Qué cosas las de este país, por Paco Vega
2014111706551325098En estas últimas semanas venimos soportando una sorprendente avalancha de noticias y acontecimientos de todo tipo que acogotan al más avezado e informado ciudadano. La sucesión en cascada de acontecimientos noticiables, casuales o forzados, en busca de sembrar confusión y despistar al personal, se superponen de forma aparentemente descontrolada: Bárcenas, Gurtel, los Eres, Puyol, el triunfo de la izquierda en Grecia con acojone generalizado del bipartidismo en España… y como no, Podemos y Pablo Iglesias “el destripador”en la primera plana de todos los medios…
También la repentina desaparición de los “nosecuantos” barriles de petróleo que según Soria había en aguas canarias (de la noche a la mañana), veremos si vuelven después de las elecciones a destapar “el botín petrolero”… Y con la traca final de la privatización de los aeropuertos, en lo que puede significar para Canarias la desaparición de los aeropuertos menos rentables (La Gomera y El Hierro), además de una más que previsible subida de los billetes por la carestía de tasas, ahora en manos privadas.

 

Definitivamente, los de “la marca España” se han propuesto desmantelar el Estado, privatizando lo público rentable (aeropuertos) y nacionalizando lo privado en ruinas (Bankia, autopistas, etc). Luego nos contarán -para rebajarnos sueldos, pensiones y derechos adquiridos- que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Ya he comentado en más de una ocasión que esta gente no va a dejar títere con cabeza, y los acontecimientos desgraciadamente me están dando la razón.

Entre todo este marasmo “desinformativo” me llama la atención la nueva aparición en escena del Ministro Wert, con otra conflictiva reforma universitaria, en lo que viene a representar la “elitización” de la educación pública, sumando más obstáculos si cabe al acceso a la formación superior para las clases menos pudientes. La educación para quien se la pueda pagar… (dice el mensaje entre líneas del Gobierno -para quien lo quiera leer-) Este Ministro tiene la extraña habilidad de liarla parda cada vez que puede. En las próximas semanas veremos a los estudiantes echarse a la calle en justa defensa de sus derechos, pero ahí los estará esperando el Ministro Fernandez con su policía pretoriana y con la Ley Mordaza entre los dientes para dar buena cuenta de una represión nunca vista desde el franquismo, especialistas en mantener al pueblo con la testuz baja… Y si no al tiempo…

Este tema es aparentemente sencillo -por reducir su malvada complejidad hasta el absurdo-, si encarecen las matriculas y reducen las becas (primera actuación de este gobierno contra la educación universitaria), y ahora reducen la duración de las carreras, ampliando los másteres, consiguen limitar el acceso a la Universidad a las clases menos pudientes y posteriormente poner una nueva barrera económica para los que si lo consigan, con la obligatoriedad de realizar los nada económicos Másteres. Antes un licenciado era un licenciado; ahora, quien termine una carrera, con el esfuerzo económico titánico que representa para las familias, pasará a engrosar las listas de un ejercito de titulados superiores en paro, a no ser que pueda permitirse dos años de máster. En la práctica significa que están reduciendo el acceso a la educación superior a una élite económica muy privilegiada. Maldita la falta que hacía esta reforma al ya desconcertado mundo educativo, pero ellos tienen claras sus prioridades y las van a llevar hasta el final.

Por otra parte llama la atención como van relevándose los diferentes Ministros en situarse en el ojo del huracán, como si formase parte de una coreografía perfectamente ensayada… Wert, Gallardón, Fernandez, Soria, Wert -otra vez-, etc… Con la intermitente aparición de la siempre desconcertante -sin ápice de vergüenza- Secretaria General del partido y de las indemnizaciones diferidas al dueño de la cueva de Ali-Babá… Qué cosas las de este país… Qué cosas las de este Gobierno… “Se fuerte Luís, aguanta” …dito sea Dios… Qué nos quedará por ver…

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Articulos
Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche