¿Qué oculta el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez en el caso de Ceuta?

Con este artículo, no pretendo otra cosa que, el arrojar luz, y mostrar sin miedo ni temor alguno, el sentir del ciudadano español y normal de la calle, como usted y yo.

Hay preguntas que nacen en los despachos y otras que suben desde la acera.

Esta no viene de tertulias televisivas ni de columnas bien pagadas; viene del hombre de la calle, del ceutí que ve su ciudad convertida en polvorín, del español de la calle que mira al Estrecho y no entiende por qué su Gobierno, parece más preocupado por no molestar a Rabat que por tranquilizar a Ceuta.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿qué oculta el Gobierno en el caso de Ceuta? Y detrás de ella, otras que duelen más: ¿Por qué no ha actuado con más rotundidad? ¿Por qué se retrasa una y otra vez la visita del Rey a Ceuta y Melilla? ¿Es el propio Rey rehén político del Gobierno y de la relación con Marruecos?

Voy a ir por partes, como quien desarma un motor en el antiguo taller de “los Ramirez” (Telde)

 

“La herida abierta de Ceuta; una crisis que no se quiere nombrar”

Ceuta no está viviendo un episodio aislado, ni una “situación compleja” como dicen los comunicados asépticos. Está viviendo una “crisis prolongada”, y de ninguna manera “subjetiva” como la llama Marlaska a pesar de ver a decenas de miles de personas entrando de forma irregular, con barrios tensionados, servicios desbordados y una población que siente que su vida ha sido rota en dos; la de antes y la de después de la avalancha.

Mientras tanto, el discurso oficial “sanchista” cerrando filas alrededor del traidor a la patria de Pedro Sánchez se mueve entre tres ideas:

“Hablar de crisis humanitaria” para suavizar la palabra invasión.

“Insistir en la colaboración ejemplar de Marruecos”, aunque las imágenes y los testimonios muestren pasividad, cuando no uso deliberado de la migración como herramienta de presión.

“Prometer ayudas económicas y planes de relanzamiento”, como si el problema se arreglara solo con dinero y no con claridad política y defensa firme de la soberanía.

El ciudadano normal, el que no vive de eufemismos, lo percibe así: “Si esto hubiera pasado en cualquier otra frontera de la UE, hablarían de ataque híbrido, de arma migratoria, de agresión a la integridad territorial. Pero como es Ceuta, se disimula”.  Y está claro que un país entero, exceptuando a los adoctrinados “sanchistas”, piensen así, no pueden estar equivocados, ni todos pueden ser alumnos de la LOGSE socialista que…, “no saben, no contestan”; pero que tienen claro que, los jueces en España son una “panda de fachas prevaricadores”, que quieren destruir al gobierno de Pedro Sánchez, al precio que sea, que siguen las instrucciones de Aznar: “el que pueda hacer que haga”.   Jajajaja me rio, por no llorar.

Y ahí nace la sospecha y es que, “cuando un Gobierno evita cobardemente nombrar la realidad, suele ser porque teme las consecuencias de hacerlo”.

 

“El fantasma del chantaje: Pegasus, móviles hackeados y política exterior arrodillada”

No hace falta ser experto en servicio de inteligencia del CNI o CIA, para recordar un dato que ya forma parte del imaginario colectivo; “Los teléfonos del presidente del Gobierno y de varios ministros fueron infectados con el software espía Pegasus, en plena tensión con Marruecos y tras una visita a Ceuta”.

Desde entonces, la política exterior española hacia Rabat ha dado un giro que el ciudadano percibe como “un cambio de rumbo sospechosamente sumiso y cobarde hasta decir basta”

Antes se señalaba a Marruecos como responsable de relajar los controles y permitir la entrada masiva de migrantes. Se hablaba de “violación de la integridad territorial” y se desplegaba al Ejército con un discurso firme.

Ahora este presidente “sospechoso de traición a la patria”, insiste en que Marruecos es “socio fiable”; se evita hablar de responsabilidad directa y se pone el foco en “mafias” y “dinámicas migratorias complejas”.

El hombre de la calle no maneja informes clasificados, pero sí maneja algo igual de valioso, “su natural   intuición”. Y su intuición le dice que cuando alguien cambia de tono tan bruscamente, o ha recibido una revelación mística… o ha recibido un aviso que no puede ignorar.

De ahí nace la idea del “chantaje político”. “¿Qué tiene Marruecos en su mano? ¿Qué información, qué grabaciones, qué mensajes, qué documentos podrían hacer saltar por los aires la carrera de más de uno si se filtraran?”

No hay pruebas públicas que lo confirmen, pero el comportamiento de este gobierno social comunista alimenta la sospecha; Evita confrontar a Marruecos. Minimiza la gravedad de lo ocurrido. Se niega a hablar con transparencia de los informes de los servicios secretos.

Cuando un Gobierno actúa como si tuviera algo que perder si se enfada el vecino, el ciudadano concluye: “algo nos ocultan”.

 

“El Rey en la encrucijada”: ¿jefe del Estado o figura decorativa?

La otra gran pregunta que se oye en la barra del bar y en las colas del supermercado es esta: ¿Por qué el Rey no va a Ceuta y Melilla?

No estamos hablando de un viaje turístico, sino de un gesto de enorme carga simbólica. El jefe del Estado visitando dos ciudades españolas, que se sienten amenazadas, desbordadas y olvidadas. En cualquier manual de política básica, esa visita sería casi obligada.

Sin embargo, se retrasa, se enfría, se aparca. Y el ciudadano de la calle, empieza a pensar… ¿Es el Rey rehén del Gobierno? ¿Se le está impidiendo ejercer su papel de símbolo de unidad y de defensa de la integridad territorial para no incomodar a Marruecos? ¿Se teme que una visita real sea interpretada en Rabat como una provocación y rompa un equilibrio frágil basado en silencios y concesiones?

La Constitución dice que el Rey es “Comandante en Jefe de los tres ejércitos” y símbolo de la unidad y permanencia del Estado. Pero la práctica política reciente lo ha ido arrinconando en un papel casi ceremonial, donde cada gesto se negocia, se filtra y se calcula según la conveniencia del Gobierno de turno.

El ciudadano español; el de la calle, como usted y yo, que mira a Ceuta y Melilla siente que, en este caso, “la prudencia se ha convertido en cobardía impropia de un español que se tenga como tal”. Y se pregunta si el Rey está siendo utilizado como pieza de un tablero donde lo importante no es la dignidad de las ciudades españolas, sino la comodidad diplomática con un vecino que juega duro.

 

“Marruecos: un reino medieval en un mundo moderno… Y un socio al que se teme”

La conversación que mantuve ayer mismo con quien ha vivido 25 años en Agadir es clave: ¿Cómo es posible que un país como España, miembro de la Unión Europea, con una economía un ejército dentro de la OTAN, muy superior y con respaldo internacional, parezca temer a la reacción de un rey medieval como lo es Mohamed VI?, Por cierto, dueño de una fortuna incalculable, que gobierna un país con, “más del 50% de abstención” en unas elecciones legislativas recientes. “Un paro juvenil cercano al 33%” y una población sumida en la precariedad, salvo quienes orbitan alrededor de la Casa Real. Un país con una dependencia constante de ayudas económicas de la UE y otros países occidentales.

La respuesta, desde la mirada del ciudadano de la calle, es amarga: Marruecos ha aprendido a usar tres herramientas con enorme eficacia; a saber, “la migración como arma de presión”, abre y cierra el grifo de la frontera según convenga. Sabe que cada avalancha desborda a Ceuta y Melilla y genera tensión política en España. “La información como palanca de poder”, en un mundo donde los móviles de los líderes pueden ser hackeados, la información privada se convierte en pólvora política. No hace falta disparar un cañón cuando se puede amenazar con un archivo. “La ambigüedad diplomática”, se presenta como socio imprescindible en el control migratorio y en la lucha contra el terrorismo y al mismo tiempo, utiliza esa posición para exigir concesiones y silencios.

España, en lugar de responder con firmeza y transparencia, parece haber optado por una estrategia de “apaciguamiento y de cobardía manifiesta ante el mundo”; “Mejor no molestar, mejor no señalar, mejor no exigir demasiado… no vaya a ser que se nos enfade el Sultan”.

El ciudadano, que no tiene acceso a los cables diplomáticos, solo ve el resultado de, “un país del primer mundo (España), doblegándose y actuando como si tuviera miedo a un monarca de corte feudal como lo es Mohamed VI

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¿Qué nos puede estar ocultando este gobierno social comunista que preside Pedro Sánchez?

Desde la visión subjetiva de un ciudadano normal como el viejo lobo de mar que escribe este articulo de opinión, las hipótesis son estas: “Información comprometedora obtenida mediante espionaje”. – Conversaciones, mensajes, decisiones internas que, si se hicieran públicas, podrían destruir carreras políticas, abrir causas judiciales o deslegitimar al Gobierno. “Acuerdos ocultos sobre el Sáhara, Ceuta, Melilla y aguas canarias”. – Concesiones no explicadas a la opinión pública. Compromisos sobre posiciones en la ONU, en la UE o en la OTAN que afectan directamente a la seguridad de las ciudades españolas del norte de África. “Negligencias graves en la gestión de la crisis migratoria”. – Informes que demostrarían que se conocía la avalancha con antelación y no se actuó. Decisiones de no reforzar la frontera para evitar “tensiones” con Marruecos, a costa de Ceuta. “Una estrategia deliberada de silencio”. – Apostar por que el tiempo diluya la indignación. Convertir una crisis de soberanía en un problema administrativo de plazas de acogida y expedientes de extranjería.

No puedo probar ninguna de estas hipótesis, pero sí puedo afirmar algo con rotundidad: “Si no hubiera nada que ocultar, el Gobierno hablaría claro. Si no hubiera nada que temer, el Rey habría ido ya a Ceuta y Melilla. Si no hubiera nada que explicar, no habría tanto silencio, tanta ambigüedad y tanta palabra vacía”.

 

¿Debe ir el Rey a Ceuta y Melilla?

Desde la mirada de la calle, la respuesta es sencilla: “SÍ, DEBERÍA IR”.

“Aunque solo sea por dignidad nacional”, pues dos ciudades españolas se sienten abandonadas y la presencia del jefe del Estado sería un mensaje inequívoco: “No están ustedes solos, hermanos caballas, porque formáis parte de España; ella es vuestra única madre patria y una madre jamas abandona a sus hijos”.

“Por responsabilidad instituciona”; el Rey no gobierna, pero representa y en una crisis que afecta a la integridad territorial, su ausencia prolongada se interpreta como desinterés o subordinación política.

“Por efecto moral”, pues la población de Ceuta y Melilla necesita algo más que planes económicos y discursos desde Madrid; necesita ver que el Estado se planta allí, con rostro y voz, y con “dos cojones hispanos” decir alto y claro… ¡Esto no es negociable! ¡Te has confundido de nuevo, moro!  Y amarra los mochos que ¡El espíritu de Don Pelayo, sigue latente en el corazón de los españoles!

¿Sería prudente desde el punto de vista diplomático? Probablemente, el cobarde gobierno de Pedro Sánchez, Gobierno argumentará que no, que hay que medir los tiempos, que no conviene tensar la cuerda con Marruecos, que la situación es delicada, pero para el tiempo que le queda en el patio de este colegio, lo mejor es no tenérselo en cuenta.

Porque desde la mirada del ciudadano, esa prudencia suena a “verdadero miedo”. Y un Estado que actúa movido por el miedo deja de ser referente y se convierte en rehén de sus propias renuncias.

 

La conclusión de un viejo lobo de mar como yo, es que ya no cree en cuentos y mucho menos en cuentos “moros”

A mis 74 años —y con la mar que llevo vista— uno aprende a desconfiar de las historias demasiado pulidas. En la mar, cuando el capitán dice que todo está bien, mientras el barómetro cae en picado y el horizonte se oscurece, la tripulación sabe que algo no cuadra o como decimos en Canarias “no coneja”

En el caso de Ceuta, el barómetro político está cayendo demasiado rápido como para abandonar el puente de mando y no ponerse en guardia, pues ante sus ojos se le presenta mas pronto que tarde …, una ciudad desbordada y convertida en símbolo de fragilidad fronteriza. Un Gobierno que habla de humanidad, pero evita hablar de soberanía. Un vecino que usa la migración y la información como herramientas de presión. Un Rey que no pisa las ciudades que más necesitan su presencia.

 

¿Que se nos puede estar ocultando Pedro Sánchez?

No sé el detalle, pero sí sé que el patrón, “cuando calla demasiado, es porque teme que la verdad le pase factura”.

Yo, como marino viejo, ya no tengo tiempo para tener miedo ni para creer en cuentos infantiles. No temo a un rey medieval, ni a un Gobierno que prefiere la penumbra a la claridad. Lo que sí temo es que “España, mi madre patria, se acostumbre a vivir arrodillada en silencio”, aceptando que sus fronteras se negocian en despachos ajenos y que sus ciudades se convierten en moneda de cambio.

Ceuta y Melilla merecen algo mejor que planes de ayuda y discursos tibios. Merecen verdad, firmeza y presencia. Y España merece un Gobierno y una Jefatura del Estado que, cuando la mar se pone mala, no se escondan en el camarote, sino que salgan al puente, miren al horizonte y digan, sin titubeos:

“Ceuta y Melilla son España. Y no hay vecino, ni chantaje, ni miedo, ni un moro, que pueda poner eso en duda.”

 

Y para que me entiendas mejor, te lo voy a decir como lo haríamos o nos expresamos los mauros de Telde como Yo.  “De verdad te digo compadre y además me conoces bien y sabes que no te miento, que de siempre he regado las plataneras con dos dulas y me ha sobrado agua, para dejarla almacenada en la cantonera del Conde, y eso es algo que lo debe conocer el cobarde y traidor a la patria del Pedro Sanachez y su amigo Mohamed VI, aunque sé bien por la historia de España, que “morito viejo no aprende idioma”, si no es con un par de latigazos previos”. Qué en el pasado … ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!

 

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Redacción NorteGranCanaria

¿Qué oculta el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez en el caso de Ceuta?

Con este artículo, no pretendo otra cosa que, el arrojar luz, y mostrar sin miedo ni temor alguno, el sentir del ciudadano español y normal de la calle, como usted y yo. Hay preguntas que nacen en los despachos y otras que suben desde la acera. Esta no viene de tertulias televisivas ni de columnas bien pagadas; viene del hombre de la calle, del ceutí que ve su ciudad convertida en polvorín, del español de la calle que mira al Estrecho y no entiende por qué su Gobierno, parece más preocupado por no molestar a Rabat que por tranquilizar a Ceuta. La pregunta es sencilla y brutal: ¿qué oculta el Gobierno en el caso de Ceuta? Y detrás de ella, otras que duelen más: ¿Por qué no ha actuado con más rotundidad? ¿Por qué se retrasa una y otra vez la visita del Rey a Ceuta y Melilla? ¿Es el propio Rey rehén político del Gobierno y de la relación con Marruecos? Voy a ir por partes, como quien desarma un motor en el antiguo taller de “los Ramirez” (Telde)   “La herida abierta de Ceuta; una crisis que no se quiere nombrar” Ceuta no está viviendo un episodio aislado, ni una “situación compleja” como dicen los comunicados asépticos. Está viviendo una “crisis prolongada”, y de ninguna manera “subjetiva” como la llama Marlaska a pesar de ver a decenas de miles de personas entrando de forma irregular, con barrios tensionados, servicios desbordados y una población que siente que su vida ha sido rota en dos; la de antes y la de después de la avalancha. Mientras tanto, el discurso oficial “sanchista” cerrando filas alrededor del traidor a la patria de Pedro Sánchez se mueve entre tres ideas: “Hablar de crisis humanitaria” para suavizar la palabra invasión. “Insistir en la colaboración ejemplar de Marruecos”, aunque las imágenes y los testimonios muestren pasividad, cuando no uso deliberado de la migración como herramienta de presión. “Prometer ayudas económicas y planes de relanzamiento”, como si el problema se arreglara solo con dinero y no con claridad política y defensa firme de la soberanía. El ciudadano normal, el que no vive de eufemismos, lo percibe así: “Si esto hubiera pasado en cualquier otra frontera de la UE, hablarían de ataque híbrido, de arma migratoria, de agresión a la integridad territorial. Pero como es Ceuta, se disimula”.  Y está claro que un país entero, exceptuando a los adoctrinados “sanchistas”, piensen así, no pueden estar equivocados, ni todos pueden ser alumnos de la LOGSE socialista que…, “no saben, no contestan”; pero que tienen claro que, los jueces en España son una “panda de fachas prevaricadores”, que quieren destruir al gobierno de Pedro Sánchez, al precio que sea, que siguen las instrucciones de Aznar: “el que pueda hacer que haga”.   Jajajaja me rio, por no llorar. Y ahí nace la sospecha y es que, “cuando un Gobierno evita cobardemente nombrar la realidad, suele ser porque teme las consecuencias de hacerlo”.   “El fantasma del chantaje: Pegasus, móviles hackeados y política exterior arrodillada” No hace falta ser experto en servicio de inteligencia del CNI o CIA, para recordar un dato que ya forma parte del imaginario colectivo; “Los teléfonos del presidente del Gobierno y de varios ministros fueron infectados con el software espía Pegasus, en plena tensión con Marruecos y tras una visita a Ceuta”. Desde entonces, la política exterior española hacia Rabat ha dado un giro que el ciudadano percibe como “un cambio de rumbo sospechosamente sumiso y cobarde hasta decir basta” Antes se señalaba a Marruecos como responsable de relajar los controles y permitir la entrada masiva de migrantes. Se hablaba de “violación de la integridad territorial” y se desplegaba al Ejército con un discurso firme. Ahora este presidente “sospechoso de traición a la patria”, insiste en que Marruecos es “socio fiable”; se evita hablar de responsabilidad directa y se pone el foco en “mafias” y “dinámicas migratorias complejas”. El hombre de la calle no maneja informes clasificados, pero sí maneja algo igual de valioso, “su natural   intuición”. Y su intuición le dice que cuando alguien cambia de tono tan bruscamente, o ha recibido una revelación mística… o ha recibido un aviso que no puede ignorar. De ahí nace la idea del “chantaje político”. “¿Qué tiene Marruecos en su mano? ¿Qué información, qué grabaciones, qué mensajes, qué documentos podrían hacer saltar por los aires la carrera de más de uno si se filtraran?” No hay pruebas públicas que lo confirmen, pero el comportamiento de este gobierno social comunista alimenta la sospecha; Evita confrontar a Marruecos. Minimiza la gravedad de lo ocurrido. Se niega a hablar con transparencia de los informes de los servicios secretos. Cuando un Gobierno actúa como si tuviera algo que perder si se enfada el vecino, el ciudadano concluye: “algo nos ocultan”.   “El Rey en la encrucijada”: ¿jefe del Estado o figura decorativa? La otra gran pregunta que se oye en la barra del bar y en las colas del supermercado es esta: ¿Por qué el Rey no va a Ceuta y Melilla? No estamos hablando de un viaje turístico, sino de un gesto de enorme carga simbólica. El jefe del Estado visitando dos ciudades españolas, que se sienten amenazadas, desbordadas y olvidadas. En cualquier manual de política básica, esa visita sería casi obligada. Sin embargo, se retrasa, se enfría, se aparca. Y el ciudadano de la calle, empieza a pensar… ¿Es el Rey rehén del Gobierno? ¿Se le está impidiendo ejercer su papel de símbolo de unidad y de defensa de la integridad territorial para no incomodar a Marruecos? ¿Se teme que una visita real sea interpretada en Rabat como una provocación y rompa un equilibrio frágil basado en silencios y concesiones? La Constitución dice que el Rey es “Comandante en Jefe de los tres ejércitos” y símbolo de la unidad y permanencia del Estado. Pero la práctica política reciente lo ha ido arrinconando en un papel casi ceremonial, donde cada gesto se negocia, se filtra y se calcula según la conveniencia