad de oro. Por el otro, chocamos con la cruda realidad técnica. El Consejo General de Ingenieros Industriales y otros organismos de prestigio —gente seria, no profetas de pancarta— recuerdan que la nuclear es una fuente barata, estable y libre de emisiones de CO₂. Advierten que apagar Almaraz nos obligará a quemar más gas, disparando tanto la factura como la contaminación. Para rematar, un demoledor informe de la consultora PwC avisa de lo de siempre: la factura de esta fiesta no la pagarán las eléctricas; recaerá, euro a euro, sobre los hombros de los consumidores. Al final, la pregunta del millón no es si Almaraz es rentable, sino qué modelo energético queremos financiar y a costa de quién. El drama humano: la vida más allá del Excel Como humanista convencido, a mí lo que realmente me quita el sueño es el factor humano. Detrás de los gráficos de barras y las tablas de Excel hay vidas de carne y hueso. Almaraz sostiene, de forma directa e indirecta, más de 4.000 puestos de trabajo. Familias enteras que solo piden ganarse el pan con dignidad y mantener un nivel de vida que ya quisieran para sí esos soñadores «eco-jetas» de camiseta del Che Guevara, que tanto adoran el comunismo caribeño pero que no se van a vivir bajo la bota de la dictadura cubana ni locos; prefieren disfrutar de las bondades del «terrible capitalismo degradador». A toda esa comparsa habría que explicarles que cerrar la central dinamitará un tejido empresarial del que depende una comarca entera, cuya renta per cápita es un 12% superior a la media extremeña gracias a la planta. En los bares de Navalmoral de la Mata, en los comercios de Almaraz, la pregunta es desgarradora: «¿Y ahora qué?» ¿Irán los líderes de la izquierda progre a pagar la universidad de sus hijos o a llenarles la nevera? Los alcaldes de la zona no quieren palabras bonitas ni las típicas promesas de Pedro Sánchez que luego acaban en un «cambio de opinión». Exigen un plan de reindustrialización real. Temen, con toda la razón del mundo, que la comarca se convierta en otro erial de prejubilaciones y olvido, calcando las nefastas gestiones que ya sufrimos con el fin del carbón. En cometer semejantes pifias, este Ejecutivo es verdaderamente doctor. Hablando con amigos de la zona, la sentencia común es unánime: «Julio, esto no es una decisión energética, es una condena social». Una transición sin rumbo Prescindir de Almaraz ahora, cuando aporta cerca del 7% de la electricidad nacional, es jugar a la ruleta rusa con el suministro del país. Sin embargo, en el Consejo de Ministros prefieren mirar hacia otro lado. Mientras no se pongan de acuerdo