Me entrego como siempre a pecho abierto
sin miedo al devenir en noche fría,
pendiente de no darme en carestía
al cielo que se muestra al descubierto.
No quiero convidarme al desacierto
por no vivir mi error más todavía,
herido y con el alma tan vacía
que todo pareciera medio muerto.
Me entrego sin prisión al sol que asoma
invicto por la faz de mi ventana,
creciendo hasta sentirlo que me toma.
No quiero sucumbir a mi desgana,
ni quiero ser amor que se desploma
en esta guerra absurda y cotidiana.
Comparte este post:
- Haz clic para compartir en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Haz clic para compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic para compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Haz clic para compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Haz clic para compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Haz clic para enviar un enlace por correo electrónico a un amigo (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
- Haz clic para imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir