Arucas Piedra Y Flor 2026
Arucas Piedra Y Flor 2026
“Aquí se juega así”, arranca Arucas Piedra y Flor 2026

*Hasta el próximo domingo 24 se multiplica la oferta cultural, deportiva y lúdica en las calles del centro histórico de Arucas

Este viernes se ha inaugurado de forma oficial Arucas Piedra y Flor 2026 que, esta quinta edición, dedica a los juegos tradicionales. Un evento que engalana las calles de Arucas con su magnífica decoración floral y sus esculturas, que sirven de marco para un apretado programa cultural que se desarrollará hasta el próximo 24 de mayo.

Una programación que para su estreno oficial ha contado con la actuación musical de las Escuelas Artísticas Municipales, concierto que se desarrolló en la Plaza de la Constitución.

Más tarde artistas como Shango Dely, Eugenia Cabrera, Isabel Padrón, Guillermo Segura, Sofiband y Hermanas Cabrera, entre otros, ponían la música en el denominado “Concierto para Pachi”.

Se abre así un fin de semana que llega con numerosas actividades dirigidas a todo tipo de públicos y edades. Como el programa de Terapias Alternativas que se desarrollará este sábado desde las 09:00 y hasta las 20:00 horas, en las que se podrá participar de forma gratuita en Yoga, Chikung, Círculo de Danza, Taichí, Sonoterapia o cuentos, entre otras ofertas.

Maratón de envite, talleres de bola canaria, encuentro de Papagüevos o teatro son otras propuestas para este fin de semana en Arucas, que también contempla en su programación del sábado a las 20:30 la actuación del cantante Braulio.

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El Orgullo De Ser Español
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El orgullo sereno de sentirme español

Hay momentos en los que el silencio deja de ser prudencia para convertirse en una forma de renuncia. Y yo, un canario español que ha contemplado durante demasiado tiempo el desprecio reiterado que la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, ha dirigido hacia España y hacia mis compatriotas, siento que ha llegado la hora de alzar la voz. No para gritar, no para ofender, sino para recordar algo tan esencial como simple: el orgullo legítimo de pertenecer a una nación que ha dejado una huella profunda e imborrable en el mundo. Si volviera a nacer setenta y cuatro veces más, elegiría una y otra vez nacer en cualquiera de las cincuenta provincias españolas. Porque ser español no es una mera casualidad geográfica; es una forma de estar en el mundo, una herencia cultural inmensa y una fraternidad que trasciende ideologías, clases sociales y territorios. Mi difunto padre, Luis, nos decía a sus hijos una frase que hoy, con setenta y cuatro años a las espaldas, recuerdo con más fuerza que nunca: «A la patria no se la quiere por ser grande, sino por ser madre; y como tal, hay que respetarla y estar dispuestos a entregar la vida por ella si las circunstancias lo demandaran, como haría una madre, sin dudarlo, por sus hijos». Y España, con sus luces y sus sombras —como todas las naciones que han vivido siglos de historia—, ha sido madre de millones de hijos repartidos por todo el planeta. Por ello, no me cansaré de repetir, aquí y donde haga falta, que España es una nación que no necesita pedir perdón a nadie por existir. La Hispanidad como puente, no como cadena En estos tiempos en los que algunos líderes políticos buscan reescribir el pasado para justificar sus discursos presentes y tapar sus cortas miras intelectuales, conviene recordar los hechos básicos. España no es un país perfecto —ninguno lo es—, pero sí es una nación que ha sabido construir, compartir y proyectar cultura, lengua, ciencia, arte y valores humanos durante más de quinientos años. La Hispanidad, tan atacada por el populismo analfabeto, no es un concepto de dominación, sino de vínculo. No es una cadena, sino un puente. No es el recuerdo de un sometimiento, sino una herencia compartida que millones de personas celebramos cada 12 de octubre con un orgullo sincero. Por eso, cuando los habitantes de la América hispana se refieren a España como «la Madre Patria», no lo hacen por obligación ni por nostalgia vacía; lo hacen porque reconocen un lazo afectivo, cultural, lingüístico y de sangre que ninguna ideología de laboratorio puede borrar. Si tantos pueblos hermanos nos llaman así… ¡por algo será! De ahí mi empeño en responder a esos gobernantes acomplejados y carcomidos por el rencor histórico. A la señora Sheinbaum —cuyo apellido, por cierto, no suena precisamente muy azteca— habría que recordarle que España ha dado al mundo a genios de la literatura como Cervantes o nuestro universal Benito Pérez Galdós; a pintores de la talla de Velázquez, Goya y Picasso; a científicos transgresores como Severo Ochoa; a navegantes que ensancharon los límites del mapa como Cristóbal Colón; a místicas universales como Santa Teresa de Jesús, y a los juristas de la Escuela de Salamanca que sentaron las bases del Derecho Internacional moderno. Fuimos cuna de universidades pioneras, de avances médicos y de una lengua que hoy hablan más de 550 millones de personas en todo el planeta. Y, sobre todo, España fue capaz de algo que muy pocos imperios pueden decir: fusionar culturas sin destruirlas, crear sociedades mestizas y dejar un legado que hoy forma parte de la identidad de naciones enteras. Que tome nota también de esto el señor Donald Trump, que antes de pronunciar la palabra Spain, bien podría lavarse la boca. Un orgullo que abraza y no excluye Las palabras de la mandataria mexicana no hieren a España. No lo hacen porque España es infinitamente más grande que cualquier discurso político coyuntural. Pero sí merecen una respuesta serena, firme y respetuosa. No para entrar en confrontaciones estériles, sino para dejar claro que la dignidad nacional no se negocia y que la grandeza de nuestra historia no necesita propaganda. España no necesita pedir perdón por su pasado. No necesita agachar la cabeza ante quienes manipulan la historia para obtener rédito electoral. Lo que sí necesita —y eso depende exclusivamente de nosotros, los españoles— es reivindicar con orgullo lo que somos, sin complejos, sin miedos y sin permitir que otros pretendan escribir nuestra crónica por nosotros. Sentirse orgulloso de ser español no es un acto de soberbia. Es un acto de gratitud: hacia quienes construyeron esta nación, hacia quienes la defendieron, hacia quienes la hicieron avanzar y hacia quienes hoy la mantienen viva con su trabajo diario. Es, además, un orgullo que no excluye a nadie, porque nuestra identidad no es una frontera cerrada: es una realidad abierta, mestiza, plural y profundamente humana. Hoy levanto mi voz y escribo estas líneas porque España es mi patria, mi casa y mi madre. Y no pienso permitir que se la denigre sin recordar al mundo que, con sus aciertos y sus errores, ha sido, es y será una de las más grandes civilizaciones de la historia. Y eso, le pese a quien le pese, es un motivo inmenso de orgullo. Nota al margen: Si al terminar de leer este artículo lo único que se te ocurre es llamarme “facha”, te aconsejo que lo vuelvas a leer tranquilito y al galpito, como decimos en Canarias. Y, a ser posible, acompáñalo de un vasito de Clipper bien frío para ir refrescando el garguero. Si después de eso me lo sigues llamando porque no te ha quedado claro, yo lo siento mucho por ti, amigo. Lo único que puedo hacer para ayudarte es recomendarte que visites cuanto antes a un buen facultativo que intente diagnosticar y remediar ese severo retraso de comprensión que pareces padecer. Porque, como decimos en mi pueblo… ¡casos se han dado! Y no es cuestión de tener que aguantarte