Concejales de Gáldar e Ingenio comparten una jornada de trabajo 

– El encuentro permitió conocer las realidades de ambos municipios y el intercambio de experiencias de una corporación ya consolidada y otra que se inicia en el presente mandato

El grupo de gobierno de Gáldar recibió en la mañana de este martes a varios ediles del grupo de gobierno de la Villa de Ingenio, que se desplazaron hasta el municipio para mantener un encuentro para el intercambio de experiencias y conocer el plan estratégico de gobierno que se ha llevado a cabo en Gáldar durante los últimos 16 años de mandato liderado por el alcalde de la ciudad, Teodoro Sosa.

Tras el recibimiento en las Casas Consistoriales y la bienvenida por parte del alcalde, Teodoro Sosa, y la presentación de los concejales y técnicos presentes, tanto de Gáldar como de Ingenio, el alcalde de Ingenio, José López, justificó el motivo de la visita, centrada en conocer los objetivos y estrategias que se han seguido en un municipio creciente y de destacada gestión.

Teodoro Sosa se centró en dar a conocer cómo ha convertido un consistorio con más de 32 millones de euros de deuda en una entidad estable y de cercanía con el ciudadano “que da respuesta inmediata a los problemas». También habló de su plan estratégico de gobierno, la distribución de los recursos y los proyectos, el Plan de Barrios, los planes de empleo así como de una política social que es la que más invierte por habitante en Canarias. En conclusión, “el propósito es compartir la hoja de ruta y el plan de gobierno adaptado a la realidad y con las miradas puestas en los repartos de recursos de otras entidades», según aseguró el primer edil de Gáldar.

“Para nosotros es gratificante que la colaboración interadministrativa se demuestre en hechos verdaderos, la experiencia que pueda tener una corporación local tiene que estar al servicio de quienes quieren verse reflejados en una experiencia ya realizada”, aseguró Sosa, añadiendo que “gobernamos para los ciudadanos, no hay tantas diferencias entre un vecino que viva en Ingenio y un vecino de Gáldar”, concluyó Sosa.

Por su parte, José López manifestó que “hemos venido a ver resultados, a ver experiencias. Nuestro equipo en Ingenio es un equipo joven, de profesionales de éxito en la vida privada y la administración pública es totalmente distinta”.

“Venir a Gáldar es también la oportunidad de contactar con compañeros que viven experiencias iguales, que nos van a explicar de qué forma han resuelto los grandes problemas que tienen sus ciudadanos, que es para lo que nosotros realmente estamos aquí. Eso para nosotros nos da también un apoyo técnico, moral para las decisiones que a veces cuesta tomar y un encuentro como el de hoy ha servido para ratificar unas líneas de trabajo que teníamos, que tenemos y que a veces necesitamos consolidar”, aseguró el primer edil de Ingenio.

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EE.UU.: El país que camina con un fusil en la mano y un espejo roto en el bolsillo

Una reflexión necesaria sobre la dualidad de una nación forjada entre el mito de la libertad y el peso de su propia sombra. Por desgracia, nos estamos acostumbrando —si no lo estamos ya del todo— a despertarnos cada día con un titular de periódico o un avance de telediario que nos escupe la violencia desatada en la sociedad estadounidense. Como viejo lobo de mar, con mucho salitre acumulado en los ojos y el orgullo de ser de Telde, estas noticias me han empujado a una reflexión que no pretende ser una verdad absoluta, sino la visión madura de quien ha visto mucho mundo y prefiere mirar más allá de la superficie. La sociedad de los Estados Unidos es un escenario de contrastes que marean. Es el lugar donde puede ocurrir un tiroteo masivo y, a la vez, donde nacen las iniciativas ciudadanas que más conmueven al planeta. Es la potencia que interviene militarmente en tierras lejanas mientras lidera esfuerzos humanitarios globales. Se divide internamente hasta el abismo, pero posee una capacidad casi mística para reinventarse. Quizá la clave para entenderlos esté en aceptar que es una nación que convive con su propia sombra: una oscuridad que no la define por completo, pero que es imposible de ignorar. Dos narrativas, un abismo Hoy, Estados Unidos parece fracturado en dos realidades irreconciliables. No hablamos solo de demócratas y republicanos; hablamos de dos visiones del mundo, dos identidades culturales y dos formas opuestas de entender qué significa ser estadounidense. Los medios y las redes sociales han convertido la discrepancia en enemistad. El adversario ya no es alguien con quien debatir, sino alguien a quien temer. Y el miedo, cuando echa raíces, siempre termina abriendo la puerta a la violencia. Comprender esa tensión constante entre la luz y la oscuridad es esencial para descifrar no solo los titulares sangrientos, sino la complejidad de un país que sigue manejando el timón del destino del mundo. Una historia escrita con pólvora Hay países que se construyen sobre mitos y otros que lo hacen sobre heridas. Estados Unidos pertenece a ambos. Se proclama como el “faro de la libertad”, pero su violencia interna brota desde los cimientos. La independencia de la nación no fue un pacto diplomático, sino una guerra que dejó 25.000 muertos, una cifra colosal para finales del siglo XVIII. Poco después, la «Conquista del Oeste» desplazó a más de 60 tribus indígenas, un proceso de exterminio que a menudo se nos vende como una epopeya romántica cuando fue ocupación a sangre y fuego. Luego, la Guerra Civil (1861-1865) con sus 600.000 fallecidos, dejó una herida racial, cultural y económica que todavía late bajo la piel del país. Desde entonces, la guerra parece haberse convertido en un hábito: Cuba, Filipinas, Vietnam, Corea, Irak, Afganistán… Para EE. UU., el conflicto no es un episodio, es una constante. El mito sagrado del arma Para un europeo, resulta incomprensible la vigencia de la Segunda Enmienda. Lo que nació en 1791 como una necesidad de milicias coloniales, hoy es un símbolo sagrado. Con más de 390 millones de armas en circulación —más que habitantes—, el objeto ha pasado a ser identidad. Tres de cada diez adultos poseen una, y la mayoría asegura que jamás renunciaría a ella. Es la frontera mental entre su concepto de «libertad» y la «opresión». El problema es que, cuando un mito se arma, la realidad suele quedar desarmada. Entre Martin Luther King y el supermercado Sería injusto decir que el estadounidense medio es violento. No olvidemos que este es también el país de Martin Luther King, de los movimientos por los derechos civiles y de las protestas pacíficas que han cambiado la conciencia del mundo. Es una nación capaz de lo mejor y de lo peor: de enviar un hombre a la Luna y, al mismo tiempo, permitir que un adolescente compre un rifle semiautomático en un supermercado. La violencia allí no es genética, es estructural. Es una herencia que se filtra en la política y en la vida cotidiana. Estados Unidos avanza con un fusil en la mano (su mito fundacional) y un espejo roto en el bolsillo (su imagen fragmentada). Reflexión final Quizá la pregunta no sea si Estados Unidos es un país violento, sino por qué no ha logrado romper el ciclo histórico que lo ata a ese destino. Todas las naciones tienen sombras, pero no todas permiten que esa sombra les marque el paso a pie juntillas. Ojalá Dios ilumine a esa gran nación y les ayude a corregir el rumbo, porque sus errores nos pasan factura a todos. Comprender lo que ocurre allí requiere mirar más allá del telediario y analizar las raíces de un país que, para bien o para mal, ha diseñado el mundo en que vivimos. Y para despedirme, como solemos decir por mi tierra: “De verdad que siento, compadre, el royo aquí jincado, pero es que este Julio González el de Telde, cuando coge la tablilla, pega el hombre a hablar y no hay quien lo pare”. ¡Qué cosas!