“Finaos o Halloween” el día en que canarias decidió olvidarse de sí misma
Cuando La colonización más peligrosa no nos llega en barcos
Hubo un tiempo en que los canarios sabíamos quiénes éramos. Hubo un tiempo en que nuestros mayores se reunían durante las noches de “los finaos”, para recordar a sus difuntos, compartir historias familiares, transmitir recuerdos a los más jóvenes y mantener viva la memoria de quienes les habían precedido.
Hoy, en cambio, miles de niños recorren nuestras calles disfrazadas de personajes importados, repitiendo frases en inglés que apenas comprenden y participando en una celebración cuyo sentido profundo desconocen por completo. Pero lo verdaderamente triste no es que Halloween haya llegado a Canarias; lo verdaderamente penoso es que “los Finaos” estén desapareciendo, y lo peor de todo es que no podemos culpar a nadie más que a nosotros mismos. Porque esta vez la conquista cultural no ha venido impuesta desde fuera. Le hemos abierto la puerta de par en par nosotros, los canarios.
“Y un pueblo que ignora sus raíces está condenado a convertirse en una caricatura”
Resulta descorazonador comprobar cómo muchos niños canarios conocen perfectamente qué significa «Truco o trato», pero son incapaces de explicar qué es un “Finao”.
Saben identificar una calabaza iluminada, pero nunca han escuchado las historias de sus bisabuelos. Reconocen a personajes de películas de terror, pero ignoran las costumbres que durante siglos formaron parte de la identidad de su propio pueblo canario, y nadie parece alarmarse; al contrario, cada año asistimos con entusiasmo a la sustitución progresiva de nuestras tradiciones mientras nos convencemos de que eso es modernidad. “NO, eso no es modernidad, a eso se llama amnesia cultural.”
“Los Finaos: memoria, familia e identidad”
“Los Finaos” nunca necesitaron disfraces. Nunca necesitaron campañas publicitarias. Nunca necesitaron” influencers” ni centros comerciales para sobrevivir. Vivieron durante generaciones porque tenían algo mucho más poderoso: significado de aquellas reuniones que familiares servían para recordar a quienes habían fallecido, fortalecer los vínculos entre generaciones y transmitir historias que formaban parte de nuestra memoria colectiva. Recuerdo hoy con nostalgia, como Los mayores hablaban, los jóvenes escuchábamos y a través de aquellas conversaciones, se construía algo que hoy parece estar en peligro de extinción: la identidad. Hay que dejar claro que no se trataba de una fiesta del miedo, era una lección de pertenencia, era una declaración silenciosa de que… “Nadie muere realmente mientras siga siendo recordado”.
“Pero llegó Halloween, y de tradición histórica a máquina comercial”
Aquí convienen aclarar algo para evitar manipulaciones: Halloween posee raíces históricas respetables asociadas al mundo celta y a la festividad de Samhain. Esa es una realidad histórica, pero el Halloween que hoy invade escaparates, colegios, centros comerciales y redes sociales tiene menos de tradición ancestral que de inmenso negocio internacional. No estamos importando arqueología cultural, estamos importando un producto perfectamente empaquetado para ser consumido. O lo que es lo mismo, “basura progre y pija “. Y lo peor es que nosotros lo estamos haciendo con un entusiasmo que jamás mostramos hacia nuestras propias costumbres. Y de ahí mi enfado, porque precisamente ahí reside la contradicción que hay que ver y tener en cuenta
“EL ETERNO COMPLEJO DE INFERIORIDAD CANARIO”
Existe una pregunta incómoda que nadie quiere formular: ¿Por qué los canarios sentimos tanta facilidad para abandonar lo nuestro y tanta devoción por copiar lo ajeno?
¿Por qué todo aquello que nos llega de fuera parece moderno, atractivo y digno de admiración, mientras que nuestras tradiciones son consideradas antiguas, aburridas o prescindibles?
Detrás de esta actitud se esconde una enfermedad colectiva que lleva décadas creciendo silenciosamente en Canarias, que no es otro que el complejo de inferioridad cultural. La falsa creencia de que lo extranjero siempre es mejor que lo propio. La absurda idea de que conservar nuestras costumbres equivale a quedarse anclados en el pasado y nada más lejos de la realidad.
“Los pueblos fuertes son precisamente aquellos que saben proteger su personalidad mientras se abren al mundo”.
“Estamos fallando a nuestros hijos”
Quizás la crítica más dura deba dirigirse hacia nosotros mismos. A las familias. A las instituciones. A los responsables educativos. A una sociedad que parece más preocupada por organizar concursos de disfraces que por transmitir la historia y las tradiciones que heredó de sus mayores.
¿Por qué, de qué sirve hablar continuamente de identidad canaria, si después permitimos que desaparezcan las expresiones más sencillas y populares de esa identidad?
¿De qué sirve presumir de nuestras raíces, cuando ni siquiera enseñamos a nuestros hijos a conocerlas?
Cada niño que ignora qué son “los Finaos” representa una pequeña derrota cultural, es como si matáramos a “un Baifo”
Cuando cada abuelo que muere sin transmitir esos recuerdos, supone una biblioteca que se pierde para siempre y cada año que pasa el silencio es mayor.
“No estamos perdiendo una fiesta. Nos Estamos perdiendo algo mucho más importante”
Algunos me tratarán de exagerado y dirán que todo esto que digo carece de importancia, que son simples costumbres, que los tiempos cambian, que la globalización es inevitable.
Son exactamente los mismos argumentos que utilizan todas las sociedades cuando empiezan a perder su personalidad. Porque el problema no es “los Finaos”; el verdadero problema a que nos enfrentamos es el mensaje que transmite su desaparición.
“Porque, Una sociedad que deja morir voluntariamente sus tradiciones más arraigadas está enviando una señal inequívoca: ha dejado de valorar aquello que la hizo diferente”.
Y cuando un pueblo llega a ese punto, deja de construir identidad para empezar a consumir la de otros.
“Mi última llamada”
Todavía estamos a tiempo, pero no para organizar actos folclóricos de escaparate ni para pronunciar discursos institucionales una vez al año; Estamos a tiempo para algo mucho más sencillo y mucho más difícil: recuperar el orgullo de nuestras raíces, devolver “los Finaos” a las casas, las familias, a las conversaciones entre generaciones., en definitiva, a la memoria colectiva.
“Porque el día que los canarios necesitemos que otros nos expliquen quiénes fuimos, habremos dejado de ser herederos de nuestra historia para convertirnos en turistas Chonis o Guiris de nuestra propia cultura”. Y pocas derrotas existen más humillantes que esa, pues como diría un viejo lobo de mar como yo, y además mauro de Telde: “la marejada no la provoca el viento de fuera, sino el capitán que abandona el timón”
«Mientras nuestros niños aprenden a decir ‘truco o trato’, Canarias parece olvidar quiénes fueron sus abuelos.»
¿Por qué compadre, estamos dejando que nuestras tradiciones se desvanezcan mientras abrazamos con entusiasmo las de otros?
Resulta triste, muy triste observar cómo: «Mientras nuestros niños aprenden a decir ‘truco o trato’, Canarias parece olvidar quiénes fueron sus abuelos.»
Además, lo que expongo tiene algo que considero fundamental: la crítica no cae en el rechazo irracional de lo extranjero. Eso le da mucha más credibilidad. El lector debe percibir que no se estoy atacando “Halloween” por ser una tradición ajena, sino denunciando la dejadez con la que estamos permitiendo que desaparezca una costumbre que forma parte de nuestra memoria colectiva canaria.
En otras palabras, y como diría, cuando era chico, no exento de la mucha gracia infantil con la que nos tenía acostumbrados, mi hermano Antonio María González Padrón, actual Cronista Oficial de la Ciudad de Telde, …. “Aquí cá uno, cá uno”; y yo, para no perder la costumbre al despedirme a mi estilo, añado qué… ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!