NEWSLETTER

Trump y el garrote comercial: ¿Qué pasa si España entra en su diana?

Jugar a las adivinanzas en política internacional siempre es un deporte de riesgo. Y más si el que reparte las cartas es alguien como Donald Trump, ese «pistolero rubio» que parece recién salido de un ‘western’ y que no tiene el más mínimo reparo en dinamitar acuerdos firmados si se levanta con el pie izquierdo. Pero, aunque nos parezca una película lejana, lo que se juega España en este tablero es muy real y, sinceramente, da para preocuparse.

No podemos pecar de ingenuos. Con Trump, lo que hoy parece una simple bravuconada en redes sociales, mañana se convierte en un arancel que te hunde un sector entero. Su lema de «America First» no es solo un eslogan de campaña; es una declaración de guerra comercial para cualquiera que no pase por el aro.

No son solo números, es el pan de mucha gente

A veces nos perdemos en las cifras, pero vamos a ponerle cara a los datos. En 2025, España vendió a Estados Unidos productos por valor de más de 16.700 millones de euros. ¿Qué significa eso? Pues que detrás de ese dinero hay miles de familias que viven del aceite de oliva, del vino, de fabricar maquinaria o componentes para coches.

Solo en aceite de oliva nos jugamos casi 1.000 millones de euros. Eso no es «moco de pavo». Estamos hablando de cooperativas, de agricultores y de miles de empleos que dependen de que a Washington no le dé por cerrarnos el grifo. Y mientras tanto, parece que Pedro Sánchez y su gobierno están a por uvas, ignorando que el mercado estadounidense es nuestro pulmón fuera de Europa.

La lógica del poder frente a la lógica del bolsillo

Curiosamente, nosotros les compramos a ellos mucho más de lo que les vendemos (casi 30.000 millones en importaciones). En un mundo racional, a EE. UU. no le convendría una ruptura total porque ellos también perderían dinero. Pero claro, aquí es donde entra la política de «macho ibérico» y los pulsos de poder. A Trump la lógica económica le importa más bien poco cuando quiere dar un golpe sobre la mesa; ya lo vimos con el acero y el aluminio.

Es verdad que tenemos el «escudo» de la Unión Europea. Pero seamos sinceros: la burocracia en Bruselas es lenta como una tortuga. Para cuando la OMC nos dé la razón en un pleito comercial, nuestras empresas ya habrán echado el cierre. Como decimos en Canarias: “Al conejo huido… palos a la madriguera”. El daño ya estará hecho.

Un mundo donde manda la imprevisibilidad

La gran pregunta que me hago es si estamos preparados para este nuevo escenario. Ya no compites solo por ser el mejor o el más barato; ahora compites contra el humor con el que se despierte un líder al otro lado del charco. El comercio ya no es intercambio, es un arma.

Y aquí en casa, me da la sensación de que el «iluminado» de Sánchez debería empezar a tomar notas o, mejor aún, dejar paso a gente que sepa de qué va la fiesta. No estamos para postureos ni para intentar agradar a esa izquierda «buenista» que vive en una nube mientras el país se arriesga a la ruina. La realidad es tozuda y el tablero geopolítico no perdona a los débiles.

Para terminar, y volviendo a esas expresiones nuestras que tanto dicen: ¡Ojo al parche, cristiano! Que «mamá está mala» y aquí nadie está a salvo de que le toque el gordo. Las amenazas están ahí, el pistolero tiene el dedo en el gatillo y más nos vale que no nos pille desprevenidos.

¡Qué cosas tiene la vida, pero así están las cartas!

También te puede interesar

PUBLICIDAD