Esto nos dice Víctor Hugo, en su novela «Los Miserables»
-La dicha suprema de la vida es la convicción de que somos amados, amados por nosotros mismos; mejor dicho amados a pesar de nosotros-
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[column]Miré al espejo para verme la impurezas de la piel. Quedé impávido ante barrancos profundos, volcanes encendidos y los cráteres resecos de mi cuerpo cincuentón. Busqué otro espejo, y entre espejos verme la espalda, el culo, las venas en las piernas, y entre los muslos lo que se aferra a no descolgar.
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A todo este ceremonioso y carcelero teatro del hacer para tener le llamamos amor.Te pregunto: ¿No tienes la impresión, que queremos mucho más de lo que amamos? ¿Amar es algo más o todo lo contrario?

