María Fernández: “Pedro Sánchez blinda 1.114 millones de euros para Cataluña mientras bloquea el dinero para Canarias”

La diputada de Coalición Canaria y candidata a revalidar su cargo en el Congreso de los Diputados denuncia que el PSOE haya pospuesto una vez más la agenda canaria hasta después de las elecciones del próximo 23J, “una decisión que demuestra que Canarias no existe en su agenda política”

La diputada de Coalición Canaria y candidata a revalidar su cargo en el Congreso de los Diputados, María Fernández, ha denunciado esta mañana ante los medios de comunicación que mientras el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, blinda 1.114 millones de euros para Cataluña, bloquea la agenda canaria y el dinero para Canarias.

En este sentido, aseveró: “Sánchez ha demostrado otra vez que Canarias no existe en su agenda de prioridades, porque a día de hoy hay más de 1.114 millones de euros para Cataluña pero la agenda canaria que se pactó en los Presupuestos Generales del Estado y que se debería haber puesto en marcha desde el 1 de enero se ha pospuesto una vez más hasta después del 23 de julio”.

La nacionalista explicó que la agenda canaria es abaratar la cesta de la compra, tener las guaguas gratis, que las universidades tengan recursos para los profesores y los alumnos o que los palmeros, que muchos siguen viviendo en hoteles, tengan un proyecto de vida. “Todo esto se ha paralizado y lo ha hecho un gobierno de un partido estatalista que no tiene sensibilidad, entendimiento y comprensión con nuestras Islas”.

Asimismo, añadió: “La derecha o la izquierda sólo nos conceden derechos cuando los votos de Coalición Canaria son determinantes, cuando tenemos fuerza en Madrid. Por eso el próximo 23 de julio los canarios tienen que votar por Coalición Canaria, porque ese voto se traduce en votar por ellos, por sus derechos, esos derechos que nos ha costado tanto conquistar”.

Finalmente, aseveró: “Nuestra ideología es Canarias, nuestra prioridad es Canarias, y nuestra herramienta en Madrid es defender esta tierra día tras día. El próximo 23 de julio Canarias se juega su futuro, por eso tiene que seguir Coalición Canaria con voz propia en el Congreso de los Diputados. Los canarios no podemos votar una opción política que no defienda nuestros derechos en Madrid”.

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EE.UU.: El país que camina con un fusil en la mano y un espejo roto en el bolsillo

Una reflexión necesaria sobre la dualidad de una nación forjada entre el mito de la libertad y el peso de su propia sombra. Por desgracia, nos estamos acostumbrando —si no lo estamos ya del todo— a despertarnos cada día con un titular de periódico o un avance de telediario que nos escupe la violencia desatada en la sociedad estadounidense. Como viejo lobo de mar, con mucho salitre acumulado en los ojos y el orgullo de ser de Telde, estas noticias me han empujado a una reflexión que no pretende ser una verdad absoluta, sino la visión madura de quien ha visto mucho mundo y prefiere mirar más allá de la superficie. La sociedad de los Estados Unidos es un escenario de contrastes que marean. Es el lugar donde puede ocurrir un tiroteo masivo y, a la vez, donde nacen las iniciativas ciudadanas que más conmueven al planeta. Es la potencia que interviene militarmente en tierras lejanas mientras lidera esfuerzos humanitarios globales. Se divide internamente hasta el abismo, pero posee una capacidad casi mística para reinventarse. Quizá la clave para entenderlos esté en aceptar que es una nación que convive con su propia sombra: una oscuridad que no la define por completo, pero que es imposible de ignorar. Dos narrativas, un abismo Hoy, Estados Unidos parece fracturado en dos realidades irreconciliables. No hablamos solo de demócratas y republicanos; hablamos de dos visiones del mundo, dos identidades culturales y dos formas opuestas de entender qué significa ser estadounidense. Los medios y las redes sociales han convertido la discrepancia en enemistad. El adversario ya no es alguien con quien debatir, sino alguien a quien temer. Y el miedo, cuando echa raíces, siempre termina abriendo la puerta a la violencia. Comprender esa tensión constante entre la luz y la oscuridad es esencial para descifrar no solo los titulares sangrientos, sino la complejidad de un país que sigue manejando el timón del destino del mundo. Una historia escrita con pólvora Hay países que se construyen sobre mitos y otros que lo hacen sobre heridas. Estados Unidos pertenece a ambos. Se proclama como el “faro de la libertad”, pero su violencia interna brota desde los cimientos. La independencia de la nación no fue un pacto diplomático, sino una guerra que dejó 25.000 muertos, una cifra colosal para finales del siglo XVIII. Poco después, la «Conquista del Oeste» desplazó a más de 60 tribus indígenas, un proceso de exterminio que a menudo se nos vende como una epopeya romántica cuando fue ocupación a sangre y fuego. Luego, la Guerra Civil (1861-1865) con sus 600.000 fallecidos, dejó una herida racial, cultural y económica que todavía late bajo la piel del país. Desde entonces, la guerra parece haberse convertido en un hábito: Cuba, Filipinas, Vietnam, Corea, Irak, Afganistán… Para EE. UU., el conflicto no es un episodio, es una constante. El mito sagrado del arma Para un europeo, resulta incomprensible la vigencia de la Segunda Enmienda. Lo que nació en 1791 como una necesidad de milicias coloniales, hoy es un símbolo sagrado. Con más de 390 millones de armas en circulación —más que habitantes—, el objeto ha pasado a ser identidad. Tres de cada diez adultos poseen una, y la mayoría asegura que jamás renunciaría a ella. Es la frontera mental entre su concepto de «libertad» y la «opresión». El problema es que, cuando un mito se arma, la realidad suele quedar desarmada. Entre Martin Luther King y el supermercado Sería injusto decir que el estadounidense medio es violento. No olvidemos que este es también el país de Martin Luther King, de los movimientos por los derechos civiles y de las protestas pacíficas que han cambiado la conciencia del mundo. Es una nación capaz de lo mejor y de lo peor: de enviar un hombre a la Luna y, al mismo tiempo, permitir que un adolescente compre un rifle semiautomático en un supermercado. La violencia allí no es genética, es estructural. Es una herencia que se filtra en la política y en la vida cotidiana. Estados Unidos avanza con un fusil en la mano (su mito fundacional) y un espejo roto en el bolsillo (su imagen fragmentada). Reflexión final Quizá la pregunta no sea si Estados Unidos es un país violento, sino por qué no ha logrado romper el ciclo histórico que lo ata a ese destino. Todas las naciones tienen sombras, pero no todas permiten que esa sombra les marque el paso a pie juntillas. Ojalá Dios ilumine a esa gran nación y les ayude a corregir el rumbo, porque sus errores nos pasan factura a todos. Comprender lo que ocurre allí requiere mirar más allá del telediario y analizar las raíces de un país que, para bien o para mal, ha diseñado el mundo en que vivimos. Y para despedirme, como solemos decir por mi tierra: “De verdad que siento, compadre, el royo aquí jincado, pero es que este Julio González el de Telde, cuando coge la tablilla, pega el hombre a hablar y no hay quien lo pare”. ¡Qué cosas!