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La fuente olvidada de la Daora cuando el silencio del agua delata el abandono de una ciudad, “La fuente del olvido”

28 de octubre de 2026

Como viejo lobo de mar y  ciudadano de Telde, observador de sus mareas y firme defensor de la ciudad que me vio nacer, afirmo con rotundidad y tal cual  “mosca cojonera” fuere, como me llamó, tan alegremente, una actual edil de la corporación del  Ayuntamiento teldense, digo que es tan importante   construir grandes proyectos como como el de  mantener  su cuidado diario; así como,  el de respetar la dignidad y  el honor de una ciudad democrática como la nuestra  y no mantener expuesto al público el busto de un “asesino y dictador cubano” , ejemplo de la nada,  que además tampoco y  en absoluto,  tiene que ver con esta noble y democrática Ciudad de los Faycanes, con 675 años de historia desde su fundación y en cuyo escudo representativo  reza: “Fortunatum Prima Civita et Sedis” (primera ciudad y sede de las Afortunadas)

¿Qué le décimos a nuestros hijos cuando nos preguntan que quien era ese señor y que de bueno hizo para su país o la humanidad?

Yo directamente les diría que, les preguntara directamente a los ediles “responsables y culpables” de que ese busto siga ahí, día tras día, ofendiendo la dignidad de los ciudadanos de Telde, y si llegado el caso, no supieran o no quisieran explicárselo con claridad, o los quedaran con alguna duda, yo mismo me ofrezco a explicárselo bien y con toda clase de detalle. ¡Prometido!

Por otra parte, mientras el Ayuntamiento de Telde presume de   fiestas, carnavales o de proyectos aun sin acabar, o simples promesas por cumplir, “la Fuente de La Daora” permanece muda, seca y olvidada. Un monumento al abandono que por desgracia padecen demasiados rincones de Telde.

Porque hay abandonos que resultan evidentes y otros que pasan desapercibidos, ya que, por desgracia, las costumbres acaban anestesiando la indignación.

“La Fuente de La Daora, o Fuente de Olvido y la Vergüenza”, pertenece a esta segunda categoría. Lleva tantos años sin funcionar; tantos que una parte de los ciudadanos, especialmente los más jóvenes, ya ni siquiera la recuerdan con agua. La han conocido seca, silenciosa y convertida en un elemento decorativo sin vida, como si siempre hubiera sido así, y sin embargo no fue concebida para eso.

“Toda fuente nace para dialogar con el espacio que la rodea”. El agua no es un simple adorno. Es movimiento, sonido, frescor, encuentro y convivencia. Cuando un escultor, un arquitecto o un diseñador urbano proyecta una fuente, no está colocando únicamente piedra, hormigón o metal. Está creando un símbolo destinado a integrarse en la vida de la ciudad.

Lo verdaderamente paradójico es que buena parte de los teldenses desconocen quién fue el autor de la Fuente de La Daora y cuál fue exactamente el mensaje que quiso transmitir el artista con su obra. Y eso ya constituye por sí solo un fracaso colectivo. Una ciudad que ignora la historia de sus propios espacios públicos, es una ciudad a la que le están robando parte de su memoria; y eso está ocurriendo en Telde en pleno siglo XXI.

Porque una fuente no aparece por generación espontánea. Alguien la soñó. Alguien la diseñó. Alguien justificó una inversión pública para embellecer a un rincón de Telde y convertirlo en un lugar singular; sin embargo, hoy parece que nadie se preocupa por explicar su origen, ni por conservarla en condiciones dignas.

Por cierto; dudo que los ediles de la actual corporación municipal conozcan su significado real, o lo que pretendió representar al artista. Es más, apuesto que ni siquiera quien es el autor de la obra.  Y yo que sigo siendo “una mosca” cajonera”, por designio municipal de una concejala, les voy a decir solo el nombre del autor. Se trata del artista canario Bernardino Hernádez Pérez, pero lo que pretendió decir con su obra, eso se estrujen ustedes sus “cabezas políticas” y lo averiguan, pues pensar, también sobre cosas distintas a fiestas patronales y carnavales, no es malo; todo lo contario, enriquece al espíritu y a la inteligencia, que seguro buena falta les hace a algunos.  Y por si no lo recuerdan: “el saber no ocupa lugar”

Pero lo más grave es que no estamos hablando de un problema sobrevenido por una avería reciente o una circunstancia excepcional. Estamos hablando de años de inactividad, de años de indiferencia y de años de excusas absurdas.

Mientras tanto, los vecinos observamos cómo la fuente permanece inmóvil, convertida en una especie de monumento al abandono municipal, y aquí es donde ya no caben las evasivas; La responsabilidad tiene nombres y apellidos institucionales y en este caso se llama: “Ayuntamiento de Telde”.

No sirve mirar hacia atrás culpando a unos gobiernos u otros. Han pasado demasiadas corporaciones municipales por las Casas Consistoriales, para que nadie pueda declararse inocente. Unos por acción y otros por omisión, han permitido que una infraestructura pública, visible y emblemática, llegue al lamentable estado vergonzoso en que se encuentra actualmente, ganándose el sobre nombre de: “Fuente del olvido y la vergüenza”

Resulta curioso comprobar cómo para determinadas campañas publicitarias, eventos o actos protocolarios, siempre aparecen recursos económicos, pero cuando se trata de mantener aquello que forma parte de nuestro rico patrimonio histórico, por cierto, propiedad los ciudadanos, surgen dificultades administrativas, problemas presupuestarios o interminables trámites burocráticos, como cuando por escrito y registro, le presenté al sr. Alcalde la petición formal para que fuera retirado ese busto del “Che” del Parque de San Juan , por considerarlo un insulto a la Ciudad de Telde y  éste me contestó:  “para hacerlo tengo que llevarlo a pleno, previo informe del Cronista Oficial”. Por lo visto, al citado informe preceptivo, le ha ocurrido como a la “Fuente de La Daora”, que le atacó “el virus del olvido municipal”, por llamarlo de una forma fina, porque lo correcto, en castellano, sería llamarlo, “decidía y falta de interés político”, poque hasta el momento de escribir este artículo, y ya se cumple tres años, el Sr. Cronista de la Ciudad, Don Antonio María González Padrón, y eso es algo que me consta, “no ha recibido tal encargo”; que, y para no quedarme corto, creo que el citado Cronista, que siempre ha demostrado que es el primer  defensor del patrimonio de su ciudad, debería actuar ya “de oficio” y manifestarse de forma clara y oficial al respecto.

 “Lo mismo que Fuente de La Daora no necesita discursos, sino agua. No necesita inauguraciones, sino mantenimiento. No necesita fotografías institucionales; la retirada del busto del “asesino y homófobo”, extranjero Ernesto Guevara, necesita que se actúe con urgencia y acabar con semejante atropello institucional, para vergüenza de un Ayuntamiento que se dice democrático.

Y ya que hablo de aguas y de Telde, les invito a que lean mi próximo artículo sobre otros tristes abandonos históricos, que se da en la ciudad de Telde, y es el referido a Los Picachos” y la Cantonera, cobijo de gatos y a Dios gracias, para que mantengan a raya a los roedores, ante el olvido de las obligadas campañas de desratización por parte del Ayuntamiento. Me refiero a la    Cantonera sita en la curva y, justo   al final de la calle Pablo Neruda, donde comienza la carretera hacia el Callejón del Castillo y que termina en Melenara, que   también esperan de una urgente actuación, para llevar a cabo, aquella maravilla de idea, que propuso en su día y de forma gratuita (ese fue su error) el desaparecido gran artista teldense Luis Arencibia Betancor, hijo del también artista teldense José Arencibia Gil.

Porque cuando una administración es incapaz de conservar una Fuente o parte de su patrimonio histórico, durante años; así como la dignidad de todo un pueblo, manteniendo, por y como empleo de la nada, la estatua de un sanguinario dictador en el mejor parque de su ciudad, lo que transmite al ciudadano, es un mensaje muy preocupante: “si no se cuidan los pequeños /grandes detalles, difícilmente se cuidarán los importante.

Como teldense, confieso mi indignación “de mosca cojonera”. No es porque una fuente esté averiada o que un busto inapropiado siga expuesto al público.  Porque   las averías ocurren, pero lo que resulta intolerable, es la normalización del abandono “sine die” de las cosas. Lo que molesta es que la decadencia acabe formando parte del paisaje, hasta el punto de que ya nadie se sorprenda.

Y precisamente por eso “la Fuente de La Daora” debería volver a funcionar. No por una cuestión estética. No por capricho. Ni siquiera por nostalgia.

Debe volver a funcionar porque representa algo mucho más profundo: “la obligación moral que tiene cualquier Ayuntamiento de cuidar aquello que pertenece a todos”

Los viejos marinos sabemos que cuando un barco empieza a deteriorarse, los primeros síntomas suelen ser pequeños. Una bombilla fundida., una barandilla oxidada, una fuga insignificante, etc.  pero si nadie actúa, el deterioro termina extendiéndose por toda la nave.

Las ciudades funcionan exactamente iguales, “La Fuente de La Daora” lleva demasiado tiempo advirtiéndonos de que algo no marcha bien. O como diría un mauro como yo, que, además, según una Sra. concejal del propio Ayuntamiento soy, no soy más que, “una mosca cojonera”, y todo porque, a diferencia de ella, yo sí que puedo hablar y escribir con “la libertad de los condenados” y continuaré sin someterme a los dictados de ningún partido político; sea del signo que sean, estén gobernando o  en la oposición  Por lo que me ratifico y afirmo que: “el silencio administrativo es mala trinchera para ocultarse”, y menos ahora con las elecciones municipales  que están  a la vuelta de la esquina como quien dice. Qué luego les tocará ir a lamentarse y llorar al Barranco del Caracol; que, por cierto, no le vendría nada mal una limpieza también, porque el abandono actual es evidente, y cuando se prolonga durante años, deja de ser: “un accidente para convertirse en una falta de decisión política y Telde y los teldenses (incluso las moscas cojoneras), nos merecemos algo mejor”

Así que, Sr. alcalde y resto de la corporación municipal, como diría un mauro de Telde como yo y para no perder la costumbre de expresarme a lo canario…” “Amarren bien las cabras, que tengo al macho suelto y no pienso “apañarlo” hasta que acaben las elecciones municipales del próximo año. Aunque, a decir verdad, eso es algo que ni me altera, ni modifica.  Como si el animalito las deja a todas preñadas fuera de temporada. Pues en el peor de los casos, no van a quedar desatendidas, ni pasar hambre por falta de hierba, porque seguro que “otros” ya están preparando el acopio de paja y millo suficiente, para cuando les llegue su hora y tengan algo para llevarse a la boca las pobrecitas”, que oiga … ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!

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