97a5e67d-988a-43dc-8d76-c97efc89eb3b
97a5e67d-988a-43dc-8d76-c97efc89eb3b
La Villa de Moya se proyecta al mundo de la mano del Rally Islas Canarias WRC
  • El municipio acogió el tramo cronometrado de este sábado que tuvo dos pasadas a las 8.05 y a las 15.05 horas 

  • Miles de personas se concentraron en el casco urbano del municipio para disfrutar de un espectáculo único y otras miles a lo largo del tramo siendo el segundo más largo de todo el rally

  • “La Villa de Moya es un municipio en el que el motor se respira y se siente de una manera especial y hoy, en un hito histórico, lo hemos podido comprobar”, resalta el alcalde, Raúl Afonso 

La Villa de Moya es un municipio que vive por y para el mundo del motor por lo que no podía faltar en la 49º edición del Rally Islas Canarias. Un rally que por primera vez en la historia forma parte del Campeonato Mundial. Una cita histórica para la que el municipio lleva trabajando meses de mano de la organización con el objetivo de que todo saliera perfecto. Para este recorrido por primera vez se ha ampliado el número de kilómetros a recorrer dentro del casco urbano y se ha extendido al casco de Fontanales, siendo el segundo tramo más largo del rally el que va desde Moya hasta Gáldar. 

“Fuimos uno de los primeros municipios que apostó por traer el rally al casco urbano y el tiempo nos ha acabado dando la razón siendo muchos los que han seguido nuestros pasos. En esta ocasión hemos apostado por ampliar el recorrido y dentro del casco con un nuevo recorrido. Hoy hemos vivido un espectáculo único con las dos salidas que han tenido lugar y las miles de personas que no han dudado en acercarse para vivir y disfrutar de un día que guardaremos para siempre en la memoria”, señala el alcalde de la Villa de Moya, Raúl Afonso. 

No había amanecido en el municipio cuando en el casco ya se presentía que iba a ser un día especial. Con las indicaciones dispuestas por la organización desde días atrás, muchos fueron los que madrugaron para coger el mejor sitio con el que vivir el espectáculo, con terrazas, azoteas y las zonas habilitadas llenas solo faltaba que comenzara el espectáculo. A las 8.05 horas, de manera puntual, rugían los motores y chirriaban las ruedas del primer coche que tomó la salida en la calle Cervantes rumbo a la calle Pintor Santiago Santana desatando la locura de todos los presentes. El punto más emblemático del tramo estaba situado en la rotonda del bar Los Tilos, lugar en el que los pilotos mostraron y demostraron sus dotes de pilotaje haciendo las delicias de todos. 

Un punto, la rotonda del bar ‘Los Tilos’, que se convirtió en un foco de atención a nivel mundial siendo el live que se proyectó en más de 50 países de forma simultánea desde Sudamérica hasta Asia. Es así como, la Villa de Moya y la pasión con la que se vive el motor y los rallyes, se proyectaron al mundo entero y se convirtió en foco de atención dentro de la 49º edición del Rally Islas Canarias WRC.  

Una mañana que comenzaba por todo lo alto y que dejaba a todos con ganas de más, ya que el tramo quedó neutralizado tras un accidente. Fue así como, a las 15.05 horas, comenzaba la segunda pasada, volviendo los pilotos a hacer las delicias de todos los presentes con sus peripecias en una rotonda en la que ya tomaban dirección a Fontanales para pasar también por el casco en un recorrido novedoso dentro del Rally Islas Canarias. Una cita histórica para el Rally Islas Canarias en su primera inclusión como Campeonato Mundial y para la Villa de Moya. 

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter

Venezuela Esteban Rodríguez
Articulos
NGC

El miedo de alongarse a la realidad: Venezuela

En Canarias decimos alongarse: acercarse al borde para mirar, asomarse con cautela, vencer el miedo a descubrir lo que hay delante. Quizá eso sea lo que nos ocurre cada vez que una tragedia golpea cualquier rincón del mundo. Nos cuesta alongarnos a la realidad. Porque hacerlo significa aceptar el dolor, la pérdida, la incertidumbre y la fragilidad de la vida. Significa reconocer que lo que hoy sucede lejos de nosotros mañana podría ocurrirnos a cualquiera. ¿Cómo ser positivo ante una situación catastrófica? ¿Cómo hablar de esperanza a quien acaba de perder a un ser querido? ¿Cómo pedir fortaleza a quien permanece entre ruinas buscando una respuesta que quizá nunca llegue? ¿Cómo afrontar una realidad no deseada desde la más absoluta vulnerabilidad? Son preguntas para las que no existen respuestas sencillas. Vivimos en una cultura que, con frecuencia, nos invita a pensar en positivo. Y eso está bien cuando nace de la autenticidad. Pero el optimismo nunca debería convertirse en una obligación ni en una frase hecha. Hay momentos en los que lo más humano no es animar, sino acompañar. No podemos exigir esperanza antes de reconocer el dolor. No podemos hablar de futuro sin detenernos primero en el presente que duele. Cuando una tragedia como la vivida en Venezuela golpea a miles de personas, sentimos angustia, impotencia y desgarro. En nuestro caso, el idioma, la historia compartida y los vínculos afectivos hacen que esa emoción llegue con una intensidad especial. Pero las emociones humanas no entienden de fronteras. El sufrimiento de una madre, el miedo de un niño o la desesperación de una familia son iguales en cualquier lugar del planeta. Quizá la verdadera pregunta no sea cómo mantener el optimismo. Quizá la pregunta sea cómo seguir siendo profundamente humanos cuando la realidad nos desborda. Y tal vez la respuesta esté en la solidaridad. En la mano que se ofrece. En el abrazo que sostiene. En quien rescata sin preguntar de dónde vienes. En quien comparte lo poco que tiene. Porque ayudar al otro no solo alivia su sufrimiento. Muchas veces también rescata una parte de nosotros mismos. A menudo preferimos mirar hacia otro lado. Es una forma de protegernos. Alongarse a la realidad duele. Nos obliga a reconocer que la seguridad absoluta no existe y que todos compartimos la misma vulnerabilidad. Sin embargo, precisamente porque cualquier día podríamos ser nosotros quienes esperemos una mano entre los escombros, no podemos permitirnos la indiferencia. La esperanza no nace de negar el dolor. Nace de atravesarlo juntos. Quizá ese sea el mayor aprendizaje que nos dejan las tragedias: que la humanidad no se demuestra cuando todo va bien, sino cuando decidimos no apartar la mirada y tenemos el valor de alongarnos a la realidad.