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Intersindical Canaria señala que Atención Primaria no cuenta con los recursos suficientes para asumir el seguimiento del covid-19 
  • Abel Ramos explica que también es necesario que se habiliten puntos centralizados de toma de muestras para PCR en los centros de Atención Primaria 

Intersindical Canaria señala que los servicios sanitarios de Atención Primaria no cuentan con el personal y los recursos materiales necesarios para hacer frente al proceso de desescalada que el Archipiélago inició el pasado 11 de mayo tras el confinamiento general decretado como consecuencia de la pandemia por covid-19.

El portavoz del Secretariado Nacional de Salud de Intersindical Canaria, Abel Ramos Negrín, ha explicado que la carga asistencial que han soportado hasta ahora los centros hospitalarios se transferirá a los servicios sanitarios de Atención Primaria, cuyos centros tendrán que asumir, a partir de ahora, la recogida de muestras para PCR de los pacientes, la trazabilidad y el control de los contactos, así como el seguimiento de los casos de coronavirus.

“En estos momentos, Atención Primaria no tiene capacidad para asumir esta carga de trabajo teniendo en cuenta, además, que fue uno de los servicios que más recortes sufrió debido a la crisis del 2008 sin que aún se hayan inyectado recursos económicos para revertirlos”, ha explicado Ramos Negrín.

En este sentido, Ramos Negrín explicó que las Unidades de Atención Familiar (UAF) asumirán el seguimiento de los casos por covid-19 y que, en el caso de Tenerife, “más del 11 por ciento de estas Unidades no cuentan con el personal ordinario necesario y mucho menos con profesionales especializados en covid-19”.

Además, desde Intersindical Canaria han señalado que es necesario habilitar en cada centro de Atención Primaria una zona de triaje de covid-19, así como crear puntos de toma de muestras, aislados o en centros matriz, para garantizar la seguridad tanto del personal de los centros de Atención Primaria como de los usuarios durante las distintas fases de la desescalada.

“En el caso de Tenerife, se necesitaría al menos 2 puntos en el sur de la Isla y otros 2 en el norte y en el Área Metropolitana, que requerirían a su vez una dotación de 24 efectivos de Enfermería, 12 auxiliares de Enfermería y 12 auxiliares Administrativos, a lo que hay que añadir los recursos para trasladar las muestras desde estos puntos hasta los laboratorios de los centros de referencia”, ha puntualizado Abel Ramos Negrín, quien ha explicado que la situación en el resto de las islas es igual o peor.

Esta propuesta es una de las medidas que desde el sindicato han hecho llegar al presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, y al consejero de Sanidad, Julio Pérez, a través de un documento registrado el pasado día 15 de mayo en el que se describían las carencias de los servicios sanitarios de Atención Primaria.

En cuanto a los recursos materiales, Intersindical Canaria ha explicado que Atención Primaria tampoco cuentan con los equipos de protección individual (EPI) y espacios suficientes para hacer frente a la desescalada. Además, “las zonas de triaje de cada centro implicarían formación específica relativa al virus así como en el uso correcto de EPI”, ha señalado Abel Ramos Negrín.

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Redacción NorteGranCanaria

EL problema sobre la Vivienda en España “Cuando la política llega tarde a la realidad”

¿Qué ocurrirá si el Congreso tumba hoy los llamados «Decretos Maricarmen»? La vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. No hace falta acudir a complejas estadísticas para constatarlo. Basta con escuchar a los jóvenes que no pueden emanciparse, a las familias que destinan una parte creciente de sus ingresos al alquiler o a quienes viven con la incertidumbre permanente de perder el hogar donde han construido su vida. En este contexto llegan al Congreso los dos Decretos ley que han sido bautizados popularmente como «Decretos Maricarmen», en referencia al caso que ha servido para visibilizar una realidad que afecta a miles de personas y que ha vuelto a situar el problema de la vivienda en el centro del debate público. Sin embargo, la propia tramitación de estas medidas pone de manifiesto las profundas diferencias existentes en torno a cómo afrontar esta crisis. Aunque previsiblemente contarán con el respaldo de quienes sostienen al Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, incluso dentro de la propia mayoría parlamentaria abundan las voces que consideran insuficiente su alcance. Para unos representan un avance necesario; para otros, apenas un parche temporal; y para sus detractores, generan dudas jurídicas, económicas y sociales que no deberían ser ignoradas. La cuestión que me planteo no es tanto quién tiene razón en este debate, sino qué ocurriría si e viernes (hoy), estos decretos no consiguieran superar la votación de convalidación en el Congreso. Desde un punto de vista estrictamente jurídico, la consecuencia sería clara. Como sucede con cualquier Decreto Ley rechazado por la Cámara, perdería su vigencia y dejaría de producir efectos. Las medidas extraordinarias que incorpora desaparecerían del ordenamiento, salvo aquellas situaciones ya consolidadas durante su período de aplicación. Pero las consecuencias irían mucho más allá de lo legal. En el plano político, el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, sufriría un importante revés parlamentario. No tanto por la pérdida de una votación concreta, algo relativamente habitual en una democracia, sino porque evidenciaría las dificultades para articular consensos incluso entre quienes coinciden en el diagnóstico general del problema. Resulta difícil convencer a la ciudadanía de la urgencia de una medida cuando quienes están llamados a impulsarla discrepan sobre su alcance apenas unos días antes de someterla al voto. Desde una perspectiva social, las interpretaciones serían inevitablemente diversas. Muchos ciudadanos percibirían el rechazo como una oportunidad perdida para reforzar la protección de personas especialmente vulnerables. Otros entenderían que se ha evitado la aprobación apresurada de unas medidas que consideran insuficientemente estudiadas o con posibles efectos indeseados sobre el mercado de la vivienda. Y precisamente ahí aparece una de las grandes contradicciones de este debate. Mientras los partidos intercambian reproches y defienden sus distintas recetas, la realidad sigue avanzando a mayor velocidad que la política. El acceso a una vivienda asequible continúa deteriorándose, los precios del alquiler permanecen en niveles difíciles de asumir para numerosos hogares y la oferta pública sigue siendo claramente insuficiente. Por eso tengo la impresión de que el verdadero debate no debería limitarse al éxito o fracaso parlamentario de estos decretos. Porque, aunque finalmente fueran aprobados, nadie parece sostener seriamente que resolverán por sí solos un problema estructural que lleva años acumulándose. Y si fueran rechazados, la crisis de la vivienda seguiría exactamente dónde está hoy. Lo preocupante no sería únicamente que las medidas fueran tumbadas por el Congreso. Lo verdaderamente inquietante sería constatar que, una vez más, los representantes públicos son capaces de coincidir en el diagnóstico de una emergencia social y, al mismo tiempo, incapaces de construir una respuesta sólida, duradera y ampliamente compartida. La sensación que percibe una parte creciente de la ciudadanía es que la política corre siempre varios pasos por detrás de la realidad. El problema de la vivienda no nació ayer ni apareció de repente por la repercusión mediática de un caso concreto. Lleva años agravándose mientras administraciones de distinto signo observaban cómo el acceso a una vivienda digna se transformaba progresivamente en una aspiración cada vez más difícil para miles de personas. Por eso, si los decretos salen adelante, el Gobierno tendrá la obligación de demostrar que no se trata únicamente de una reacción precipitada ante la presión social del momento. Y si son rechazados, toda la responsabilidad no podrá recaer exclusivamente sobre quienes voten en contra. También deberá recaer sobre quienes no fueron capaces de negociar, convencer o construir los consensos necesarios para sacar adelante unas medidas que calificaban de urgentes. Porque cuando una cuestión afecta a uno de los pilares fundamentales de la estabilidad personal y familiar, el fracaso nunca es exclusivamente parlamentario. Es también político. Y quizás ahí resida la principal crítica que puede formularse sobre todo este episodio. Una vez más, el ciudadano contempla cómo las instituciones discuten procedimientos, estrategias y cálculos partidistas mientras miles de personas siguen esperando respuestas efectivas. La vivienda no necesita más eslóganes, ni más gestos de cara a la galería, ni soluciones concebidas únicamente para superar una votación. Necesita políticas serias, previsibles, sostenidas en el tiempo y capaces de sobrevivir a los cambios de gobierno. Mi opinión, tan personal como sincera, de viejo lobo de mar y además mauro de Telde, , es que el verdadero examen no se celebrará hoy viernes en el Congreso. El verdadero examen llegará dentro de unos años, cuando los ciudadanos puedan comprobar si las decisiones adoptadas sirvieron realmente para facilitar el acceso a una vivienda digna o si todo quedó reducido a otro episodio más de confrontación política. Si entonces el problema sigue siendo el mismo, poco importará quién ganó aquella votación. Porque cuando la política llega tarde a la realidad, los vencedores parlamentarios suelen multiplicarse, pero los ciudadanos terminan perdiendo siempre. La cosa está tan fea, que usando una típica expresión canaria le digo al gobierno de Pedro Sánchez… Quiera Dios que acierten con este nuevo novio, poque si no… Aunque, por otra parte, y se lo digo así con la boca llena…, para el tiempo que les queda en este patio… ¡Qué corra la zapatilla! Y como