Encuentro Año 2025
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Valleseco se convierte mañana en el corazón de la inclusión de Gran Canaria

. La XVII edición del Encuentro de Equinoterapia, Juegos y Deportes Autóctonos reunirá a 19 centros ocupacionales de Gran Canaria en una jornada de convivencia, inclusión y participación activa

El municipio de Valleseco acogerá mañana jueves 4 de junio, el XVII Encuentro de Equinoterapia, Juegos y Deportes Autóctonos, una iniciativa consolidada como uno de los eventos inclusivos más emblemáticos de Gran Canaria, organizada por la Coordinadora de Centros Ocupacionales de la Provincia de Las Palmas (COMPSI) y el Ayuntamiento de Valleseco.

La jornada se desarrollará entre las 10:00 y las 16:00 horas en el Área Recreativa de La Laguna y reunirá a alrededor de 650 personas usuarias de centros ocupacionales, profesionales, personal técnico y voluntariado procedente de distintos municipios de la isla.

El encuentro tiene como principal objetivo promover la inclusión social de las personas con diversidad funcional a través del contacto con la naturaleza, los animales y las tradiciones canarias, favoreciendo además la convivencia, el intercambio de experiencias y la participación activa entre centros y colectivos de toda Gran Canaria.

Esta edición contará con la participación de 19 centros ocupacionales, consolidando una trayectoria de diecisiete años en la que el municipio de Valleseco se ha convertido en punto de encuentro para cientos de personas que comparten una jornada marcada por la integración, el respeto y la convivencia.

Durante la jornada se desarrollará un circuito compuesto por 13 estaciones relacionadas con la equinoterapia, los juegos tradicionales y los deportes autóctonos canarios. Entre las actividades previstas destacan los bailes canarios, bola canaria, lucha del garrote, lucha canaria, tangana, boliche, tira de soga, pañuelito, calabazo, arrastre de ganado y paseo a caballo, además de dinámicas lúdicas y caminatas por el entorno natural de La Laguna.

Una de las actividades más esperadas volverá a ser la equinoterapia, una experiencia terapéutica y emocional que permitirá a las personas participantes interactuar directamente con los caballos mediante paseos adaptados, cepillado, cuidados y acompañamiento especializado.

La concejala responsable del Centro Ocupacional de Valleseco, Inma Herrera Marrero, destacó que “esta es una actividad diseñada para personas con diversidad funcional, pero también abierta a la participación del voluntariado, en un entorno privilegiado como La Laguna. Aquí fomentamos nuestras raíces a través de juegos tradicionales y actividades terapéuticas, en una jornada que impulsa el crecimiento personal, la autonomía y la participación activa de las personas usuarias”.

Herrera señaló además que “este encuentro representa una oportunidad única para compartir experiencias, fortalecer vínculos entre los diferentes centros ocupacionales de la isla y seguir avanzando hacia una sociedad más inclusiva. Cada edición demuestra que la convivencia y la igualdad de oportunidades son valores que se construyen desde la participación y el respeto mutuo”.

La concejala subrayó igualmente la dimensión social de la iniciativa al afirmar que “este encuentro pone en valor las capacidades de cada persona, demostrando que, con las adaptaciones necesarias, todas y todos podemos participar y disfrutar de las actividades en igualdad de condiciones”.

Asimismo, destacó la implicación de las entidades colaboradoras, el voluntariado y las personas profesionales que hacen posible la celebración de esta cita anual, contribuyendo a que Valleseco continúe siendo un referente insular en el desarrollo de actividades inclusivas y de promoción del bienestar.

Por su parte, el alcalde de Valleseco, José Luis Rodríguez Quintana, resaltó la consolidación de esta iniciativa como referente de inclusión en Gran Canaria. “Esta cita anual aprovecha uno de los espacios más emblemáticos del municipio para crear comunidad entre los distintos centros ocupacionales de la isla, apostando por la integración, la visibilidad y la participación de las personas con diversidad funcional”.

Rodríguez también puso en valor el trabajo conjunto de administraciones, entidades sociales y colectivos colaboradores, destacando que “la suma de esfuerzos permite que esta jornada siga creciendo año tras año, alcanzando cifras récord de participación y ofreciendo una experiencia enriquecedora para todas las personas asistentes”.

El encuentro contará con la participación de los centros ocupacionales de CADI San José Las Longueras Valsequillo, Santa Brígida, San Juan de Dios, Firgas, Teror, Arucas, Santa Lucía, Moya, Gáldar, Ingenio, Agüimes, Santa María de Guía, CADI El Tablero, ASPACE, ADEPSI, Fundación SER, CADI Reina Sofía y el Centro Ocupacional de Valleseco como entidad anfitriona.

La iniciativa cuenta con la colaboración del Gobierno de Canarias, Cabildo de Gran Canaria, Instituto Insular de Deportes, Fundación “la Caixa”, COMPSI Servicios CEE, Cruz Roja, Guardia Civil, Protección Civil, Policía Local de Valleseco, Asociación de Padres y Madres “Todos Unidos por Ellos”, Somdevalle, SPAR Valleseco, Aguas de Teror, Fundación DinoSol, Almacenes Báez, Disaterura, Tirma, Emicela, Zumos Libby’s, Zumos Lambda, Frutas Pérez Santana, Leche Sandra, TSEAS Santa Brígida, Centro Hípico Arucas, Club de Lucha del Garrote de Firgas “Pila Guanirama”, Club de Bola y Petanca Fuente La Rosa, Club de Arrastre de Gran Canaria, Club de Lucha Castro Morales, alumnado del CEO Valleseco, así como diferentes clubes deportivos, entidades sociales y colectivos colaboradores de la isla.

El XVII Encuentro de Equinoterapia, Juegos y Deportes Autóctonos volverá a convertir La Laguna de Valleseco en un espacio de convivencia, integración y disfrute compartido, reafirmando el compromiso del municipio con la inclusión, la igualdad de oportunidades y el bienestar de las personas.

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Crecí escuchando a mis abuelos hablar sobre la magia de la Noche de San Juan. Les encantaba contarme historias sobre mares que hablaban, llamas que mostraban recuerdos o situaciones que se debían dejar atrás y sobre voces antiguas que se mezclaban con el rumor de las olas y que solo se escuchaban a medianoche. Disfrutaba mucho escuchándoles, pero nunca creí ni una sola de sus palabras… hasta anoche. La Playa de Sardina todavía estaba vacía cuando llegué. A lo lejos, en el muelle, preparaban los últimos fuegos artificiales y el ambiente empezaba a oler a hoguera. Algunas personas reían, otras bailaban y otras terminaban de escribir sus deseos en pequeños trozos de papel que más tarde entregarían al fuego. El mío descansaba doblado dentro de mi bolsillo. Pero no era un deseo, sino una despedida. Llevaba algunos meses sintiéndome triste y algo me decía que nada tenía que ver conmigo. Varias sesiones de terapia después, entendí que mi dolor era demasiado antiguo, heredado quizá de mujeres que habían venido antes que yo, de un linaje que calló mucho, amó sin ser correspondido o murió esperando. Me acerqué a la orilla. Aquella noche la Luna parecía enorme y lucía más brillante que de costumbre. El mar reflejaba su imagen plateada sobre la superficie dibujando un sendero de estrellas. Entonces ocurrió. Una ráfaga de viento apareció de la nada y me acarició el cabello y a mi alrededor el aire se llenó de sal, romero y sahumerio. Cerré los ojos y agudicé el resto de sentidos. Una voz de mujer, suave y bajita, me habló al oído: —Llegó la hora, mi niña. Abrí los ojos y no había nadie, solos el mar y yo, respirando frente a frente. Sentí un escalofrío. Me metí la mano en el bolsillo y saqué el papel. Después lo acerqué al fuego y me quedé mirando con atención cómo era devorado por las llamas sintiendo, al mismo tiempo, que algo pesado abandonaba mi pecho. Aquella noche comprendí la magia a la que se referían mis abuelos. Ellos no hablaban de fantasmas o hechicerías, sino de atreverse a soltar, a cerrar puertas y dejar ir, a confiar en lo que está por venir, a renacer. Cuando el reloj marcó las doce, el cielo se llenó de colores y yo me metí en el agua. Las olas acogieron mis tobillos con amor, la Luna iluminaba mi piel y, durante apenas unos instantes, juré haber visto decenas de figuras femeninas rodeándome. Brujas, curanderas o, quizá, mujeres sabias; esas que, generación tras generación, habían encendido fuegos allí, en el mismo lugar, para recordar quiénes eran realmente. Me miraron, sonrieron y desaparecieron. Desde entonces, cada Noche de San Juan regresó al mar para recordar que, igual que las llamas consumen la madera y las olas borran las huellas de la arena, también nosotros tenemos derecho a dejar de ser lo que solíamos ser, borrar el pasado y todo lo que ya no somos ni nos pertenece para poder convertirnos, un poco más cada año, en la mejor versión de nosotros. Porque hay momentos especiales durante los que el Universos se acuerda de nosotros y permite que abramos una puerta, y la Noche de San Juan es un de ellas.