Ciudad Deportiva De Gáldar
Ciudad Deportiva De Gáldar
Gáldar presume de “épica deportiva” mientras sus instalaciones se deterioran

El PSOE denuncia el abandono de la Ciudad Deportiva y las piscinas municipales frente a la imagen que proyecta el gobierno local. 

El PSOE de Gáldar ha denunciado el “estado de abandono generalizado” que presentan las instalaciones de la Ciudad Deportiva y de las únicas piscinas públicas del municipio.

La formación socialista señala que esta situación no es nueva, sino que responde a una falta de mantenimiento sostenida en el tiempo, que ha sido trasladada de forma reiterada por vecinos y vecinas preocupados por el progresivo deterioro de estos espacios.

Desde el PSOE califican de “contradictoria” la gestión del grupo de gobierno, al considerar que existe una clara desconexión entre el discurso institucional y la realidad. “Mientras se intenta proyectar una imagen de compromiso con el deporte, la situación de las instalaciones evidencia una preocupante falta de atención a lo básico”, apuntan.

En este sentido, los y las socialistas critican que el Ayuntamiento aproveche la temática del Festival Internacional de Cine de Gáldar, centrada este año en la “Épica del Deporte”, para reforzar un relato que, a su juicio, no se corresponde con el día a día de las personas que usan  las instalaciones municipales.

“Resulta paradójico hablar de épica deportiva en la gran pantalla mientras los y las deportistas  y personas que usan esos servicios se enfrentan a instalaciones deterioradas y a una más que evidente falta de mantenimiento”, señalan desde la agrupación.

El PSOE de Gáldar advierte de que el problema no se limita a las piscinas, sino que afecta al conjunto de la Ciudad Deportiva y a su entorno, reflejando una ausencia de planificación y de inversión continuada en infraestructuras esenciales.

Por ello, exigen al grupo de gobierno que pase “de la propaganda a la gestión” y que sitúe el mantenimiento de las instalaciones deportivas como una prioridad real. “El compromiso con el deporte no puede quedarse en el ámbito de los eventos o de la imagen; debe traducirse en servicios públicos de calidad para la ciudadanía”, concluyen.

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El Tablero Nuclear ¿es El Enriquecimiento De Uranio Un Derecho Soberano O Un Pulso Al Poder
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El tablero nuclear: ¿Es el enriquecimiento de uranio un derecho soberano o un pulso al poder?

Hablar del programa nuclear iraní suele ser un ejercicio de simplificación peligrosa. En el relato mediático dominante, el mundo se divide en dos trincheras: para unos, Irán es una amenaza existencial; para otros, una víctima del doble rasero de Occidente. Sin embargo, la realidad habita en una zona gris mucho más incómoda. Ni Teherán actúa con la transparencia que proclama, ni Washington —especialmente bajo la doctrina que marcó la era Trump— lo hace con la legitimidad que invoca. En el corazón de este conflicto subyace una pregunta que el derecho internacional responde con una claridad asfixiante: ¿Tiene Irán derecho a enriquecer uranio? La respuesta es sí… pero con matices. El derecho frente a la sospecha Desde el punto de vista jurídico, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es explícito: reconoce el derecho inalienable de todos los Estados a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Irán se aferra a este principio como una línea roja innegociable. Es una lógica comprensible; ningún Estado soberano acepta de buen grado que se le imponga un techo tecnológico. No obstante, el enriquecimiento de uranio no es una actividad neutral. Es una tecnología de doble uso. Cuando un país insiste en mantenerla mientras mantiene zonas de sombra ante los inspectores internacionales, el mensaje que proyecta no es solo de soberanía, sino de ambigüedad calculada. Irán no es el único responsable de esta desconfianza, pero tampoco es un actor inocente en este juego de espejos. Washington y la ley del más fuerte Sería un error de análisis —y un ejercicio de autoengaño— señalar únicamente a Teherán. Estados Unidos suele presentarse como el garante del orden global, pero su actuación es, con frecuencia, selectiva. Washington no discute solo el riesgo de una bomba; discute quién tiene el permiso para sostener el mando a distancia. Durante los últimos años, la estrategia estadounidense ha desbordado los límites del propio derecho internacional. Imponer sanciones masivas que asfixian a una población o amenazar con el bombardeo de infraestructuras no es una extensión de la norma jurídica, sino una expresión de poder puro y duro. En este escenario, las reglas dejan de ser principios universales para convertirse en instrumentos arrojadizos. 2015: El espejismo del equilibrio El acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) fue, por un breve periodo, la excepción que confirmó la regla. Demostró que era posible establecer límites verificables a cambio de reconocimiento y alivio económico. Su ruptura unilateral evidenció que el problema nunca fue puramente técnico, sino profundamente político. Hoy, el debate sigue atrapado en una paradoja circular: Irán tiene derecho a la energía nuclear, pero su comportamiento alimenta la desconfianza que limita ese derecho. Estados Unidos tiene razones para preocuparse por la proliferación, pero sus métodos coercitivos dinamitan la legitimidad de su postura. Una conclusión incómoda Quizá la reflexión más honesta sea que el derecho internacional no existe en el vacío; convive con un sistema donde el poder decide cuándo y cómo se aplican las leyes. La pregunta real no es si Irán tiene el derecho jurídico de enriquecer uranio, sino quién tiene la fuerza suficiente para decidir hasta dónde llega ese derecho. En el sistema internacional, la justicia y la política rara vez caminan por sendas separadas. Y como diríamos en mi tierra, en Telde, con esa sabiduría de quien ha visto mucho y se fía poco: “No hay muladar sin pulgas, ni linaje sin manchas”. En este tablero, si te despistas, te la juegan hasta el fondo. Porque al final, en las altas esferas del poder, las certezas absolutas suelen ser siempre la primera víctima de la guerra. ¡Qué cosas tiene el mundo! Claves del análisis: El Tratado de No Proliferación: El marco legal que ampara y, a la vez, limita las ambiciones de Teherán. La Doctrina del Doble Rasero: Cómo las potencias utilizan la seguridad global para proteger intereses estratégicos. Poder vs. Derecho: El conflicto donde la geopolítica se impone sobre los tratados firmados. ¡Qué cosas!