Una flor ante Colón: Las Palmas de Gran Canaria mantiene viva la memoria del 12 de octubre
La Alameda de Colón acogió este domingo 11 de octubre un encuentro ciudadano en recuerdo de una fecha que marcó la historia universal. La iniciativa reivindica el papel de Canarias en los viajes colombinos y la importancia de conservar el patrimonio histórico.
11 de octubre de 2026 · Redacción NorteGranCanaria.com
La historia también se recuerda con gestos sencillos. No siempre hacen falta grandes ceremonias, discursos oficiales ni actos multitudinarios. En ocasiones basta una flor depositada al pie de un monumento para mantener presente un acontecimiento que, más de cinco siglos después, continúa formando parte de nuestra memoria colectiva.
Este domingo, 11 de octubre, a las doce del mediodía, la Alameda de Colón, en Las Palmas de Gran Canaria, volvió a convertirse en punto de encuentro para recordar el 12 de octubre de 1492, una de las fechas más significativas de la historia universal.
La ofrenda floral, celebrada con motivo de la proximidad del Día de la Hispanidad, permitió recuperar el espíritu de una tradición vinculada al monumento a Cristóbal Colón y a la memoria de los viajes que transformaron las relaciones entre Europa y América.
Una tradición que se resiste al olvido
Durante años, el monumento a Cristóbal Colón fue escenario de ofrendas florales con motivo del 12 de octubre. Aquellas conmemoraciones formaban parte de los actos relacionados con la Fiesta Nacional de España y constituían una oportunidad para recordar el papel desempeñado por Canarias en la expansión de las rutas atlánticas.
Sin embargo, con el paso del tiempo, esta costumbre fue perdiendo presencia institucional.
Según recuerda Julio César González Padrón en su artículo 12 de octubre, una flor para la memoria, los acontecimientos registrados en octubre de 2010 marcaron un punto de inflexión en la continuidad de aquellas ceremonias oficiales.
Desde entonces, el empeño de ciudadanos comprometidos con esta tradición ha permitido mantener una convocatoria que pretende situarse al margen de las siglas políticas y de los enfrentamientos partidistas.
Entre quienes han contribuido a preservar este encuentro destaca José Francisco Fernández Belda, conocido por su interés en la fotografía, la memoria histórica y la divulgación del patrimonio de Gran Canaria.
Su vinculación con esta iniciativa refleja la importancia del compromiso personal en la conservación de costumbres que, de otra manera, podrían terminar desapareciendo silenciosamente.
Canarias, protagonista de una historia universal
El 12 de octubre de 1492 marcó la llegada de la expedición encabezada por Cristóbal Colón a tierras americanas. Aquel acontecimiento abrió una nueva etapa en las relaciones entre dos mundos que hasta entonces habían permanecido separados.
La navegación transatlántica, los intercambios comerciales, la circulación de conocimientos y el contacto entre culturas transformaron profundamente la historia. También se desarrollaron procesos de conquista, sometimiento de poblaciones indígenas y profundas desigualdades cuyas consecuencias forman parte inseparable de aquel período.
En ese contexto histórico, Canarias desempeñó un papel fundamental.
Las islas fueron escala de las expediciones colombinas y posteriormente se consolidaron como enclave estratégico de las rutas atlánticas. Su posición geográfica convirtió al archipiélago en un punto de conexión entre Europa, África y América.
Gran Canaria conserva numerosos testimonios de aquella época, especialmente en Vegueta, donde distintos espacios están vinculados a la tradición histórica de las estancias de Colón durante sus viajes.
Por ello, recordar el 12 de octubre desde Canarias supone también reconocer el protagonismo que nuestras islas adquirieron en la navegación atlántica y en la construcción de los vínculos históricos entre ambos continentes.
No se trata únicamente de una fecha recogida en los libros. Es también una parte de la historia de nuestro archipiélago, de su situación geográfica y de la influencia que Canarias ejerció durante siglos en las comunicaciones marítimas.
El valor de un gesto ciudadano
La iniciativa de la Alameda de Colón conserva una característica que sus promotores consideran esencial: su naturaleza ciudadana.
No se plantea como una convocatoria destinada a representar a un partido político ni a defender unas siglas determinadas. Su finalidad, según sus impulsores, es conservar una tradición y recordar un episodio histórico que consideran parte fundamental del patrimonio cultural compartido.
Una flor, un momento de recuerdo y la presencia de quienes consideran importante mantener viva esta conmemoración constituyen la esencia de una ceremonia que no necesita grandes recursos materiales.
En una sociedad donde buena parte de los acontecimientos desaparecen rápidamente de la atención pública, esta clase de encuentros plantea una cuestión que merece ser considerada: ¿qué ocurre con las tradiciones cuando dejan de contar con el respaldo de las instituciones?
La respuesta, al menos en este caso, se encuentra en la voluntad de quienes continúan participando en ellas.
Porque el patrimonio de una ciudad no está formado exclusivamente por sus edificios históricos, sus monumentos o sus documentos antiguos. También lo integran las costumbres, los recuerdos y las pequeñas ceremonias que sus ciudadanos transmiten de una generación a otra.
Recordar la historia sin ocultar su complejidad
El legado del 12 de octubre sigue siendo objeto de interpretaciones diferentes. Para unos representa el inicio de una comunidad histórica y cultural que comparte, entre otros elementos, la lengua española. Para otros, la fecha invita también a reflexionar sobre las consecuencias de la colonización y la experiencia de los pueblos originarios de América.
Ambas dimensiones forman parte del estudio de aquel proceso histórico.
Recordar no significa necesariamente justificar cuanto sucedió. Tampoco comprender el pasado exige ignorar sus consecuencias.
La historia merece ser conocida con rigor, atendiendo tanto a los acontecimientos que transformaron el mundo como a las experiencias de las sociedades que participaron en ellos.
Ese conocimiento permite comprender mejor el papel de Canarias en la historia atlántica y la huella que aquellos siglos dejaron en nuestra cultura.
La memoria histórica adquiere verdadero valor cuando sirve para conocer, reflexionar y transmitir conocimientos, evitando que el paso del tiempo termine borrando acontecimientos que ayudan a explicar nuestra identidad.
Una memoria que continúa viva
La cita de este domingo en la Alameda de Colón vuelve a poner de manifiesto que la conservación de las tradiciones no depende únicamente de los programas oficiales.
También descansa en personas que, año tras año, dedican parte de su tiempo a recordar acontecimientos históricos y a transmitir su significado a las nuevas generaciones.
La labor de José Francisco Fernández Belda y de cuantos han contribuido a mantener esta iniciativa merece ser mencionada por su aportación a la continuidad de una conmemoración ciudadana.
Su trabajo constituye, además, una muestra de la importancia de la fotografía documental. Gracias a quienes registran estos encuentros, los acontecimientos más modestos también encuentran su lugar en la memoria gráfica de nuestra sociedad.
Las imágenes permiten conservar lo que sucedió, identificar espacios y protagonistas y ofrecer a las generaciones futuras testimonios de tradiciones que forman parte de la vida de una ciudad.
Porque no todos los acontecimientos históricos se construyen mediante grandes decisiones. Algunos sobreviven gracias a personas que consideran que merece la pena continuar recordándolos.
Las flores depositadas ante el monumento acabarán marchitándose, como sucede con todas las ofrendas. Pero el significado que sus participantes atribuyen a ese gesto permanece ligado a una convicción sencilla: conocer el pasado ayuda a comprender el presente.
Y este domingo, en un rincón histórico de Las Palmas de Gran Canaria, una vez más, la memoria tuvo su espacio.
