18 febrero 2026 11:02 pm
El Teide vuelve a latir

Seguro que, al leer el título de este artículo, muchos de ustedes se estarán preguntando: Pero… ¿Qué sabrá este viejo lobo de mar y encima maúro de Telde, sobre el Teide y volcanes, para meternos ahora y aquí un rollo de los suyos?

¡Tranquilos amigos! No pretendo darles una docta lección de vulcanismo ni mucho menos, pero sí debo de decirles que, como canario y desde muy pequeño, fue un tema que me apasionaba y leía todo lo que sobre el asunto caía en mis manos. Luego en mi época de navegante y muy especialmente, durante las largas travesías, en vez de ponerme a jugar a la baraja a la cámara de Oficiales con los colegas, que también, me solía ir a la biblioteca de a bordo y empaparme con todos los libros que encontraba y que me hablaran de vulcanismo.

Es por ello que hoy, después de tantos años, no habiendo perdido la costumbre y sin ni siquiera con formación universitaria sobre el particular, me atrevo a escribir algo sobre ellos, con la firme convención de que a lo mejor —o precisamente por no ser un licenciado universitario de título en vulcanología— me podré explicar y entender ustedes mejor. ¡Jajajajaja!

El rumor de las profundidades

En las Islas Canarias, y muy especialmente en la de Tenerife, no se habla en estos días de otra cosa que de los más de 300 microseísmos acaecidos en pocas horas en el entorno del Teide; lo cual ha bastado para que la palabra “erupción” vuelva a deslizarse en conversaciones de café, grupos de mensajería y titulares digitales entre los “enteradillos de la caja del agua”, que de todo hay en la viña del Señor. Jajajaja.

Si bien es cierto que, cuando el volcán se mueve, la Isla entera escucha, conviene detenerse, respirar primero y poner los datos en contexto, antes de lanzarse a opinar a la ligera. Un microseísmo es un evento sísmico de muy baja magnitud, que en la mayoría de los casos resulta imperceptible para la población. No hablo de terremotos destructivos, sino de pequeños reajustes internos del edificio volcánico.

Porque un volcán no es una montaña inmóvil; es una estructura geológica compleja, formada por capas superpuestas de coladas, materiales piroclásticos, intrusiones y fracturas acumuladas durante cientos de miles de años. En el caso de nuestro Teide, ese edificio se asienta en el corazón de Tenerife, dentro del sistema volcánico activo de las Islas Canarias.

La ciencia del «enjambre»

Cuando cambian las presiones en profundidad, ya sea por circulación de gases, por pequeños movimientos magmáticos o por reajustes de tensiones acumuladas, la roca madre responde. Esa respuesta se traduce en los clásicos “enjambres sísmicos” de los que todo el mundo habla en estos días.

La palabra “enjambre” puede sonar alarmante; sin embargo, en volcanología describe simplemente una concentración temporal de pequeños eventos en una zona concreta y determinada. Así pues, no implica necesariamente y por sí misma que una erupción sea inminente.

La historia reciente de Tenerife muestra que el sistema volcánico puede experimentar fases de micro sismicidad sin que estas desemboquen en actividad eruptiva. Hay, además, un elemento diferencial fundamental: nunca antes el Teide había estado tan vigilado. Hasta tal punto que, si no estoy mal informado, creo que en la actualidad es el volcán más monitorizado del mundo. Redes sísmicas de alta sensibilidad, estaciones que miden deformaciones milimétricas y análisis geoquímicos continuos permiten interpretar con precisión lo que ocurre bajo nuestros pies.

«Nuestros antepasados guanches llamaban este volcán ‘Echeyde’ y convivieron durante siglos con su presencia imponente; tanto que lo llegaron a integrar en su cosmovisión como un lugar poderoso, pero no abandonaron la Isla por temor permanente.»

Entre la técnica y la realidad cotidiana

Vivir en unas islas volcánicas implica aceptar que el subsuelo está activo. El Teide no “despierta” de repente; mantiene una actividad de fondo constante. Hoy sabemos más que nunca, y eso permite sustituir el miedo por la información.

El Teide tiembla. Sí. Pero lo hace como lo hacemos las cosas los canarios de toda la vida… “Despacito, al golpito, tranquilitos y respirando de una forma natural”; que para prisas, sobresaltos e intrigas, ya tenemos con Pedro Sánchez en Madrid junto a su gobierno social comunista. Jajajaja.

Desde un punto de vista geotécnico y de geomecánica (que fino yo), el fenómeno debe analizarse con rigor. Los expertos —que son mucho mejores que los que componen el supuesto “equipo técnico” encargado de revisar las vías de los trenes de Óscar Puente, y a los recientes hechos me remito— nos dicen que el edificio volcánico funciona como un sistema sometido a un estado tensional variable.

Para entenderlo, los que saben analizan integradamente:

  1. La profundidad hipocentral de los eventos.

  2. La evolución temporal del enjambre.

  3. La migración espacial de los focos.

  4. La correlación con deformación superficial (inflación o deflación).

  5. Las variaciones geoquímicas en gases volcánicos.

Conclusión: El fuego en nuestra sangre

A los canarios de las 8 islas —donde incluyo a la de San Borondón, que por haber tenido la suerte de haberla visto en mi época de navegante, puedo decir que sin dejar de ser “mítica” existe de verdad— nos conviene recordar algo esencial: vivimos en unas Islas que nacieron del fuego.

Así que, para que no dejes de ir a visitar tranquilo este fin de semana Las Cañadas del Teide, te afirmo que puedes acudir con el bocadillo de tortilla en el coche. No se te ocurra comer en el Parador, que está carísimo y además se han especializado en la “clavada al Guiri”.

Si al final te animas y decides por fin “tirar pa’arriba”, “déjese dir” despacio, siempre “al golpito”. Y si cierran la carretera, no te calientes; piensa que lo hacen porque la cosa está bien jodida. No te cuento más, porque este Julio González “pega” a escribir cristiano, como mismo habla, y no hay quien lo pare al muy jodío… ¡y no le engaño si le digo que… casos se han dado! JAJAJAJA.

¡Qué cosas!

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter