La Aldea inaugura nuevos espacios de ocio infantil y de esparcimiento en Tasarte con el apoyo del Cabildo de Gran Canaria
Detalle Del Parque Infantil Ceip Tasarte
El colegio de este barrio cuenta desde este miércoles con un parque de 112 metros cuadrados en el patio del CEIP de Tasarte y el edificio de usos múltiples dispondrá también de una terraza que complementará los servicios de la cafetería que saldrá a licitación próximamente 
 
Este miércoles, el Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás ha inaugurado dos nuevos espacios de ocio en el barrio de Tasarte, reafirmando su compromiso con la mejora de la calidad de vida de sus vecinos y vecinas.

Entre las actuaciones destaca la creación de un nuevo parque infantil en el CEIP Tasarte, una instalación que responde a una demanda directa del alumnado y que ya es una realidad. También se ha habilitado una terraza en el entorno del centro multiusos, pensada como un espacio de encuentro para el disfrute colectivo y la dinamización social del barrio, que complementará los servicios de la futura cafetería del centro de usos múltiples. 

Ambas actuaciones han sido financiadas por el Cabildo de Gran Canaria, que ha atendido las peticiones trasladadas desde el centro educativo y el propio Ayuntamiento.
El acto de inauguración contó con la presencia del consejero de Presidencia del Cabildo de Gran Canaria, Teodoro Sosa, y varios miembros de la Corporación municipal, encabezados por el alcalde de La Aldea, Pedro Suárez.

“Este parque no solo representa una mejora en las infraestructuras del barrio, sino también un paso más hacia una Aldea más amable, más cohesionada y más pensada para su gente. Atender a la infancia es una prioridad para nosotros, y por eso seguimos creando espacios seguros donde puedan crecer y jugar con libertad”, señaló el alcalde durante la inauguración.

El parque, de unos 112 metros cuadrados ocupa parte del patio del CEIP de Tasarte, se ha realizado con un pavimento continuo de caucho sobre el que se han dibujado diversos elementos de juego en suelo, como el tres en raya o la rayuela, y cuenta, además, con elementos como balancín, columpio y muelles, así como un montículo escalable con tobogán.  La puesta en marcha de esta iniciativa busca, además del ocio, fortalecer otros aspectos que repercutan en el desarrollo infantil del alumnado, como la psicomotricidad, el equilibrio o la coordinación.

Una terraza para el edificio de Usos Múltiples de La Aldea 

El segundo espacio inaugurado este miércoles 23 de abril por parte del consejero de Presidencia del Cabildo de Gran Canaria y el alcalde de La Aldea fue la terraza del edificio de usos múltiples de Tasarte.

El pasado verano se concluyeron las obras de esta terraza anexa al salón principal de este inmueble que contemplaron una mejora de su pavimento e instalación de barandillas, así como trabajos para garantizar la seguridad con el vallado en los sobremuros perimetrales de las zonas elevadas, y en la instalación de una pérgola y la dotación de mobiliario urbano adecuado.

Además, en esta terraza se ha contemplado su diseño con la integración paisajística, con elementos vegetales y flora autóctona gracias a las acciones llevadas a cabo por la concejalía de Medioambiente del Ayuntamiento de La Aldea, que coordina Ingrid Navarro.

Este espacio será de gran utilidad colectiva porque supondrá el complemento de esparcimiento para el futuro servicio de cafetería del edificio en Tasarte, cuya licitación saldrá próximamente. 

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Jk5022, 18 Años Después, La Memoria De Una Tragedia Que No Debe Olvidarse
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Redacción NorteGranCanaria

JK5022: 18 años después, la memoria de una tragedia que no debe olvidarse

Hay fechas que no envejecen. El calendario avanza, las ciudades cambian, los aviones siguen despegando y aterrizando cada día y las generaciones se suceden. Pero hay una tarde que permanece detenida en el tiempo para cientos de familias. El 20 de agosto de 2008, a las 14:24 horas, el vuelo JK5022 de Spanair debía abandonar Madrid y poner rumbo a Gran Canaria. Era un viaje más. Para sus pasajeros significaba vacaciones, regreso a casa, trabajo, reencuentros o, simplemente, continuar con la vida. Pero nunca llegaron. A bordo del McDonnell Douglas MD-82, matrícula EC-HFP, viajaban 172 personas. 154 murieron y 18 sobrevivieron. Detrás de esas cifras hay nombres, rostros, familias, proyectos, conversaciones que quedaron interrumpidas y abrazos que nunca volvieron a producirse. Dieciocho años después, recordar el JK5022 no consiste únicamente en mirar hacia atrás. Consiste en preguntarnos qué ocurrió, qué pudo fallar y, sobre todo, qué debemos aprender para que una tragedia semejante no vuelva a repetirse. El vuelo que nunca llegó a Gran Canaria había partido de Barcelona y había llegado previamente a Madrid-Barajas. Desde allí debía continuar hacia Gran Canaria. La salida estaba prevista inicialmente para las 13:00 horas. Sin embargo, durante los preparativos apareció una anomalía relacionada con la indicación de temperatura de la sonda RAT. La tripulación decidió regresar a la plataforma. Los pasajeros permanecieron a bordo mientras se examinaba el avión. Los técnicos detectaron una avería relacionada con la calefacción de la sonda y realizaron las actuaciones contempladas por los procedimientos de mantenimiento y por la MEL, la lista que permite operar una aeronave con determinados equipos inoperativos bajo condiciones específicas. El problema que terminaría siendo decisivo, sin embargo, estaba en otro lugar. Quizá ahí comienza una de las grandes lecciones del JK5022: una emergencia no siempre nace de un único fallo. A veces comienza con algo aparentemente menor y termina convirtiéndose en una sucesión de circunstancias en la que varias barreras de seguridad dejan de funcionar. El despegue se produjo a las 14:23:19. El MD-82 inició la carrera, recorrió aproximadamente dos kilómetros de pista y levantó el morro, pero había comenzado aquella carrera con los flaps y slats retraídos. Los flaps y slats son dispositivos hipersustentadores. Durante el despegue modifican la configuración aerodinámica del ala para proporcionar la sustentación necesaria a velocidades relativamente bajas. No son un detalle menor: forman parte de la configuración esencial de la aeronave para despegar con seguridad. Cinco segundos después de abandonar el suelo se activó la alarma de pérdida. El avión apenas alcanzó unos doce metros de altura, alrededor de 40 pies. Perdió velocidad y altitud, se inclinó y comenzó a desviarse hacia la derecha. En la cabina quedó registrada una pregunta que, escuchada hoy, resulta estremecedora precisamente por su sencillez: «¿Fallo de motor?» La tripulación intentó recuperar el control, pero no hubo tiempo. El avión terminó impactando contra el terreno, se fragmentó y posteriormente se produjo un incendio de enormes proporciones. En apenas unos segundos, un vuelo comercial se había convertido en una de las mayores tragedias de la aviación española. El lugar de la tragedia Cuando los servicios de emergencia llegaron al lugar, habían pasado apenas unos instantes. Ante ellos se abría un escenario de destrucción y dolor que nadie podía haber imaginado. Centenares de profesionales participaron en las labores de asistencia: sanitarios, policías, bomberos y conductores de ambulancias acudieron al lugar del accidente. Se organizaron dispositivos de emergencia, hospitales de campaña y traslados a distintos centros hospitalarios de Madrid. Pero frente a la magnitud de la tragedia, la palabra que quedó fue supervivencia. Solo 18 personas sobrevivieron. Para ellas comenzaría otra historia, marcada en muchos casos por heridas físicas y psicológicas que irían mucho más allá de aquel día. Para las familias de los fallecidos comenzaba una espera todavía más cruel: la identificación de sus seres queridos. El lugar destinado a recibir a los familiares se convirtió en un espacio de dolor. Allí llegaron personas que pocas horas antes pensaban estar esperando a alguien en Gran Canaria y que terminaron esperando una confirmación que jamás habrían querido recibir. No fue simplemente un error humano La investigación de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC) estableció como causa inmediata del accidente el despegue con los flaps y slats retraídos. Pero quedarse únicamente con esa frase sería demasiado sencillo para explicar una tragedia tan compleja. El MD-82 disponía de un sistema diseñado precisamente para evitar una situación como aquella: el TOWS, un sistema de advertencia de configuración para el despegue. Su función era alertar a la tripulación si determinados elementos necesarios para el despegue no estaban correctamente configurados. Pero aquella alarma no sonó. La investigación concluyó que el TOWS no funcionó, aunque no pudo establecer de manera concluyente cuál fue el mecanismo exacto que provocó su fallo. También se estudiaron la avería de la sonda RAT, diversos elementos eléctricos, las actuaciones de mantenimiento y el posible papel del disyuntor K-33, relacionado con el sistema de advertencia. No pudo demostrarse de manera concluyente que la desconexión de aquel disyuntor fuera la causa del fallo del TOWS. Y esta precisión importa. Porque recordar el JK5022 exige hacerlo con rigor, sin convertir una tragedia compleja en una explicación cómoda. Lo que sí quedó claro fue que una barrera de seguridad diseñada para advertir de una configuración incorrecta no cumplió su función. Y ahí aparece una de las grandes lecciones de la aviación moderna: las personas pueden equivocarse. Por eso existen listas de comprobación, alarmas, procedimientos de mantenimiento, sistemas redundantes, supervisión, formación y controles. La seguridad no depende de que una persona sea perfecta. Depende de que el sistema sea capaz de impedir que un error humano aislado termine convirtiéndose en una catástrofe. En el JK5022 confluyeron varias circunstancias. La aeronave había sufrido problemas previos relacionados con la sonda RAT. Se produjeron actuaciones de mantenimiento, hubo decisiones operativas y existían procedimientos y listas de comprobación. Finalmente, el sistema de advertencia de configuración de despegue no proporcionó la alerta que debía haber proporcionado. El resultado fue irreversible.