Np Arucas Y El Cabildo Sellan El Compromiso Para Actuar Frente Al Cambio Climático
Np Arucas Y El Cabildo Sellan El Compromiso Para Actuar Frente Al Cambio Climático
Arucas y el Cabildo sellan el compromiso para actuar frente al cambio climático

*Arucas dispondrá de placas solares en instalaciones municipales y puntos de recarga

El Alcalde de Arucas, Juan Jesús Facundo, ha recibido este martes al Consejero de Medio Ambiente, Energía y Clima del Cabildo de Gran Canaria, Raúl García Brink, para ratificar el marco de actuaciones orientadas a la transición energética del municipio.

Con esta rúbrica, el Ayuntamiento se compromete a ceder los vuelos de las instalaciones de las canchas de pádel del Complejo Deportivo Antonio Afonso Moreno “Tonono”. Una medida orientada al montaje de una estructura de más de mil doscientos metros cuadrados que albergará 480 paneles solares con capacidad de generar más de 200kw y de almacenar más de 500kw por hora.

Así mismo, el plan de actuación también recoge la puesta en marcha de múltiples puntos de recarga por todo el municipio, facilitando la movilidad eléctrica, clave en el camino hacia la descarbonización.

Arucas se une al objetivo impulsado por el Cabildo de Gran Canaria de dinamizar la implantación de un modelo energético alternativo para alcanzar la máxima soberanía energética y cumplir con la Agenda 2030. Una iniciativa europea que persigue mitigar los efectos del cambio climático y poner en marcha medidas que limiten su impacto.

(Fotografía 1: de Izq. a Dcha. Concejal de Deportes, José María González, Consejero de Medio Ambiente, Energía y Clima del Cabildo de Gran Canaria, Raúl García Brink, Alcalde de Arucas, Juan Jesús Facundo, Concejal de Urbanismo, Octavio Rodríguez, Concejal de Presidencia y Desarrollo Económico, Óliver Armas)

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter

El Tablero Nuclear ¿es El Enriquecimiento De Uranio Un Derecho Soberano O Un Pulso Al Poder
Articulos
NGC

El tablero nuclear: ¿Es el enriquecimiento de uranio un derecho soberano o un pulso al poder?

Hablar del programa nuclear iraní suele ser un ejercicio de simplificación peligrosa. En el relato mediático dominante, el mundo se divide en dos trincheras: para unos, Irán es una amenaza existencial; para otros, una víctima del doble rasero de Occidente. Sin embargo, la realidad habita en una zona gris mucho más incómoda. Ni Teherán actúa con la transparencia que proclama, ni Washington —especialmente bajo la doctrina que marcó la era Trump— lo hace con la legitimidad que invoca. En el corazón de este conflicto subyace una pregunta que el derecho internacional responde con una claridad asfixiante: ¿Tiene Irán derecho a enriquecer uranio? La respuesta es sí… pero con matices. El derecho frente a la sospecha Desde el punto de vista jurídico, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es explícito: reconoce el derecho inalienable de todos los Estados a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Irán se aferra a este principio como una línea roja innegociable. Es una lógica comprensible; ningún Estado soberano acepta de buen grado que se le imponga un techo tecnológico. No obstante, el enriquecimiento de uranio no es una actividad neutral. Es una tecnología de doble uso. Cuando un país insiste en mantenerla mientras mantiene zonas de sombra ante los inspectores internacionales, el mensaje que proyecta no es solo de soberanía, sino de ambigüedad calculada. Irán no es el único responsable de esta desconfianza, pero tampoco es un actor inocente en este juego de espejos. Washington y la ley del más fuerte Sería un error de análisis —y un ejercicio de autoengaño— señalar únicamente a Teherán. Estados Unidos suele presentarse como el garante del orden global, pero su actuación es, con frecuencia, selectiva. Washington no discute solo el riesgo de una bomba; discute quién tiene el permiso para sostener el mando a distancia. Durante los últimos años, la estrategia estadounidense ha desbordado los límites del propio derecho internacional. Imponer sanciones masivas que asfixian a una población o amenazar con el bombardeo de infraestructuras no es una extensión de la norma jurídica, sino una expresión de poder puro y duro. En este escenario, las reglas dejan de ser principios universales para convertirse en instrumentos arrojadizos. 2015: El espejismo del equilibrio El acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) fue, por un breve periodo, la excepción que confirmó la regla. Demostró que era posible establecer límites verificables a cambio de reconocimiento y alivio económico. Su ruptura unilateral evidenció que el problema nunca fue puramente técnico, sino profundamente político. Hoy, el debate sigue atrapado en una paradoja circular: Irán tiene derecho a la energía nuclear, pero su comportamiento alimenta la desconfianza que limita ese derecho. Estados Unidos tiene razones para preocuparse por la proliferación, pero sus métodos coercitivos dinamitan la legitimidad de su postura. Una conclusión incómoda Quizá la reflexión más honesta sea que el derecho internacional no existe en el vacío; convive con un sistema donde el poder decide cuándo y cómo se aplican las leyes. La pregunta real no es si Irán tiene el derecho jurídico de enriquecer uranio, sino quién tiene la fuerza suficiente para decidir hasta dónde llega ese derecho. En el sistema internacional, la justicia y la política rara vez caminan por sendas separadas. Y como diríamos en mi tierra, en Telde, con esa sabiduría de quien ha visto mucho y se fía poco: “No hay muladar sin pulgas, ni linaje sin manchas”. En este tablero, si te despistas, te la juegan hasta el fondo. Porque al final, en las altas esferas del poder, las certezas absolutas suelen ser siempre la primera víctima de la guerra. ¡Qué cosas tiene el mundo! Claves del análisis: El Tratado de No Proliferación: El marco legal que ampara y, a la vez, limita las ambiciones de Teherán. La Doctrina del Doble Rasero: Cómo las potencias utilizan la seguridad global para proteger intereses estratégicos. Poder vs. Derecho: El conflicto donde la geopolítica se impone sobre los tratados firmados. ¡Qué cosas!