Caideros acoge una jornada de prevención de incendios de interfaz
Simulacro De Invendios Caideros
Simulacro De Invendios Caideros
El barrio de Caideros acogió este viernes 21 de agosto un ejercicio de prevención ante el riesgo de incendios de interfaz, una jornada desarrollada en colaboración entre el Cabildo de Gran Canaria, el Ayuntamiento de Gáldar, los servicios de emergencia y la ciudadanía con el objetivo de reforzar la coordinación y mejorar la preparación ante una eventual situación de emergencia.
El ejercicio contó con la participación de los Bomberos Forestales de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria, una unidad PRESA, la Agrupación de Protección Civil de Gáldar, Policía Local, medios municipales y vecinos de Caideros y de núcleos próximos.
Al igual que la realizada anteriormente en Teror, la jornada desarrollada en Caideros se extendió más allá de las áreas forestales y formó parte de simulacros y labores divulgativas en el contexto de las denominadas zonas de interfaz, es decir, aquellas en las que el terreno forestal convive y se entremezcla con asentamientos urbanos, una circunstancia que multiplica los riesgos para la población, las viviendas y las infraestructuras públicas.
Julio Mateo Castillo, alcalde en funciones del Ayuntamiento de Gáldar, asistió al ejercicio junto a la segunda teniente de alcalde y concejal de Policía Local y Seguridad, Valeria Guerra, y al ingeniero responsable del Plan de Emergencias Municipal, Tony Santana. El primer teniente de alcalde destacó la importancia de este tipo de iniciativas en un entorno como Caideros, donde existe una estrecha convivencia entre las viviendas y la vegetación.
«Estamos en una zona en la que en cualquier momento puede haber un riesgo real de incendio y por eso es fundamental que ejercicios como el de hoy sirvan para coordinar a las diferentes administraciones y a los efectivos del Ayuntamiento y del Cabildo, además de enseñar a los vecinos la importancia de la prevención», señaló.
En este sentido, subrayó la necesidad de mantener un espacio defendible alrededor de las viviendas, recordando la recomendación de disponer de una franja de 15 metros despejada de vegetación. «Todo lo que hagamos de forma previa favorecerá que la vivienda pueda defenderse mejor ante una situación de emergencia», indicó.
La jornada permitió también trasladar a los vecinos información sobre cómo actuar ante un incendio y sobre los protocolos de evacuación, con el objetivo de garantizar la seguridad de la población. Numerosos residentes de Caideros participaron en la actividad para conocer de primera mano las recomendaciones y resolver sus dudas con los responsables y técnicos presentes.
El Cabildo de Gran Canaria considera a las agrupaciones locales de Protección Civil una pieza fundamental del engranaje de la lucha contra los incendios, especialmente por su profundo conocimiento del territorio y de la realidad social de cada municipio. Su estrecha colaboración se manifiesta también en el apoyo a la mejora de sus infraestructuras, como sucedió en 2025 con la entrega de 21 vehículos equipados con herramientas avanzadas contra incendios y dotados de tecnología para hacer frente a emergencias como inundaciones y temporales.
Asimismo, durante el ejercicio se recordó que la población desempeña un papel fundamental en la prevención y en la reducción de los riesgos en el entorno de las viviendas. La dinámica desarrollada en Caideros incluyó consejos de prevención de incendios recogidos en el programa Gran Canaria Mosaico.
Entre las principales recomendaciones se encuentra mantener despejados de vegetación los 15 metros alrededor de las viviendas situadas en terrenos rurales, medianías y cumbres; extremar las precauciones con maquinaria que pueda generar chispas, como radiales, soldadoras, motosierras o desbrozadoras, cuyo uso está prohibido en situación de Alerta; y recordar que las quemas agrícolas permanecen prohibidas durante el verano hasta el 30 de septiembre.
Estas medidas tienen como finalidad reducir la vulnerabilidad de las viviendas y facilitar la actuación de los servicios de emergencia en caso de incendio, reforzando una cultura de prevención en las zonas con mayor exposición a este tipo de riesgos.

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Capitan Manuel Damía Guimerá
Articulos
Redacción NorteGranCanaria

Homenaje póstumo a mi amigo, colega y maestro, capitán Manuel Damía Guimerá

Ayer zarpó hacia su último puerto de destino, el Capitán Manuel Damiá Guimerá, maestro, colega, amigo y faro de mi juventud profesional, por lo que hice un paréntesis en mis artículos de opinión diario, para dedicarle a él, que tanto le gustaba escucharme y leer mis historias, ésta, que nunca le conté, pero que estoy seguro que hoy la leerá desde el Cielo con la misa ilusión y atención, que cuando se las contaba en el puente del buque Tajo, y me decía… ¡Julio esa es buena!  Tienes que incluirla en tu próximo libro que escribe “Historias de la Mar. Ahí te va, para ti Manolo, convertida en artículo de opinión y homenaje póstumo, porque “los viejos lobos de mar”, sabemos que los capitanes como tú, que no se van del todo. Se quedan en la mar que nos enseñaron a querer. ¡Grande Manolo! Esta mañana como de costumbre, me senté delante de mí portátil, dispuesto a preparar la crónica de hoy viernes, y cuando ya prácticamente la tenía acabada, recibí un WhatsApp desde Castellón de mi buena y vieja amiga Isabel, esposa del también viejo y entrañable amigo, el Capitan Manuel Damiá Guimerá, a quien conozco desde que era Oficial Alumno de Puente y hacia mis prácticas en el buque Duero de la Naviera Pinillos, donde él ejercía de primer oficial. Luego acabada las practicas, me embarqué en un buque inglés y perdimos todo contacto, hasta que regresé a España y él al enterase que estaba buscando nuevo barco, me reclamó para el suyo, donde ahora era Capitan; El Tajo, de la misma naviera donde yo había hecho buena parte de mis prácticas de mar. Con él ingresé de tercer oficial, ascendí a segundo y luego a primero, hasta que la compañía me destinó a Tierra para sustituir, provisionalmente al delegado que existía en Las Palmas, ya que éste se iba de vacaciones.  Después de esto, ya no coincidimos en ningún otro barco, pero nuestra amistad perduró, a pesar de que apenas nos veíamos. Él era un fan de mis libros y publicaciones y yo desde que acababa uno nuevo, se lo hacía llegar Llevaba unos ya 18 años jubilado y ayer me comunicó su esposa qué, mi querido y admirado “Capitán Manuel Damiá Guimerá”, maestro, colega, amigo y faro de mi juventud profesional, había   zarpado hacia su último puerto de destino.  Por lo que, automáticamente me detuve en el artículo que estaba escribiendo, para hacer uno distinto que pudiera dedicárselo a él, y en calidad de homenaje póstumo, recordando que tanto le gustaba escucharme y leer mis historias, y esta nueva, que nunca le conté, pero que estoy seguro que, hoy la leerá desde el Cielo con la misa ilusión y atención, que cuando se las leía en borrador en el puente del buque Tajo y me decía… ¡Julio esa es buena!  Tienes que incluirla en tu próximo libro que escribes de “Historias de la Mar”. Sabe bien amigo Manolo, que aquel libro, ya lo acabé y publiqué con mucho éxito, por cierto, pues ya van tres ediciones entre España y Sudamerioca.  Pero yo quiero contarte hoy otra nueva ,  que para que te entretengas mientras, en ese viaje que te llevará al Cielo junto al Todopoderoso, te entretengas una vez más leyéndome. Así que, ahí te va amigo Manolo. “El mes en que la mar me dejó varado… en el hielo” Hay recuerdos que regresan como una marea lenta: primero un olor, luego un ruido, después una imagen. Y cuando uno menos lo espera, ahí está de nuevo la juventud, llamando a la puerta como un viejo camarada que viene a tomar un café y a recordarte que la vida, pese a todo, sigue siendo hermosa. Hoy, mientras España navega entre temporales que parecen no escampar, me ha dado por rescatar una vivencia que nació en un ciclón y terminó siendo una historia cálida, casi tierna. Por ello quiero dedicarla a ti, que fuiste mi maestro, mi capitán y mi amigo, Manuel Damiá Guimerá, que ayer has emprendido tu última singladura.  “Ana: la primera vez que la muerte me miró a los ojos” Aquel viaje a Canadá comenzó con mal gesto. Nos cruzamos con el “ciclón tropical Ana” que, aunque ya venía subiendo por la costa Este de los Estados Unidos perdiendo fuelle, conservaba la “mala leche” suficiente como para recordarnos que la mar, cuando quiere, se convierte en un animal vivo. Mi barco tenía 150 metros de eslora, 30.000 toneladas, moderno, orgullos, pero se movía como si alguien lo hubiera agarrado por la quilla y lo estuviera sacudiendo para ver qué caía dentro. El viento no soplaba, “mordía como un perro de presa canario” que no quería soltarnos. Las olas no rompían: “caían como muro de piedra”. Y yo, joven tercer oficial de puente, descubrí que la muerte tiene cara… y que era “fea como el demonio”. Pero sobrevivimos. Y llegamos a nuestro destino, Canadá. Porque sabes bien que los marinos no navegamos; “resistimos”. Y porque yo llevaba en la cabeza las enseñanzas de aquel hombre que sabía leer la mar como otros leen un libro; el Capitán Guimerá. “Summer Side: cuando el océano se volvió piedra” Llegamos a “Summer Side”, en la Isla del Príncipe Eduardo, (Canadá) el 28 de diciembre. El termómetro marcaba –18 ºC, que ya es suficiente para que, a un canario como yo, se le congelaran hasta los recuerdos. Dos días después bajó a “–25 ºC”, y la bahía entera se convirtió en una lápida blanca. El barco quedó atrapado, inmóvil, prisionero del hielo como un juguete olvidado por un gigante distraído. La mar, aquella mar que días antes rugía como una fiera, ahora era un silencio absoluto. Un silencio que no se oía; se sentía. Allí estuvimos atracados “un mes entero”, sin podernos mover, esperando a que un rompehielos de la Armada canadiense viniera a rescatarnos. Un mes de frío, de rutinas suspendidas, de vida detenida… y de una sorpresa que aún hoy me hace sonreír.  Target: la flecha que