Los niños siempre dicen la verdad

Estaba sentado, como cada día, en el renovado banco que habían puesto en el rellano del portal del viejo edificio. Pasaba allí horas escondido tras la celosía de cemento, oculto a las miradas de los que transitaban por la calle. Algún vecino curioso le preguntaba qué esperaba allí a diario. Y él, socarrón, le decía que «esperar a que vengan a buscarme». Porque se sentía pobre y abandonado.

La muerte de su compañera, hacía ya unos años, y el vuelo de sus hijos al extranjero en busca de una vida mejor con los estudios que él les pagó, le habían dejado solo consigo mismo. Y allí, detrás de la celosía de cemento que le impedía ver el bosque de edificios, se imaginaba lo que no distinguía. En otro tiempo, habría inventado historias de la gente que pasaba, de los edificios que se tambaleaban, o sobre la lluvia que limpiaba la calima. Pero, ahora, no tenía a quién contárselas.

Desde hace unos días, cuando empezaron las clases, un pequeñajo se sienta a su lado cuando la abuela le trae del colegio. Ella, sin preguntar, le deja allí y, al cabo de un rato, llega su hermana del instituto y se lo lleva para la casa.

Él ya no quiere hablar con nadie, y no le hace caso a las preguntas curiosas del chinijo. Pero no piensen que eso le impedía al niño seguirle interrogando. Así que era un alivio para nuestro protagonista cuando su hermana llegaba y, muy amablemente, como buena adolescente, se lo llevaba cogiéndolo del brazo, sin saludar, y sin mirar nada que no fuera su móvil.

Pero, hoy, todo cambió. El niño consiguió llamar su atención apenas unos minutos antes de que llegase la móvil-dependiente. Entre pregunta y pregunta, le dijo:

—¿Sabes? De mayor yo quiero ser como tú.

Pasada la sorpresa inicial, y captada por fin su atención, le habló por primera vez.

—¿Por qué?

—Porque eres rico.

—No, yo no soy rico, pequeño.

—Sí, si lo eres. No trabajas, pasas aquí el tiempo que quieres, puedes hacer lo que te dé la gana, nadie te manda, y puedes marcharte cuando quieras. Sí, eres muy rico —le volvió a decir, antes de que el brazo arrastrase el resto de su cuerpo junto a su hermana.

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Csif Canarias
Ecos de Sociedad
Redacción NorteGranCanaria

Las fiestas del pino no pueden sostenerse a costa del sobresfuerzo de una policía local mermada y mal retribuida

La Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) denuncia la preocupante situación que se está viviendo en el municipio de Teror, en el comienzo de las Fiestas del Pino, pese al acuerdo alcanzado en la Mesa General de Negociación, que no cuenta con el respaldo de la amplia mayoría de la Policía Local, que mantiene su apoyo a la posición defendida por CSIF. El problema no es un acuerdo de tres euros. El problema es una situación que arrastra la plantilla desde hace años con un número de efectivos muy reducido, unas retribuciones claramente insuficientes y una dependencia permanente de los servicios extraordinarios para poder afrontar grandes eventos como las Fiestas del Pino. La última evaluación psicosocial realizada a la Policía Local de Teror reflejaba una plantilla de apenas diez personas, para un municipio que debería contar con más del doble de efectivos de los actuales. Y las Fiestas del Pino son uno de los acontecimientos más importantes de Canarias y requieren una planificación y unos medios acordes con su dimensión. Desde CSIF se hace hincapié que no es razonable que su seguridad dependa, año tras año, de que una plantilla mermada renuncie a más descanso y vida familiar. CSIF anuncia que los agentes seguirán cumpliendo íntegramente sus turnos y obligaciones ordinarias, pero que la mayoría del colectivo ha decidido no prolongar voluntariamente su jornada, mediante servicios extraordinarios. Y para que, luego, ningún responsable pueda tergiversar la realidad, esta es que la plantilla de policía local va a trabajar todas las horas que están legalmente obligadas a hacer, por jornada. Pero no las extraordinarias Igualmente, CSIF lleva años reclamando, en las mesas de negociación, soluciones estructurales: una adecuada Relación de Puestos de Trabajo, mejores retribuciones, cobertura de vacantes, incremento de efectivos y una planificación real del servicio. Sin embargo, se han encontrado una Administración, pese al cambio de signo político, que pretende sacar las fiestas adelante, a costa del agotamiento de sus trabajadores y trabajadoras. Y es por eso que la Policía Local de Teror no pide privilegios. Pide reconocimiento, una plantilla suficiente y unas retribuciones acordes con la responsabilidad que asume. Y entiende que el municipio de Teror merece unas grandes Fiestas del Pino, pero también una Policía Local dignamente valorada.